Hechura de clásico.
Hechura de clásico.

En portada

Chris Isaak

Un hombre humilde en un traje brillante

Fotos: Archivo Rockdelux

23.06.2026

A las puertas de cumplir 70 años, un hito que celebrará este 26 de junio en el festival BBK Legends de Bilbao y un día después en la sala Paral·lel 62 de Barcelona, el arquitecto del americana noir repasa su carrera desde Nashville. Una charla sobre su ética obrera y su amistad con David Lynch, donde se descubren historias tan curiosas como el truco para conseguir su primera guitarra Silvertone o el día que acabó cantando en una isla perdida y por sorpresa en la boda de unos desconocidos en Hawái.

H

ay una imagen inamovible cuando uno piensa en el artista californiano Chris Isaak: el tupé impecable, el traje a medida, su inseparable guitarra acústica Gibson personalizada con su propio nombre en nácar artificial y esa voz bañada en reverberación que patentó un inconfundible americana noir. Sin embargo, detrás del arquitecto de la gran catedral del desamor se esconde un superviviente profundamente terrenal. Isaak es la antítesis absoluta del cliché destructivo del rock’n’roll. Su trayectoria es, de hecho, un viaje de fidelidad absoluta a un sonido que desafió las modas de los años ochenta. Una impecable carrera de fondo que arrancó con su debut, “Silvertone” (Warner, 1985), donde empezó a moldear el lado más nocturno y elegante del rockabilly, y que, tras el homónimo “Chris Isaak” (Warner, 1987), alcanzó la inmortalidad con “Heart-Shaped World” (Reprise, 1989) gracias al magnetismo de “Wicked Game”. Lejos de ser un éxito efímero, su estatus de compositor superdotado se consolidó a través de la melancolía vintage de trabajos esenciales como “San Francisco Days” (Reprise, 1993) o el desgarrador “Forever Blue” (Reprise, 1995), expandiéndose después hacia proyectos tan personales como su célebre homenaje a las raíces del rock’n’roll en “Beyond The Sun” (Vanguard, 2011) o sus aplaudidos álbumes navideños.

Alejado de los clichés autodestructivos de la industria, el crooner de la nariz rota y el falsete impecable nos atiende desde su refugio en Nashville, Tennessee, la meca de los músicos norteamericanos. A lo largo de una extensa y sincera conversación, Isaak repasa su vida con absoluto entusiasmo y, guitarra en mano, salpica la charla tocando un puñado de acordes y versos. Desde sus orígenes humildes en Stockton, California, pasando por su amistad con el añorado David Lynch, hasta la revelación de los secretos detrás de sus canciones más legendarias. Esta es la radiografía de un artista que concibe sus discos como mensajes en una botella lanzados al inmenso océano de la historia de la música.

“Wicked Game”, vídeo realizado por Herb Ritts.

Antes de arrancar, me gustaría empezar con algo muy sencillo. ¿Cómo te sientes en este momento de tu vida?

Es una etapa extraña. Me encuentro con gente con la que fui al colegio y muchos ya se han retirado. Están viviendo una vida distinta a la mía. Todavía tengo ensayos con la banda. Hoy, después de hablar contigo, vienen mi acordeonista y mi teclista y vamos a ensayar una canción porque vamos a tocar en un pequeño club del centro. Siempre estoy tocando música. Estoy hablando contigo y tengo una guitarra cerca, ya sabes.

El 26 de junio tocarás en el festival BBK Legends, en Bilbao, y al día siguiente en la sala Paral·lel 62 de Barcelona. El concierto de Bilbao coincide con tu cumpleaños, y este año es uno importante: cumples 70. ¿Cómo se siente uno celebrando sobre un escenario, delante del público?

