Álbum

Zauria

ZauriaBidehuts, 2023

Un encuentro veraniego con Baxi Ubeda en la Zurriola, en pleno Festival de Jazz donostiarra, me anticipa este proyecto que ahora ve la luz discográfica tras cinco años de trabajo, y que nada tiene que ver con su banda Jupiter Jon, por otro lado uno de los secretos a descubrir con urgencia del rock euskaldún. Baxi, que también tocó en Psych Out –la banda donde empezó a la batería Anari en los noventa– y en Bukaera o Akauzazte, se ha unido en dúo a Gorka Jiménez, quien llevaba alejado alrededor de tres décadas de la música y que también pasó por Psych Out, si bien la relación procede desde la niñez de ambos en su Tolosa natal.

Zauria –“herida”, en castellano– se establece a modo de diálogo íntimo entre los dos amigos. La voz grave y profunda de Gorka, encargado también de las letras, y el entramado instrumental generalmente mínimo de la guitarra y composición de Baxi, aunque puntualmente cuenten con los apoyos de Karlos Osinaga “Txap”, de Lisabö (guitarra, bajo y masterización en Bonberenea de Tolosa); Aida Torres, de Jupiter Jon y Magia Bruta (batería); Juantxo Zeberio, de Tenpora o la banda de Benito Lertxundi (piano); Mariano Hurtado, de Inoren Ero Ni (sintetizador), y Txema Hernández (ocarina).

El álbum se compone de quince piezas cortas de alrededor de dos minutos –incluidos cuatro instrumentales– sobre el amor y el dolor, adelantado en el ojo sangriento de la portada. Tras una breve intro sin voz pero con sonidos de pájaros del Parque Gladys Enea de Donostia, en un guiño a la ecologista Gladys del Estal asesinada en Tudela en una manifestación antinuclear en plena transición, “Adur eta Ekhi” –nombre de los sobrinos de Gorka– inicia el relato con una imagen de dos niños jugando en la bañera entre risas y los muñecos de Rayo McQueen o Bob Esponja, mientras la mirada adulta desea que no crezcan nunca. La alegría deviene en lágrimas con el fondo del rasgueo de la guitarra de Baxi en una línea que podrá acercarse al lado más espartano y limpio de Vini Reilly y The Durutti Column o Felt. “Buda Buda Frisco LSD” ronda las arengas de Inoren Ero Ni o unos pioneros M-ak ralentizados, por no decir narcotizados. “Krista klanke” añade batería y una línea melódica a tenor de la voz dulcificada y añorante de Gorka: “¿Dónde se quedó el reflejo de tu pelo rubio y nuestras bonitas conversaciones?”.

“Katiuskak kanpora!” rememora de nuevo tiempos felices o al menos esperanzados –“Abandona los miedos, olvídalos. Esos mofletes cuando ríen, melodía del cielo”– en un lento y amable crescendo guitarrero. “Begien isla” tiene un desarrollo animado y naíf para desvanecerse al final: “Quiero tus ojos para encontrarme a mí mismo”. “Tinko so” es obsesiva mientras repite los versos “observando atentamente a Jesucristo, esperando una respuesta”. “Xilofagoen bazka” vuelve a llevarnos por un ritmo constante y oscuro para hablar de bichos de plata, roedores de papel “dispuestos a cometer su maldad”. Y como despedida brilla “Eguzkipean”, el tema más largo con casi cuatro minutos y medio, versión de “I Feel The Sun” del grupo australiano Tully para la banda sonora de la película “Sea Of Joy” (Paul Witzig, 1971) sobre un surfista –“Siento el sol, un chiflado rompiendo las olas”– presidida por una hermosa melodía de piano que rompe con lo escuchado hasta ese momento. Es probablemente uno de los trabajos más inclasificables y personales de la cosecha peninsular del año, con el contorno de la obra de Fred Frith y Henry Cow en su parte musical. ∎

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