Si prescindimos del olvidable e inoportuno live “Home & Abroad” (1986) y del minirrecopilatorio “Introducing…” (1983), este es el tercer elepé oficial de The Style Council, tercera embestida de Paul Weller y Mick Talbot en su afán por expoliar/homenajear todo lo expoliable/homenajeable de las inagotables ubres de la música negra, todo puesto al servicio de bienintencionadas causas político-sociales de una manera tan obvia y machacona que no es de extrañar que levante recelosas sospechas entre los sectores poco dados a casar socialismo y pop. Pero el grado de calidad de los propósitos es algo dificil de calibrar y, mientras no se demuestre lo contrario, todo el mundo es bueno.
“The Cost Of Loving” (1987) lo componen nueve canciones, si bien los créditos se empeñan, tanto exterior como interiormente, en demostrar que tan solo son ocho. ¿Es “A Woman’s Song”, la indocumentada, un hermoso solo de Dee C. Lee y uno de los mejores temas del disco, un añadido de última hora en un intento por equilibrar el resultado final de elepé? Es muy posible, ya que el disco está falto de momentos excelsos y navega por aguas poco turbulentas con un acomodo que más que placidez produce mosqueo.
Paul Weller, buen estilista, deja constancia de que su pasión por el soul no se limita a los gloriosos y pasados tiempos, y, que puestos a reconvertirse, él es el primero que está dispuesto hacerlo. Y por los surcos de “TCOL” gotean esencias del último y más sofisticado soul, comenzando por “I Didn’t Matter”, un claro guiño a Larry Blackmon y sus Cameo o a los cotizados Jam & Lewis, siguiendo por “Right To Go”, contundente electro-rap en colaboración con las lenguas rápidas de The Dynamic Three –elaborado con el propósito de incitar a la juventud británica a votar en las próximas elecciones–, y terminando por “Angel”, el primer tema ajeno que TSC incluyen en un LP y que ha sido seleccionado del primer 33 de… Anita Baker. ¡Pillo!
Demostrados sus conocimientos de black music actual, Weller los enlaza con la historia y se agencia para las mezclas a ilustres como The Valentine Brothers o Curtis Mayfield, detalle que se le agradece pero que no ayuda a salvar del naufragio un disco que, aun escuchándose con (bastante) agrado, es una clara y precisa señal de alarma: la fórmula presenta ciertos síntomas de agotamiento. Y a estas alturas de su carrera, el mal no radica tan solo en el concepto, sino que, por mucho que uno se esfuerce, la inspiración, que no es chicle, a veces no da para más. Tiempos difíciles para el Estilo. ∎