Sí, toco en mi cumpleaños. Y sé que es uno importante. Me hace pensar: “Dios mío”. Cuando empecé a tocar, cuando estaba en la veintena, recuerdo que mi mánager me preguntó: “¿Qué quieres? ¿Cuál es tu objetivo? ¿Qué quieres hacer?”. Y yo dije: “Solo quiero seguir haciendo música hasta los 80, 85 o 90 años. Solo quiero seguir haciendo música”. Me encanta. Creo que me ha ayudado mucho no tener malos hábitos. Nunca he fumado, no bebo, hago ejercicio todos los días. Incluso cuando estoy de gira, en cada hotel voy al gimnasio y entreno. No hago gran cosa, pero lo hago todos los días y creo que a la larga ayuda. La gente viene a los conciertos y me dice: “Todavía llegas a las notas y sigues corriendo por el escenario”. Y yo digo: “Bueno, es que no estoy muerto”.

La última vez que tocaste en el BBK Legends, en 2023, vi que bajaste entre el público. Se te veía muy cercano, muy juguetón, muy metido en el momento...

Me encanta meterme entre el público y subir a gente al escenario. Es divertido. Cuando haces un disco tienes que ser muy serio: tienes que dar las notas, concentrarte en tu interpretación. Pero cuando tocas en directo, todo va de pasarlo bien.


“Cuando empecé a tocar, cuando estaba en la veintena, recuerdo que mi mánager me preguntó: ‘¿Qué quieres? ¿Cuál es tu objetivo? ¿Qué quieres hacer?’. Y yo dije: ‘Solo quiero seguir haciendo música hasta los 80, 85 o 90 años’. Me encanta. Creo que me ha ayudado mucho no tener malos hábitos”


Imagino que tenéis una estructura para el concierto, pero también dejas que cada noche tome su propia vida. ¿Cuánto te gusta dejar abierto en un show?

Creo que a la gente le sorprendería ver lo diferentes que pueden ser dos conciertos de una misma gira. Podrían venir a vernos dos veces y verían dos shows distintos. Si el público está muy tranquilo, sentado y escuchando, quizá toquemos más baladas. Si están de pie y moviéndose, igual metemos más canciones rápidas. A veces simplemente incluyo canciones que me apetece cantar. Si siento que quiero cantar algo, meto temas que la gente no espera. Por supuesto, intento tocar los hits: “Wicked Game”, “Baby Did A Bad Bad Thing”, “Blue Hotel”. Pero luego puedo meter una vieja canción de Gene Vincent o un blues que no conoce nadie. Me gusta que cada noche sea diferente.

Vayamos a tus orígenes. Vienes de una familia humilde y trabajadora. ¿Qué parte de eso sigue contigo hoy? ¿Crees que ese entorno te enseñó algo sobre el trabajo o la disciplina?

Totalmente. Mi origen es la razón por la que he podido tener a los mismos tipos en la banda durante 45 años. En las giras por Estados Unidos, durante viajes larguísimos en autobús, trayectos de trece horas, aprendes mucho de los demás. Descubrí que mi batería, mi bajista y yo veníamos de un entorno parecido: familias trabajadoras, bastante pobres. Cuando conseguimos trabajo como músicos fue muy emocionante. Estábamos felices de no tener que trabajar en los campos petrolíferos o conducir un camión. Pensábamos: “Podemos ganarnos la vida haciendo música”. Sentíamos que habíamos ganado la lotería. Por eso me sorprende cuando oigo historias de músicos que no aparecen, llegan dos horas tarde o borrachos. Yo nunca haría eso, porque estoy muy agradecido. Mi trabajo es el de mis sueños: puedo cantar. Antes de cantar por dinero, antes de cantar en una banda, cantaba en mi habitación y soñaba con cantar en una banda.

He visto que tu hermano Nick también ha cantado contigo alguna vez sobre el escenario. ¿Llegó a plantearse grabar?

Me encanta que mi hermano cante armonías conmigo a veces, porque cantamos mucho juntos mientras crecíamos, sobre todo blues antiguo y country. Un día le dije: “Nick, tú cantabas y tocabas la guitarra antes que yo. Yo aprendí de ti”. Y le pregunté: “¿Alguna vez pensaste en dedicarte a esto profesionalmente?”. Me dijo que no: “He visto lo duro que trabajas. No”.

El hombre tranquilo.
El hombre tranquilo.

También boxeaste y estudiaste con una beca en Tokio. ¿Piensas alguna vez cómo habría sido tu vida si hubieras seguido ese camino?

