laska y Nacho Canut siguen funcionando como una anomalía dentro del pop español. No solo por la longevidad –casi cincuenta años de trayectoria – de una alianza artística que ha atravesado Kaka de Luxe, Alaska y Los Pegamoides, Dinarama y Fangoria; también por una forma de entender la música que siempre ha desconfiado de ortodoxias. Han sobrevivido a modas, escenas, movimientos generacionales y guerras culturales sin sentirse nunca del todo cómodos en ninguno de esos lugares.
“La verdad o la imaginación” (Warner, 2026), su reciente álbum, vuelve a girar alrededor de algunas de las obsesiones habituales de Fangoria: el tiempo, la decepción, la huida, las relaciones humanas y la necesidad de construir espacios propios frente a una realidad que rara vez resulta satisfactoria. También supone una nueva búsqueda sonora, ahora junto al productor neerlandés Matt Pop (Erasure, RuPaul, Kim Wilde, Ace Of Base, Cilla Black), responsable de un disco más frío y sintético, más cercano a cierto imaginario electrónico centroeuropeo que a la exuberancia de trabajos anteriores.
Después de varios años publicando formatos distintos como EPs o directos, ¿abordáis este disco con una idea concreta o simplemente decís “tenemos un puñado canciones, grabemos”?
Nacho: Sí existe una idea. Por eso buscas un productor. Cuando eliges a un productor ya estás indicando cómo quieres que suene el disco, porque conoces lo que ha hecho antes. Para estar cómodo, llamas a alguien con quien ya has trabajado. Si pretendes ver qué pasa, llamas a alguien que no conoces de nada, que fue nuestro caso.
Alaska: Y la intención era muy concreta. En los últimos diez años se supone que no hemos publicado un LP, pero no hemos parado de hacer cosas. Está el disco en directo, está el proyecto de piano, está la parte más techno... Si nos vuelven a meter en un estudio con nuestros colaboradores habituales, la cabra tira al monte y acabamos haciendo otra vez “Máquina total”. No queríamos eso. Por eso buscamos a Matt Pop. Es una persona que viene del eurodance, pero que cuida mucho las melodías, no las destroza. Tiene una sensibilidad muy musical en ese sentido.
Nacho: Y un sonido muy centroeuropeo. Holandés, trabajando mucho en Alemania, viviendo en Francia... Tiene una forma de entender el pop electrónico muy concreta, muy fría, poco latina; lo contrario del folk. Como Kraftwerk subidos a una escalera.
Me gustaría hablar de las letras. “Pasará” parece que contiene un mensaje casi psicólogico.
Alaska: Somos un poco reiterativos. Siempre volvemos a dramas y comedias. Igual que tenemos una línea de pensamiento un poco oscura, tenemos otra curiosamente luminosa que, en teoría, no nos pega nada, pero que existe. Ahí está “Bailando”. “Pasará” habla de relativizar.
Nacho: La gente está viviendo un drama horrible: “¡Ay, el mundo!”. Y a los dos meses este drama se les ha olvidado y están con otro. Va un poco sobre eso.
Alaska: Y vale para lo malo y para lo bueno. Carlos Berlanga (compañero de ambos en Kaka de Luxe, Pegamoides y Dinarama, fallecido en 2002) siempre decía que Nacho y yo éramos dos personas caminando con una nubecita negra encima y que él era el sol.
Nacho: Hoy eres el mejor grupo del mundo y mañana eres una mierda. Así que no te puedes creer nada, pero nunca, nunca, nunca,
En “Tigres de escayola” aparece la melancolía.
Alaska: Es que la melancolía es muy elegante. Como en las películas: siempre es más interesante el malo que el bueno.
Nacho: Es muy inglesa. Los Pet Shop Boys son melancolía en estado puro. Les va fenomenal, son millonarios, hacen giras enormes. Y, sin embargo, siempre parecen melancólicos. Y me encanta. No es que lo estés pasando mal, están un poco como “así”. Como pose, me encanta.
“Baila” lleva, inevitablemente, a “Bailando”.
