Desde el mismo comienzo de su carrera, Xiu Xiu se han caracterizado como un grupo ejemplar en el arte de hacer versiones. Ha sido una práctica habitual en ellos, oscilando entre lo previsible y lo inesperadamente versátil: ya en 2002, en el EP “Chapel Of The Chimes”, incluían una adaptación de “Ceremony” (1981), de Joy Division/New Order, y en su siguiente álbum, “A Promise” (2003), se atrevían con “Fast Car” (1988), de Tracy Chapman. En 2006 publicaron un EP completo de versiones, “Tu mi piaci”, y, posteriormente, grabaron un álbum con temas de Nina Simone (“Nina”, en 2013) y su propia visión de la banda sonora de “Twin Peaks” (1990) en “Plays The Music Of Twin Peaks” (2016).
El decimoquinto álbum del proyecto de Jamie Stewart –actualmente completado por Angela Seo y David Kendrick– se retrotrae a 2020, cuando, coincidiendo con la pandemia, decidieron habilitar un servicio de suscripción en Bandcamp denominado Xiu Mutha Fuckin’ Xiu. En él, iban entregando una versión inédita cada mes. Para la selección de los temas que conforman este disco, Stewart pidió a sus suscriptores que votaran las que más les gustaban de entre todas las que habían publicado.
Y, más allá de la curiosidad, el resultado es bastante sugestivo. Reconoce el músico estadounidense que, a la hora de afrontar la lectura de temas ajenos, nunca busca mejorarlos, sino ver qué es lo que puede aprender de ellos. En ese sentido, consigue crear un equilibrio entre el homenaje sincero y cierto atrevimiento, es reverente e irreverente al mismo tiempo. En cierto modo, lleva las canciones al terreno Xiu Xiu, pero estas conservan siempre un algo de su espíritu distintivo primigenio. Por otro lado, sus acercamientos nunca son acomodaticios, sino que se deslizan por el filo del peligro, de la inestabilidad, del desasosiego. No aspirará a mejorarlas, pero, en la mayor parte de los casos, las hace más inquietantes.
Hay algunos temas que se antojan elecciones lógicas, se adivinan fácilmente como vínculos con grupos con los que ellos crecieron. Es el caso de “Hamburguer Lady” (1978), de Throbbing Gristle –con la voz de Angela Seo–; “SPQR” (1981), de This Heat, y “Triple Sun” (2005), de Coil. Podemos añadir el “Warm Leatherette” (1978), de The Normal, al que revisten de un aura aún más maquinal. “Psycho Killer” (1977), de Talking Heads, aporta una paleta de sonidos diferente sin marcar distancias con la icónica melodía original, mientras que “Sex Dwarf” (1981), de Soft Cell, es desfigurada a base de un recitado sobre un manto de ruido semindustrial.
Y luego están las versiones más sorprendentes, aquellas en las que se muestran más aventurados y experimentales sin perder el respeto a la canción raíz. Un tema tan sobado como “I Put A Spell On You” (1956), de Screamin’ Jay Hawkins, transmuta su vocación vudú en una recreación de free jazz post-punk que podrían haber firmado James Chance & The Contortions. En contraposición, “In Dreams” (1963), de Roy Orbison, se acerca sorprendentemente al original en la interpretación vocal de Stewart, aunque el sonido, con caja de ritmos incluida, es más oscuro y cavernoso, como en un club todavía más sórdido que el de aquella inolvidable escena con Dean Stockwell en “Terciopelo azul” (David Lynch, 1986). También se vacía a la hora de cantar “Some Things Last A Long Time” (1990), de Daniel Johnston, realmente hermosa a la hora de capturar todo su romanticismo torturado.
Finalmente, haría un grupo aparte con tres temas en los que Stewart adapta temas procedentes de voces femeninas. Insólita es su opción de tomar una composición tan reciente como “Lick Or Sum” (2023), de la rapera GloRilla, y reconvertirlo en una canción que parece de synthpop ochentero con voz susurrante. En “Cherry Bomb” (1976) pasa a The Runaways por el filtro de Devo y la vuelve más vacilona y divertida, aportando un rayo de luz inusual en ellos, mientras que “Dancing On My Own” (2010), el mayúsculo hit de Robyn, es ralentizado y ensombrecido hasta convertirse en un tema paradigmático de Xiu Xiu: no es fortuito pensar en lo muchísimo que su líder se tiene que identificar con el contenido de la canción. En una entrevista en ‘Pitchfork’, en 2014, el californiano explicaba que compuso su primera canción después de marcharse solo de una discoteca en una noche de Navidad. “Xiu Xiu surgió de la idea de sentirme estúpido y solo y querer bailar para olvidarlo, pero tener el club y su música solo magnificaron ese sentimiento estúpido y solitario”, declaraba entonces. Eso ayuda a entender mejor la enorme conexión emocional que la versión desprende y a considerarla la mejor de las doce aquí incluidas. ∎