La vida de un boxeador es corta. Un atleta tiene quizá diez años, quizá quince. Un músico tiene toda una vida. Cuando boxeaba era semipesado y formaba parte del equipo universitario de boxeo. Después también hice boxeo amateur en mi ciudad. Lo disfrutaba, pero después de que me rompieran la nariz cinco o seis veces, al menos, entendí algunas cosas. Por eso mi nariz parece una pista de esquí. Me quitaron todo el cartílago.

Has hablado de Silvertone –que es el nombre de tu banda– y de todos esos años juntos, pero también trabajaste con Hershel Yatovitz durante tres décadas. Es una relación larguísima para cualquier banda. ¿Cómo os conocisteis?

Ahora estoy trabajando con la formación que irá conmigo a Europa. Está Roly Salley, que lleva conmigo cuarenta y tantos años. Y luego tengo a otros músicos que llevan conmigo ocho, diez años, algo así, y que han trabajado en discos conmigo aquí en Nashville. Hershel se ha retirado a Australia. Ahora estoy tocando con J. D. Simo. Nashville es una ciudad de músicos. Todo el mundo viene aquí a grabar. Y J. D. Simo, entre todos los grandes guitarristas de la ciudad, probablemente sea el mejor guitarrista de Nashville. Él jamás lo diría, pero todos los demás sí.

Hablando de guitarras, tienes una Gibson J-200 muy querida y reconocible, pero imagino que has tocado muchas otras a lo largo de los años. ¿Qué debe tener una guitarra para ganarse un lugar en tu vida?

Es curioso, porque he tenido muchas guitarras en mi vida y me encantan, aunque no soy un gran guitarrista. Me encanta tocar. Estoy en Nashville y tengo conmigo la misma guitarra que probablemente llevo tocando cincuenta años. Tengo una acústica Gibson. Siempre he tocado Gibson, me encantan. Hacen buenas guitarras. Pero cuando empecé tenía una Silvertone, y todavía conservo aquella misma Silvertone de hace cincuenta años. Recuerdo perfectamente cuando quise comprarla. Estaba en el escaparate de una casa de empeños, justo al otro lado de la calle del gimnasio de boxeo. Le dije a mi hermano mayor: “Tú eres mejor haciendo tratos. ¿Puedes conseguir que me la bajen?”. Fue y la consiguió por la mitad. Conocía al jefe de bomberos e hizo que llamaran a la tienda para decirles que estaba demasiado abarrotada y tenían que deshacerse de cosas o les pondrían una multa. Mi hermano entró justo después y compró la guitarra.


“Es curioso, porque he tenido muchas guitarras en mi vida y me encantan, aunque no soy un gran guitarrista. Me encanta tocar. Estoy en Nashville y tengo conmigo la misma guitarra que probablemente llevo tocando 50 años. Tengo una acústica Gibson. Siempre he tocado Gibson, me encantan”


Vamos con tus discos. Tus primeros álbumes tienen una identidad muy fuerte: rockabilly, baladas nocturnas, corazones rotos, esa atmósfera de cine negro. ¿Sentiste desde el principio que ese era tu mundo?

No lo sé. Crecí escuchando a Elvis, Johnny Cash, Roy Orbison y The Beatles. Me gusta la música bonita. Me gustan los cantantes bonitos, como Elvis Presley, Dean Martin o incluso Bing Crosby. Así que quería cantar bonito. Cuando empecé, no había mucho de eso. Ese fue siempre mi objetivo. Me gusta el rock’n’roll, pero quiero cantar baladas bonitas.

En “Beyond The Sun” fuiste a Sun Studios y grabaste canciones de algunos de tus héroes. ¿Qué se siente al cantar en esa habitación?

Fui a aquel estudio y el tipo que lo llevaba era el guitarrista de Jerry Lee Lewis. Era mayor, pero había tocado en aquellos discos, y yo era un gran fan suyo. Le dije: “He leído todos los libros que he podido sobre grabar aquí, sobre las grabaciones de Elvis y las de Jerry Lee. Pero tengo preguntas”. Porque cuando todo el mundo canta en la misma habitación no es como en la grabación moderna, donde primero haces la voz, o primero la batería, luego el bajo, luego la guitarra. Allí todo el mundo tocaba a la vez, y eso es muy distinto.