Alaska: Esa habla de que si viene el fin del mundo, que te pille bailando.
Nacho: Es como la canción de La La Love You (se refiere a “El fin del mundo”, de 2019).
Alaska: De hecho, las juntamos este año en la gira. Hacemos “Baila”, “Bailando” y la de La La Love You.
El título del álbum plantea una cuestión interesante. ¿Qué es más importante: la verdad o la imaginación?
Nacho: No hay una más importante que otra. Están ahí las dos.
Alaska: Se convive con ambas. Porque si solamente vives de la imaginación seguramente acabes en una institución sanitaria especializada.
Nacho: Cuando ya no tengamos nada que contar, todos seremos tigres de escayola, así, callados. La realidad sería la canción protesta, y la imaginación serían Bowie, las muñecas de Nueva York (se refiere a New York Dolls)... La música puede ser un reflejo de la realidad o inventada. Nosotros siempre hemos inventado. El punk era todo inventado, porque ya se ha visto que... En fin. Se trata de elegir entre crear tu propia realidad o ser un espejo de lo que está pasando. Nosotros preferimos inventarnos cosas y distraer a la gente, aunque al final eres un espejo de la realidad sin quererlo, que es cuando resulta más interesante. Ves a Bowie y es más interesante cuando él, sin saberlo, está reflejando cómo era Inglaterra en aquellos años. O los Sex Pistols. Aunque lo de los Sex Pistols era falso: estaban relatando una realidad apocalíptica y después los ingleses estaban todos a favor de la reina, incluido Johnny Rotten. O sea, que siempre es inventado.
La imaginación es también una válvula de escape.
Nacho: Claaaro...
Alaska: De escape y de salvación. Es lo mismo que las religiones de salvación: no sabemos si lo que hay nos va bien, pero esto otro, que yo me creo, a mí me sirve y me ayuda.
“Me voy” parece una canción sobre despedidas sentimentales, pero da la impresión de que habla de algo más.
Nacho: Claro que habla de algo más. Las parejas me interesan poquísimo. Yo utilizo las relaciones para hablar de otras cosas. Si fuera un cantautor que quisiera reflejar la realidad directamente, diría lo que quiero decir de forma explícita. Pero no me interesa eso.
Alguna canción autobiográfica habrás escrito...
Alaska: Sí. “El zodiaco dice ¡no!” (de Los Vegetales, uno de los muchos grupos paralelos en que ha estado implicado Canut).
Nacho: Bueno, pero eso... Vale, sí, pero... Cosas así. “Mi novio es un zombi” (‘hit’ tardío de Alaska y Dinarama, data de 1989) está inspirada en eso. Pero es raro. Prefiero que no sean autobiográficas.
Alaska: Las canciones siempre son autobiográficas. Yo, que te conozco, sé perfectamente lo que quieres decir con “Me voy”.
Nacho: Cuando yo escribía letras con Carlos sabía perfectamente de qué estaba hablando. Y él me decía por qué escribía exactamente eso. Así que, sí, las letras son siempre autobiográficas. Siempre.
¿Cuándo decidisteis dejar de usar guitarras punk?
Nacho: Hace dos años.
Alaska: Va y viene. Guitarras hemos tenido siempre. En realidad no nos interesan los instrumentos, sino las personas que los tocan. Conoces a un guitarrista rockabilly y decimos: “Qué chulo, que venga”. O un saxofonista o una violinista. Somos muy poco puristas.
A ver si mañana vais a conocer a un gaitero majísimo…
Alaska: Pues puede ser.
Nacho: Puede ser, pero la gaita es una sonoridad que no entiendo.
Alaska: Uy, pues a mí me encanta.
Nacho: ¿Sí? Pues entonces, mira.
Alaska: Pero una sola no, necesito muchas, como “Mull Of Kintyre”, que cantaba Rod Stewart (en realidad, era Paul McCartney con Wings, allá por 1977).
