Álbum

Topdown Dialectic

False LP AFalse Aralia, 2026

Decir que Brian Foote es el responsable de horadar la tierra estadounidense en busca de las frecuencias más subterráneas a lo mejor es hasta quedarse corto. Además de su trabajo en Kranky, el sello que contribuyó a fundar en 2012 se llama precisamente –y no por casualidad– Peak Oil, y en él ha publicado a alguno de los artistas más imprescindibles para entender las nuevas vías del ambient dub techno: Purelink, Low End Activist, Paperclip Minimiser, Hoavi… o el que nos ocupa, Topdown Dialectic. Los primeros lanzamientos del misterioso productor en Peak Oil, después de varias referencias de culto surgidas desde el epicentro del colectivo Aught (donde también circulaban Xth Réflexion o De Leon), revolucionaron de alguna manera el sello desde dentro: el proyecto era una incógnita, todos los cortes tenían la misma duración de cinco minutos y el sonido exploraba siempre los espacios liminales del ambient dub en su versión más minimalista, tecnológica y oscura, más en la línea Torsten Pröfrock de Chain Reaction. ¿Estaba, quizá, anticipando un movimiento tectónico destinado a producirse en el futuro?

Pensándolo en retrospectiva, entre el debut homónimo de Topdown Dialectic en Peak Oil en 2018 y la reedición en 2022 de su primera referencia, también homónima, publicada originalmente en 2013 solo en casete, fue formalizándose toda la estructura que hoy compone lo que podríamos entender como el dub techno más radical, de raíz: The Bug fundó Pressure en Berlín, Perko fundó FELT en Copenhague, Peak Oil asentó su personalidad con algunos de sus lanzamientos más importantes… Y no sería hasta 2025 cuando Matthew Kent fundaría en Sheffield Short Span. Ahora que sabemos que detrás de Topdown Dialectic está el productor, artista sonoro y fotógrafo Izaak Schlossman, su influencia en este sentido se hace aún más significativa.

A finales de 2024, Brian Foote presentó un nuevo subsello, dependiente de Peak Oil, organizado precisamente en torno a las prácticas de estudio de Izaak. “Una serie de grabaciones que crecen en todas direcciones, catalogando el trabajo de un grupo de colaboradores norteamericanos… y con la intención de proponer herramientas útiles para bailar y avenidas para la escucha internacional”. Durante estos años, Izaak se ha desenvuelto en False Aralia –que así se llama esta aventura– con distintos alias como Selfsame, Iri.gram, Externalism y Zero Key, alcanzando con cada uno de ellos una esquina diferente de esta gran backroom que es el ambient dub, y ha bordeado también la IDM con los proyectos Vehicular (con De Leon) y Borgesian Tern (donde Harriet Brown y DJML se suman a su unión con Anya, Loveshadow). Ahora se revela también como Topdown Dialectic en el que es, después de más de una década, su trabajo más definitivo. Un “debut” que es a la vez clímax de toda una trayectoria, y que servirá en el futuro para definir esta nueva generación de subgraves ctónicos, arquitecturas fantasma y tectónicas sonoras.

“False LP A” es, esencialmente, una hora y veinte de exactamente eso. De música que es tan física que es capaz de construir estructuras en torno a ti, pero que se desvanecen en cuanto te acercas o en cuanto el monitor deja de soplar. Por eso, otros proyectos vinculados al estilo optan por nombres tan gráficos como Ghost Dubs, o llaman a sus discos “Architectonics” (Hoavi, 2026) o “Give U Space” (K Wata, 2026). El pulso dub, aquí, apenas es reconocible en las estructuras, y las sostiene más con el eco fantasmal de su vibración, cuando ya no está, como deja ver a la perfección “03”: “False LP A” se construye en el limbo del espacio-tiempo en el que la música es pero ya no; como intentar atrapar humo entre los dedos. En su impactante final, la respiración del soundsystem en frecuencias completamente infernales parece mecer unas campanas y su siniestro tintineo.

Lo más interesante en este sentido es que los temas nunca están limitados por su apariencia o por su espacialidad, aunque siempre lo estén por la barrera temporal de los cinco minutos que se autoimpone el productor. Van desarrollándose un poco como lo hace una partida de “Arkanoid”, por el rebote de los elementos, lo que aporta un divertido elemento de randomización: sí, la partida puede tener una duración determinada, a lo modo supervivencia, sálvese quien pueda, y el final puede ser anticlimático –o directamente un fade out–, pero mientras dura nunca sabes lo que te vas a encontrar. Por eso es prácticamente imposible acertar a discernir algo entre la inmensa maraña de detalles que despliega el disco, un laberinto de subgraves atómicos, glitches y latigazos digitales, ritmos insinuados, voces de ultratumba (siniestras y apenas abstraídas en temas como “02”, “08” o “14”, atrapadas intramuros) y alucinaciones sintéticas que reaccionan, que se moldean entre sí. En “05”, la espiral dub se confunde con los ritmos marciales de una fotocopiadora hackeada, y la colisión termina en una alucinación fractal new age, como si Oneohtrix Point Never fuera el responsable del crasheo del sistema. En “09” asoma un sintetizador y el ritmo parece querer acompañarlo, pero al final solo pueden repelerse, y el tema se va cansando entre susurros convertidos en haces digitales.

Es una característica de esta nueva generación de arquitectos liminales del dub la decadencia, esa idea de dejar que sus ambientes, aunque por un momento muy concretos, muy hormigonados, se disuelvan como bruma. En el caso de Schlossman ese declive tiene más que ver con el detritus digital: como si los espacios, más que reales, arquitectónicos como en otros de sus coetáneos, estuvieran renderizados y el programa empezara a fallar irremediablemente. Aunque haya algo orgánico en las profundidades más dub de “07” o de “12”, por ejemplo, cualquier naturaleza invocada en este trabajo parece completamente digitalizada, cibernética; una simulación de lo que es en realidad. Los glitches acuchillan como cadenas de hierro el suelo de la techno-mazmorra de “11”; en “13” –alto nivel de IDM dubificada; casi Monolake o T++ a los mandos– uno se siente como un cocodrilo aumentado en un viaje onírico de ambient dub por las corrientes acuáticas de la fibra óptica. En “10” (la absoluta joya aquí, pináculo del dub techno contemporáneo), el último megabyte en pie se pega la fiesta de su vida mientras las pelotas no paran de rebotar en plan bullet hell y el nivel va colapsando a su alrededor.

“False LP A” es el primer disco de False Aralia que incluye el color en su portada, y me atrevería a decir que el primero también en toda la trayectoria de Izaak Schlossman. En el blanco y negro de un dub techno harkonniano, solemne y arquitectónico, Topdown Dialectic inyecta el glitch de la especia y desata una explosión psicodélica en el cielo. Después de todo, quizá no se puede flipar si no es en colores. ∎

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