Hablamos de Roland Janes, ¿verdad?

Exacto. Le pregunté: “Si lo hacíais así, ¿a qué volumen tocaba el guitarrista?”. Y él dijo: “Bueno, todos grabábamos en la misma habitación, con un amplificador pequeñísimo. El guitarrista tocaba tan alto como quería”. Mi guitarrista estaba escuchando y sonrió, como diciendo: “Vaya, voy a tocar tan alto como quiera”. Entonces Roland Janes me miró y dijo: “Pero tienes que recordar que era 1956. No queríamos tocar muy alto”. Ese era el truco para grabar en aquellas habitaciones y conseguir un gran sonido. Tocabas, pero no tocabas demasiado alto.

Chris Isaak en los Sun Studios de Memphis. Foto: Sheryl Louis
Chris Isaak en los Sun Studios de Memphis. Foto: Sheryl Louis

Cuando se habla de Elvis, muchas veces se recuerda el mito, la voz, la imagen. Pero también has reivindicado mucho a Scotty Moore, su guitarrista.

Sencillez. Scotty era muy sobrio. No tocaba demasiado. Se hizo amigo mío y un día, en su casa, le puse una canción de Elvis. Le dije: “Scotty, te oigo tocar al principio, pero luego no escucho nada. ¿Estás tocando ahí?”. Y me dijo: “No. Me quedé fuera durante una estrofa y un estribillo”. Le pregunté: “¿De verdad?”. Y él contestó: “Sí. No creo que ahí hiciera falta guitarra”. Eso era lo increíble. Elegía muy bien dónde entrar. La mayoría de los guitarristas quieren tocar por encima de todo. Pero Scotty era poderoso porque elegía el lugar correcto. Siendo amigos le dije: “La gente siempre me dice que soy como Elvis por el peinado o porque me parezco un poco a él. Pero en realidad no era Elvis quien yo quería ser. Yo quería ser Scotty Moore”. Durante años usé cuerdas muy gruesas, del 54 en la más grave al 14 en la más fina, porque había leído que Scotty Moore las usaba.

Has hecho dos discos navideños: “Christmas” en 2004 y “Everybody Knows It’s Christmas” en 2022. ¿Qué tiene la música navideña para que hayas querido volver a ella más de una vez?

Me encanta hacer conciertos de Navidad, y cantar y escribir canciones navideñas. Una vez hablé con otro artista, no voy a decir su nombre porque sería embarazoso para él, y me dijo: Tengo que hacer un disco de Navidad”. Y yo le dije: “No tienes que hacerlo, puedes hacerlo. Es un privilegio”. Ahora mismo la mesa de mi cocina está cubierta de lápices, bolígrafos y dibujos de perros, Papá Noel y árboles de Navidad, porque estoy haciendo un libro que se llama “Dogs Love Christmas Too”. Me gusta dibujar viñetas en mi tiempo libre. Los gatos aparecen siempre al borde de los dibujos mirando a los perros como diciendo “no me puedo creer esto”. Básicamente se burlan de ellos.

Vayamos con “Wicked Game”. Es una canción enorme, por supuesto, pero también es lenta, sensual, triste y sigue funcionando hoy. ¿Qué crees que escucha la gente en ella para que siga conectando después de tantos años?

Creo que la gente escucha esa historia. “The world was on fire and no one could save me but you” es una buena frase para describir cómo se siente estar enamorado. Después de que “Wicked Game” se convirtiera en un gran éxito, me tomé unas vacaciones. Me fui a Hawái para surfear y escribir canciones. Me quedaba en un motel barato y bastante destartalado, en una isla remota. Un día caminaba por la playa con una guitarra muy pequeña, casi como un ukelele, y vi a una pareja joven, muy bien vestida, haciéndose fotos. Éramos los únicos en la playa. Les pregunté si querían que les hiciera una foto y luego si era una ocasión especial. Me dijeron: “Sí, acabamos de casarnos. No tenemos dinero, así que estamos solos. No tenemos fotógrafo ni un grupo grande de gente”. Entonces toqué una vieja canción de amor sobre estar casado. Les dije: “Encended la cámara y contad a vuestros amigos que contratasteis a alguien para cantar en vuestra boda”. Entonces la mujer dijo: “Dios mío, ahora sé quién eres”. Nunca he vuelto a saber de ellos.


