El grupo más legendario y emblemático de la música tuareg vuelve con su décimo álbum, “Hoggar”, título que hace referencia a una cadena de montañas situada en el oeste del Sáhara, al sur de Argelia, en la provincia de Tamanrasset. Llamado en árabe el macizo de Ahaggar y en tamasheq Idurar Uhaggar, es un parque nacional culminado por el imponente monte Tahat, que preside el fondo de la portada. Toda una declaración de principios de una mítica banda que empezó en 1979 tocando en las bodas locales y alcanzó la fama y la gloria internacional al ganar un Grammy en 2012 por su álbum “Tassili” (2011) y al ser nominados de nuevo por sus trabajos “Elwan” (2017) y “Amadjar” (2019). En sus discos han colaborado una larga lista de músicos: Nels Cline, Noura Mint Seymali, Daniel Lanois, Warren Ellis, Cass McCombs, Kurt Vile, Marc Lanegan, Saul Williams, Tunde Adebimpe, Dirty Dozen Brass Band o Justin Adams, todos seducidos por su autenticidad.
Tinariwen es un colectivo fluctuante de músicos que desde sus inicios lidera Ibrahim Ag Alhabib, voz y guitarra principal, aunque este por motivos familiares y de seguridad no participa en todas las giras internacionales del grupo. En esta ocasión los miembros veteranos, algunos ya rondan los 70 años, comparten espacio con las nuevas generaciones, entre ellos Iyad Moussa Ben Abderahmane, alias Sadam, líder del grupo Imarhan, que toca guitarra, canta y se encarga de la producción técnica. El álbum ha sido grabado en su estudio Aboogie de Tamanrasset, con la ayuda del ingeniero Patrick Votan.
Entre los invitados destaca José González, alguien muy adecuado, ya que la influencia de la música tuareg es muy evidente en alguna de sus canciones. La participación en el single “Imidiwan Takyadam”, cantando en castellano, aporta calidez a las melopeas comunitarias arquetípicas: “Amigos, levanten la mirada / cuáles son nuestras cadenas / preguntando quiénes somos / navegando bajo el mismo sol”. La letra, una plegaria por los refugiados “dispersos por tantas tierras lejanas”, también habla de las madres y las hijas en una reivindicación femenina que es constante en el disco, como se percibe en el vídeo animado de la rockera “Erghad Afewo” –donde cantan: “El desierto está en llamas / solo el enemigo está allí ahora”–, que muestra el amor incondicional de una joven pareja imponiéndose a las dificultades gracias a la ayuda de la música, o en las colaboraciones del disco: empezando por Sulaf, nombre artístico de la cantautora y oudista sudanesa Sulafa Elyas, que ejerce de telonera en su actual gira, coprotagonista en un “Sagherat Assani” a la que insufla melismas jondos; o de las voces tuareg de Wonou Wallet Sidati (Tamikrest) y Nounou Kaola, determinantes en la emotiva cadencia de “Tad Adounya”, una balada llena de compasión.
Según afirma Abdallah Ag Alhousseyni, guitarra acústica, voz y colíder de la banda, el grupo está actualmente afincado en Argelia, porque tuvieron que abandonar sus casas en el norte de Mali en 2024 debido a la represión de los militares malienses y de los mercenarios rusos del grupo Wagner, responsables de atrocidades como la quema de poblados, la matanza de animales y la violación de mujeres, algo que denuncian a través de su música. Así, en la aparente calma que desprenden las deslizantes guitarras y las percusiones rotundas de “Aba Malik”, la doliente voz de Abdallah Ag Alhousseyni aprovecha para maldecir a Wagner y a su madre. Lo único que piden es poder vivir tranquilos en Azawad, el territorio de los antaño nómadas del desierto de Sáhara que se extiende por Argelia, Mali y Níger.
Desde Argelia, el único lugar seguro que ahora tienen, siguen ahondando en el estilo que los ha hecho célebres, las guitarras eléctricas que dan razón de ser al blues del desierto y los cantos comunales de llamada y respuesta. Y lo que en otros podría suponer un estancamiento creativo, en ellos es un signo de identidad que no solo refuerza su mensaje, sino que les sirve para seguir siendo fundamentales en un sonido que ha hecho historia. Otro invitado que les ayuda a conformarlo es el nigerino Anana Harouna, líder del incisivo grupo blues-rock tuareg Kel Assouf, que aparece incrustado en los coros de “Asstaghfero Allah”, un título que significa “Pueblo de Mahoma, temed a Dios” y cuya atmósfera reproduce las veladas nocturnas bajo las tiendas compartiendo música y té a la menta.
Entre lo más blues del lote figura “N’ak Tenere Iyat”, una canción que refleja la nostalgia y el assouf (la soledad), vista no como algo negativo sino como un estado de introspección y libertad. Teneré, además de ser el nombre de un desierto de Níger, significa en tamasheq “tierra vacía” y es la raíz del nombre de la banda, ya que Tinariwen es su plural, los desiertos. En un extremo opuesto, la rítmica y hasta funk “Amidinin Wadar Nohar” mezcla su amor por el Sáhara con las dificultades de la supervivencia en el desierto. No dudan en reconocer que lo tienen mucho más fácil quienes pueden cambiar el camello por un Toyota Land Cruiser en un “Khay Erilan” que les conecta directamente con el blues rural del Mississippi.
A pesar de todas las calamidades, el orgullo de pertenencia domina en la inicial “Amidinim Ehaf Solan”, con su sonido marca de la casa de flotantes guitarras, voces de llamada y respuesta, palmas y darbukas, en la que cantan, traducido del tamasheq, “aún tenemos un país, sediento y dolido, pero volverá a reverdecer y echará nuevas ramas”. Y no solo eso, también tienen solidaridad con otros oprimidos, tal como demostró su participación en el emocionante ACT X PALESTINE celebrado en enero en Barcelona. ∎