Álbum

Tems

Born In The WildSince 93’-RCA-Sony, 2024

Hay algo de destino manifiesto en el ascenso de Tems a los estratos más altos del mainstream negro global: su nombre de pila, Temilade, quiere decir “la corona es mía” en yoruba. Y lo cierto es que, de reina, ella tiene bastante: una mirada profunda, inesquivable; la postura recta, imperturbable, como de efigie milenaria, y una presencia misteriosa. Pero es sobre todo esa voz de mezzosoprano, tensada en un vibrato alto, profundo, algo lánguido, la que le da esa apariencia majestuosa y distante. Ese registro bajo, casi andrógino, por el que se burlaban de ella en el colegio cuando era niña y que ahora le da una cualidad cálida y terrosa a todo lo que canta, la ha llevado a ser reclamada por Drake, Future y Beyoncé y a coescribir para Rihanna el tema central de la banda sonora de “Black Panther. Wakanda Forever” (Ryan Coogler, 2022), donde también rindió una versión conmovedora del “No Woman, No Cry” de Bob Marley.

Con semejantes credenciales y ese nivel de exposición antes de tan siquiera haber publicado su primer álbum, Tems afronta “Born In The Wild” como la oportunidad de desplegar todo el rango y los matices de su voz y su estilo, que funde el canon clásico del R&B (de niña, escuchaba una y otra vez la misma copia pirata con temas de Destiny’s Child) con la ampulosidad de una diva pop (Whitney Houston y Céline Dion también la obsesionaron cuando era pequeña) y la herencia afropop. Tanto esas referencias, más cercanas al R&B y al pop al otro lado del Atlántico, como su estilo, de mecha lenta y tempos más reposados, y sus letras, más descarnadas e intimistas que preocupadas por la fiesta y el sexo casual, hicieron más difíciles sus comienzos hace unos años en Nigeria, donde el afrobeats ya se había impuesto como sonido hegemónico.

Tems tuvo que nadar contracorriente en una escena dominada por hombres, ritmos desenfrenados y una energía exaltada, en una frecuencia de onda completamente distinta a la suya. Sin embargo, su voz (tan especial) y su forma de componer (que da relieve a las emociones desde la honestidad y la vulnerabilidad) se impusieron. De hecho, fue un tema junto a uno de los puntales del afrobeats, Wizkid, el que le dio la llave a un público masivo, tanto dentro como fuera de Nigeria. Ya desde las cuatro palabras que conforman su título, “Born In The Wild” alude a todo aquello: es el diario de una diva en construcción (ella no duda en enseñar los entresijos, incluyendo notas de voz de su madre y de sus mánagers con palabras de motivación en momentos de duda y zozobra); de una estrella que siempre ha sabido que lo es, incluso cuando nadie a su alrededor podía verlo, pero que por fin tiene la oportunidad de realizarse en todo su potencial, de relucir en todo su esplendor.

“Born In The Wild” también es el testimonio de una chica introvertida, retraída, que a pesar de haber crecido en el seno de una familia acomodada de Nigeria y de haber pasado parte de su infancia en Inglaterra, nació a la luz de las velas en mitad de uno de los apagones eléctricos que asolan Lagos cada día. En temas como “Hold On” también se intuye el recuerdo de la adolescente que afrontó un mundo hostil, llena de inseguridades y flaquezas, pero que supo encontrar su fuerza interior y agarrarse a ella. Parte de esa fortaleza está en su amor por la música, como deja entrever en “Ready”, una de las tomas vocales más fabulosas de todo el álbum, donde se abre sobre sentirse cada vez más libre en su proceso creativo, basado en la improvisación de melodías de voz. Tems también halla ese poder en la fe, como canta en “Me & U”, otro de los momentos álgidos del disco. Llevado por el trote de un ritmo incandescente y guitarras que se entrelazan, es un tema formidable donde la idea del amor romántico se desdibuja a cada verso en una letra en la que en realidad está hablando de Dios.

Tomando las coordenadas sonoras que ya fijó en sus dos primeros EPs, “For Broken Ears” (2020) y “If Orange Was A Place” (2021), encontrando el mismo equilibrio entre el R&B caoba de hechuras clásicas y los ritmos africanos, Tems ahonda en los colores de su voz en “Born In The Wild” con una secuencia larga, impoluta y elegante, que en ningún momento rompe el clima. Es cierto que la producción no es arriesgada, manteniéndose siempre entre los carriles de lo convencional, a pesar de saltar entre distintos compases y géneros. Pero es que la voz de Tems no necesita camuflarse entre efectos y virguerías digitales. Es más, agradece tanto espacio como pueda tomar.

De hecho, ella brilla de manera especial cuando los ritmos se apagan por completo, dejando la voz sostenida únicamente sobre una guitarra, como en el corte que da título al álbum o “Boy O Boy” (donde la sombra de Sade, que se intuye en muchas otras esquinas del disco, se revela de manera más clara, sin llegar a restarle personalidad) o cuando la instrumentación suena más serena, con la luz baja, como en “Turn Me Up” o “You In My Face”.

Tems también saca todo el provecho a la música cuando el tempo se dispara, virando hacia el amapiano (“Get It Right”, con Asake), el dancehall (“Gangsta”), el hip hop (“T-Unit”) o reverenciando himnos africanos de hace décadas como “Love Me Jeje” de Seyo Sodimu o “1er Gaou” de la banda marfileña Magic System (que samplea recurrentemente en “Wickedest”).

Su voz es como un río de tergal y rayón que baja entre los graves, los ritmos y las guitarras. Ella la emplea en melodías, armonías y letras tan sólidas que la producción y el diseño sonoro quedan en un segundo plano. Quizá por eso “Born In The Wild” tiene hechuras de clásico y la vocación de perdurar en el tiempo. Estos temas podrían ser también estándares de jazz más sosegados, escorarse hacia un pop más utilitario o incluso el afrobeats más furioso. Daría igual, porque Tems tiene la clase, el talento y la voz suficientes como para hacer que funcionen de cualquier forma. ∎

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