“Me encanta hacer conciertos de Navidad, y cantar y escribir canciones navideñas. Ahora mismo la mesa de mi cocina está cubierta de lápices, bolígrafos y dibujos de perros, Papá Noel y árboles de Navidad, porque estoy haciendo un libro que se llama ‘Dogs Love Christmas Too’”


También “Forever Blue” es uno de esos discos que mucha gente considera tu gran álbum de desamor. Para ti, ¿qué necesita una canción triste para sonar real, honesta y no quedarse solo en drama?

“Forever Blue” empezó como un mensaje. Estaba escribiendo una carta a una chica con la que había roto, intentando decirle cuánto había significado para mí. Debí escribir veinte cartas y todas acabaron rotas, tiradas a mis pies. Me rendí. Pensé: “No puedo escribir esto con palabras”. Entonces me senté con la guitarra y la toqué. Seguí cavilando: “Aunque le escribiera la carta, ella no la leería, porque ya había terminado conmigo. Pero si lo convierto en un disco, quizá lo escuche en algún sitio”. Fue una buena solución. Recuerdo el principio: “Nobody tells you what to do / she walks away / you’re left forever blue”. Me gusta porque eso fue lo que me pasó. Todos estos años después puedo estar en un escenario tocándola y a veces me devuelve a aquellos momentos.

Tienes una decena de discos de estudio aparte de los que ya hemos mencionado. ¿Hay algún álbum o alguna canción que te gustaría reivindicar?

La verdad es que no. Siento que ya he recibido mucha atención para lo que hago. No soy tan grande como The Beatles, pero tampoco soy tan bueno como The Beatles. Creo que la gente conoce mi música, que escucha mis canciones, pero nunca pienso: “Ojalá esto hubiera sido un éxito más grande”. Lo único en lo que estoy pensando ahora es en el próximo disco. Tengo siete canciones nuevas escritas que todavía no he grabado. Quiero llegar quizá a otras cinco o seis, y luego entrar a grabar. Espero hacerlo este año. Creo que son buenas. No me preocupa si serán un éxito. Solo me preocupa que me gusten a mí. Si no te haces feliz a ti mismo, a nadie más le va a gustar.

David Lynch fue muy importante en tu vida. Ahora que ya no está, ¿qué es lo primero que te viene a la cabeza cuando piensas en él como persona?

Era un buen hombre, dulce y amable. La gente me preguntaba: “¿David Lynch es raro? ¿Da miedo?”. Pero era un intelectual, aunque muy directo. Era fácil de entender y hablaba de una manera muy comprensible. Una vez estaba trabajando en una película y éramos tres o cuatro actores en escena y no le estaba saliendo bien a nadie. Él entró y nos dio indicaciones nada abstractas ni complicadas de entender. Muy sencillas: “Tú habla más rápido. Tú muévete aquí. Y tú mírale a los ojos cuando digas esa frase. Vale, probemos otra vez”. Y lo arregló todo. Pensé: “Dios mío, eso es ser un buen director”. Éramos amigos y nos llevábamos muy bien. Yo quería mucho a David.

En el concierto del BBK Legends de Bilbao en 2023.
En el concierto del BBK Legends de Bilbao en 2023.

¿Qué te gustaría que la gente recordara de él que quizá no aparece siempre en los titulares?

La primera vez que me llamó (hace referencia a “Corazón salvaje”, de 1990) fue para hablar de música en una película. Me dijo: “Perdona, pero no estoy familiarizado con los términos musicales”. Y yo le contesté: “Bien, porque yo tampoco”. Le dije: “Ven al estudio si estás en la ciudad y te haré lo que quieras. Vamos a trabajar”. Nos llevábamos muy bien.

Todos recordamos tu actuación en “Twin Peaks: Fuego camina conmigo”, con tu personaje Chet Desmond.

