En la página 197 del libro “Fortuna” de Hernán Díaz se lee lo siguiente: “Toda vida se organiza en torno a un pequeño número de acontecimientos que nos impulsan o nos frenan en seco. Pasamos los años que median entre esos episodios beneficiándonos de sus consecuencias o padeciéndolas, hasta que llega el siguiente momento decisivo. El valor de un hombre lo establece el número de esas circunstancias definitorias que es capaz de crear para sí mismo. No siempre necesita tener éxito, porque puede haber gran honor en la derrota. Pero ha de ser el actor principal de las escenas definitorias de su existencia, así de las épicas como de las trágicas”.
El estadounidense Tyler Childers, uno de los iconos del country de la última docena de años (su primer álbum, “Bottles And Bibles”, data de 2011; desde entonces, cinco más hasta este “Rustin’ In The Rain”, el sexto, publicado en septiembre), un tipo muy cualificado en el oficio de hacer retratos detallistas de la vida rural contemporánea de su país, ha firmado este año uno de esos acontecimientos a los que alude el párrafo anterior. Se trata del videoclip de un tema de su último disco, “In Your Love”, que se estrenó el 27 de julio y en su versión oficial va camino de los ocho millones de visualizaciones en YouTube. Merece más. Su letra trata sobre lo que se necesita para amar a alguien y puede aplicarse a cualquier contexto, pero Childers ha querido fijarla en un ficticio pueblo minero de mediados del siglo pasado, girando alrededor de dos mineros homosexuales. Un gesto valiente, una de esas escenas definitorias, y más teniendo en cuenta el género musical donde se mueve.
En este “Rustin’ In The Rain” Tyler muestra la gravilla suficiente en su voz para transmitir alma y afecto sinceros, y también una especie de angustia, así como lánguida, al estilo de Webb Pierce, con las que, evitando las rutas más seguras, sigue vinculando la tradición con el presente, eso que tan bien hace: por ejemplo, su cuarto disco, “Long Violent Story”, de 2020, es una larga protesta contra el racismo y la brutalidad policial con ocho fiddle songs instrumentales que remata un noveno tema, el que le da título, el único donde canta, con el que se supo agarrar al carpe diem y llegar al tuétano del movimiento Black Lives Matter: “Es lo peor que ha pasado desde la última vez que pasó. Está sucediendo de nuevo justo frente a nuestros ojos. Hay imágenes actualizadas, especulaciones salvajes, cuentos fantásticos, rumores y mentiras absolutas”, decía en la primera estrofa de esa composición. Por ese mismo camino sigue en el disco que nos ocupa, apostando ahora por letras que reivindican una fe inclusiva y que desdibujan los límites que nos dividen. Recordándonos que el brazo egoísta siempre es corto. Tyler envía así al country otra carta de amor profunda, con instinto y método, no una parodia (no lo son las sentidas versiones que incluye de “Help Me Make Through The Night” de Kris Kristofferson y “Space And Time” de S.G Goodman). Uno de esos pequeños acontecimientos que impulsan. ∎