Álbum

The Rolling Stones

Foreign TonguesPolydor-Universal, 2026

¿Es posible preservar el mojo tras 25 álbumes y más de seis décadas de carrera? ¿Hay forma de seguir exudando groove cuando la edad de jubilación ya solamente se explica atendiendo a la biología y no al carnet de identidad? ¿Irradia credibilidad el desparrame de roll desde el momento en que has superado los ochenta tacos? Cualquiera de esas cuestiones bien merece respuesta afirmativa –sin necesidad de adenda sustancial en su tradicional argumentario– ante las catorce canciones de “Foreign Tongues”, seguramente el trabajo más solvente, vigorizante, versátil y panorámico de The Rolling Stones de entre los cuatro que han publicado durante lo que llevamos de siglo: establecer comparaciones con su producción del siglo pasado solo conduciría a una estéril melancolía. Es el segundo consecutivo que les produce Andrew Watt. También es el primero sin Charlie Watts a la batería, fallecido hace casi cinco años.

Son precisamente sus baquetas las que comparecen, puntual y por única vez, en el momento más abiertamente rock de esta hora y dos minutos, un corte registrado antes de su muerte: “Hit Me In The Head” es una restallante andanada que remite a la versión más agreste del ahora cuarteto, aquí ampliando su nómina a un elenco de colaboradores cuyo relumbrón no siempre se corresponde con una aportación sensible: ni la guitarra de Robert Smith en la adhesiva “Divine Intervention” (primer tramo en la onda de la época “Some Girls” hasta que llega un estribillo mainstream que no queda lejos de John Mellencamp o Bryan Adams) ni el cencerro de Bruno Mars en la ligeramente disco “Never Wanna Lose You” (el bajo de Darryl Jones no engaña) ni la batería de Chad Smith en “Beautiful Delilah” (cruda versión de Chuck Berry) ni tampoco el bajo de Paul McCartney en la exultante “Covered in You” (para mí, la gran tapada del disco: casi nadie la resalta) revelan con claridad las marcas de sus respectivas casas. Añaden fulgor a los créditos, pero poco más.

Fijaos bien en que hemos insinuado tres afluentes estilísticos en menos de un párrafo: rock, música disco y rhythm’n’blues. Todos remiten al tradicional imaginario sonoro de la banda. Y todos se ven ampliados en muchos de los restantes cortes, porque esa lograda naturaleza poliédrica es uno de sus grandes activos: si esto fuera un último y definitivo disco (no lo parece porque ya anuncian continuación), sería una dignísima síntesis de lo que han sido los Rolling Stones a lo largo de toda una vida. Ahí está el genuino country de “Ringing Hollow”, la sensual inclinación funk de “Jealous Lover”, la clásica y canónica balada que canta Keith Richards en “Some Of Us” o el barniz de un soul que se atisba en “Mr. Charm” (esos coros rebosantes de alma que remiten a su producción de los últimos sesenta y primeros setenta) y se hace directamente carne en la (prescindible) versión de “You Know I’m No Good” (Amy Winehouse). Registros que revelan amplitud de miras, cierta voracidad y alergia a la foto fija. Aunque no todo sea magro en este disco. También hay algo de grasa.

En cualquier caso, el diablo está en los detalles. Y nunca mejor dicho. El potente riff blues de “Rough And Twisted”, con mención velada a Muddy Waters (aluden a las “aguas pantanosas”), recupera felizmente su versión más espinada: por algo la acreditaron a nombre de The Cockroaches, el que utilizaban en sus bolos en pequeños garitos durante los años setenta. Al igual que el que abre una “In The Stars” que se realza con el órgano de Benmont Tench, prominente en otros cuatro pasajes, repartiéndose protagonismo con los teclados del gran Stevie Winwood en otros seis. Mick Jagger exhibe un rango vocal esplendorosamente versátil a sus 82 años, adaptándose a los requerimientos estilísticos de cada composición, luciéndose también cada vez que empuña la armónica, y todas las piezas del engranaje stoniano engarzan sin mostrar óxido. Transpiran una eléctrica vivacidad. Sin señales de senilidad o decrepitud. Solo falta saber si habrá nueva gira. La haya o no, esta es ya una solvente forma de honrar su propio legado. ∎

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