No te vas a creer lo que pasó. Cuando me llamó, antes de que yo hubiera oído jamás esas palabras, acababa de pintar la trasera de una chaqueta de cuero una cruz en llamas y las palabras “fire walk with me”. Tenía esa chaqueta porque solía moverme en tranvía o autobús por la noche y pensé: “Quiero llevar algo en la espalda que la gente mire y diga: ‘¿Qué demonios es eso?’”. Eso fue antes de oírlo en boca de él. Se lo conté y no sé si me creyó, pero es verdad. Me pareció una conexión extrañísima. En aquella época no teníamos móviles con cámara. Si los hubiéramos tenido, tendría una foto.

En tus vídeos parece que ese humor forma parte de tu personalidad. ¿Tus amigos o tu familia dirían que eres así fuera del escenario?

Cuando crecí, recuerdo que la gente le decía a mi madre: “Está muy triste, nunca sonríe”. Estaban preocupados porque yo era muy serio. Creo que la realidad es que mi familia siempre iba muy justa de dinero. Nunca teníamos suficiente dinero ni suficiente comida, y eso me hizo tener una actitud seria. Solo de mayor entendí que otras personas se iban de vacaciones o a Disneyland. Recuerdo muy claramente comer panqueques durante una semana. Eso era todo lo que teníamos: panqueques y judías verdes. Panqueques para cenar, panqueques para desayunar. Después de una semana, alguien vino. Sabían que estábamos sin dinero y nos trajeron una caja con comida: fiambre, pan y algunas cosas más. Estábamos emocionados. Pensábamos: “Vaya, podemos comer”. Creo que crecer con un poco de hambre te vuelve serio. Y para equilibrar esa seriedad soy tonto, hago bromas y juego con eso. Es una forma de compensar el otro lado de mí, que es muy serio.


“David Lynch era un buen hombre, dulce y amable. La gente me preguntaba: ‘¿David Lynch es raro? ¿Da miedo?’. Pero era un intelectual, aunque muy directo. Era fácil de entender y hablaba de una manera muy comprensible. Éramos amigos y nos llevábamos muy bien. Yo quería mucho a David”


Creo que todos tenemos un poco esa dualidad...

Esto me recuerda a algo. Hace años estaba tocando en San Francisco. Acabábamos de sacar un disco y una chica vino desde Francia. Era fan y venía a todos los conciertos. Un día, mientras yo comía en algún sitio, se acercó y me lanzó un libro. Dentro había una carta que decía algo así: “Te he visto con tus amigos y en el escenario. Pensé que eras triste como yo, que tu mundo era un mundo triste y te creí. Pero ahora veo que es solo una actuación. Estás fingiendo”. Me sentí mal porque ella lo sintiera así. Pero lo curioso era que probablemente estaba en uno de los momentos más oscuros de mi vida, pero ella me vio sonreír en el escenario y pensó: “Es un farsante, esas canciones no son reales”. Nunca puedes saber por lo que está pasando otra persona.

Hoy esto se hace más grande por las redes sociales.

Sí. A veces la gente viene y me dice: “No sé qué decir, he leído algo en internet o he visto algo en internet”. Y normalmente es algo terrible sobre mí. Y yo digo: “No necesito saberlo. Si la hice, ya lo sé. Y si no la hice, solo va a herir mis sentimientos”.

Última pregunta. Muchos años en el futuro, imagina que alguien encuentra tus discos y no sabe nada de Chris Isaak. ¿Qué esperas que entienda de ti al escucharlos?

Todos estamos en nuestra isla privada. Pero cuando haces un disco es como enviar un mensaje en una botella que nunca sabes a qué isla puede llegar. Imagino que quizá alguien, dentro de treinta años, dirá: “¿Has oído alguna vez a este tipo? Esta canción es un tanto extraña”. Y espero que esa persona sienta algo parecido a lo que yo sentí cuando la escribí. Estaremos conectados y ninguno de los dos se sentirá solo por un instante. ∎

Etiquetas

Contenidos relacionados

Rockdelux
Ministerio de Cultura
Ministerio de Cultura

Esta revista ha recibido una ayuda a la edición, del Ministerio de Cultura, a través de la Dirección General del Libro, del Cómic y de la Lectura.