Álbum

Syd

BeardFree Lunch-Warner, 2026

A sus 34 años y tras casi dos décadas de actividad, Sydney Bennett ha tenido tiempo de integrarse en Odd Future –OFWGKTA–, colectivo rap de Los Ángeles donde desde 2007 fue la única mujer de un grupo cuyo paso por el Primavera Sound de 2011 dejó huella –a bordo se encontraban Tyler, The Creator, Earl Sweatshirt o Travis Bennett, el hermano de Syd–. De participar en The Internet, banda de indie soul de la que todavía forma parte junto a su amigo Matt Martians o Steve Lacy. De aportar sus probadas habilidades como escritora, vocalista, productora y hasta mezcladora –Odd Future operaban en el estudio que los privilegiados hermanos Bennett tenían en casa de sus padres– a una lista de artistas de postín: Beyoncé, Dirty Projectors, Disclosure, Everything Is Recorded, Kehlani, Kilo Kish o Zayn. De telonear a Billie Eilish en su tour de 2025. Y de publicar dos discos, “Fin” (2017) y “Broken Hearts Club” (2022), además de “Beard” (pensamos que el mejor y más personal).

Menuda, cabeza rapada, lesbiana con vello de melocotón en el labio superior de su boca, que, según confiesa, motiva el título del álbum, bosquejando así una suerte de autoretrato sentimental, entre la broma íntima –ya no– y el desafío –sin duda delicado, pues lo que se enhebra en esa garganta es seda importada de Oriente–. Syd hace un R&B electrónico cálido, elegante, cadencioso, rítmicamente complejo y de producción cuidada –se ocupaba del sonido en Odd Future–, papel que ha asumido enteramente esta vez sin prescindir de la colaboración de nombres de peso como el legendario Raphael Saadiq y otros –Rodney Jerkins, Anoop D’Souza, Ben Wood– sin que lógicamente se note demasiado en el resultado final del tercer álbum en solitario de la californiana.

En “Beard” pueden encontrarse producciones de estilo bossa-jazz como “My Love” –con unos arreglos de Wurlitzer que quitan el hipo, todo supuestamente grabado en una sola toma–, la folktrónica impresionista de “Walls”, el soul romántico pero experimental de “Jasmin 17” o de la hermosa “Bad Guys” –que recuerda un poco a Everything But The Girl–, junto a otros números que cuentan con la participación glamurosa de Jordan Ward –la jazzística “Always Be Mine”–, Blu June (de Nova Wav) –la erótica, muy Marvin Gaye, “Callin”: “Llamo al 911 porque necesito tu amor; 911 es el 091 en EE.UU. y Canadá–, Cube –“Closet”–, el rapero Big Sean –“GMFU”– y James Fauntleroy –la síntesis de “Any Time”–.

En la última canción del disco, la envolvente y minimalista “2 Many Days”, Syd habla del éxito personal y material que siente estar viviendo con su música. El neosoul de “Beard”, pudiendo serlo con su experiencia, no es un ejercicio más de exhibicionismo –técnico, vocal, autoral–, sino la cristalización de un talento todavía joven que sabe perfectamente lo que hace. Todo el álbum gira alrededor de las relaciones amorosas, de un análisis introspectivo que parte de esquemas tradicionales, incluyendo el jazz, con los que Syd teje una senda propia y exigente, sensual y exploratoria, de altos estándares bien plantados en el siglo XXI pero sin aspavientos hipermodernos. Solo hay que escuchar hasta el final “Bad Guys” para percibir que lo que atesora “Beard” es un futuro deslumbrante. ∎

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