En la escena local de la deprimida ciudad de Detroit y alrededores, hace tiempo que saltan chispas y mala uva desde los amplificadores de las bandas de guitarras. Unas, como Protomartyr, en forma de un rock tenso y afilado, y otras, como sus veteranos colegas de gira Tyvek –grupo de culto por aquellos lares–, con cierto desquiciamiento entrópico en el magma garagero.
El único miembro fijo de la banda es el cantante Kevin Boyer, aunque repite con él desde hace unos años el batería y productor Fred Thomas, veterano de la escena de Michigan que ha tocado con His Name Is Alive, entre otros.
El punk rock lo-fi acelerado de los primeros segundos de “Return To Format” puede dar una idea no definitoria de su sonido, pero un tartamudeo rítmico repetitivo que aparecerá en más temas como una firma sonora del grupo aporta angulosidad y complejidad a la fórmula, un poco como si Parquet Courts grabaran en cuatro pistas.
“What Were We Thinking” entra a degüello con una gran melodía que se ve interrumpida por esos tics angulares como baches en la carretera, para retomar el hilo tras el trastabilleo. La voz nasal de Boyer, que parece cantar pegado al micrófono, imprime carácter al conjunto con un tono entre el enfado y la comicidad de un contador de historias del vecindario. Si cierto sentido de la estructura esquizoide puede traer a colación a Wire y el saxo como quinto elemento aporta un toque no wave a “M-39”, en otras otras canciones –“Trash & Junk” o “Let It Go”– son bandas como Dead Moon, más inmediatas en sus guitarrazos sin florituras y grabación sin depurar, las que ofrecen pedazos de espejo donde se habrían podido mirar.
Hay una constante tensión entre la melodía, la rabia, la estructura y cierta holgura que le da ese toque desvencijado, pero todo va tan rápido –la mayoría de las canciones no pasan de los dos minutos– que llegan al final sin perder un solo tornillo. Pese a esa pátina de rareza y su desarrollada personalidad, los fans del rock garagero un poco más clásico no se sentirán incómodos con temas que van a por todas desde el arranque como “Going Through My Things” o “Rhythm / Pattern”.
Cuando uno piensa que los nervios de la Ciudad del Motor no van a tener freno, llega al final a un área de descanso en la canción homónima, un largo y relajado medio tiempo de spoken word con punteos de guitarra y saxofón de fondo que actúa como cámara de descompresión antes de salir. ∎