Nacho: La verdad es que a nosotros nunca nos han interesado los instrumentos... ¿cómo se llaman?... musicales. A mí cuando me propusieron entrar en Kaka de Luxe me daba igual tocar el bajo, la batería o la guitarra. “Es un bajo lo que necesitamos”. Y dije: “Vale”. Y Carlos, como no necesitaban guitarra, dijo: “Bueno, pues yo también entro, y canto”.
Alaska: Tampoco ninguno de nosotros soñaba específicamente con cantar.
Lleváis 49 años juntos. Es una forma de parentesco curiosa. ¿Qué sois el uno para el otro?
Alaska: Un ser con dos cabezas que en realidad son cuatro, porque los dos somos géminis. Por un lado es muy complicado, porque somos un alien de dos cabezas; normalmente la gente que nos conoce se sorprende de lo poco que necesitamos hablar y lo claro que sale todo. No sé si tenemos poderes, como Carrie.
Nacho: Cuando estaba Carlos era más difícil, porque siempre había alguien en el medio.
Alaska: Y cuando éramos cinco, ni te cuento. No encontramos explicación a lo que ha ido ocurriendo con el paso de los años, porque hace 49 tú eras más amigo de Carlos, yo era más amiga de Curra... Las alianzas dentro de los grupos se modifican.
Nacho: Pero cuando solo hay dos, es diferente.
¿Hay cosas del otro que todavía os sacan de quicio?
Alaska: Sí, claro. Lo interesante es que ya no somos los mismos que cuando teníamos 15 años. Las cosas que me sacaban de quicio de Nacho en 1977 ya no existen. Es otra persona. Ahora son otras.
¿Por ejemplo?
Alaska: Nacho antes era completamente antisocial.
Nacho: Claro. Yo escribí “Autosuficiencia” (el himno after-punk de Parálisis Permanente, publicado en 1982), que es el canto a la antisociabilidad o como se llame eso. Ahora ya no haría algo así.
Alaska: Ahora es una persona supersocial.
Nacho: No tanto, pero bueno.
Alaska: Espérate. ¿Quién abre la puerta del camerino en los festivales para ver quién hay por ahí y ponerse a hablar?
Nacho: Bueno, ahora me interesa más conectar con otras personas (se ríe).
¿Y ahora qué es lo que te desespera de él?
Alaska: Esa especie de “no pasa nada”.
Nacho: Insouciance, se dice en francés. Como que todo te da igual.
Alaska: Yo estoy diciendo: “Ay, ay, ay, ay” y él tan tranquilo. Pura flema. Que no sé si le importa o no le importa, pero desde luego no interioriza que le importa.
Nacho: No, a mí me da igual.
Y a ti, Nacho, ¿qué es lo que te sigue sacando de quicio de Alaska?
Nacho: Pues que de repente le diga: “He quedado con Nebulossa para grabar una canción la semana que viene”. Y responda: “No, no puedo”.
Alaska: Claro. No, eso hay que hablarlo. Hay que ver cuándo conviene hacerlo.
Nacho: Pero también te digo una cosa: está bien que exista ese contrapeso porque, si no, no pararíamos de hacer cosas.
Llegados a este punto, la conversación abandona el territorio de la música y entra en otro no menos interesante: el de la supervivencia. La cotidiana, la de pagar facturas, afrontar hipotecas y descubrir que la fama de los ochenta no servía de mucho cuando llegaron los noventa.
Durante años, en sus inicios, Fangoria ocupó una tierra de nadie. Eran demasiado electrónicos para unos, demasiado pop para otros, demasiado veteranos para la nueva escena independiente y demasiado raros para casi todo el mundo.
¿Cuál fue el momento más delicado que habéis vivido juntos?
Alaska: No estábamos especialmente bien al principio de Fangoria.
Nacho: Bueno, porque no teníamos nada y teníamos que trabajar de otras cosas. Yo tenía 30 años y estaba convencido de que iba a ser una estrella del pop toda mi vida. Y, de repente, no. No tenía para pagar la hipoteca. Debía buscarme un trabajo, yo que no había trabajado más que como estrella del pop.
¿Trabajaste en otras cosas?
Nacho: De disc-jockey. Y también ensobrando.
¿En Sobrando? ¿Un local?
Nacho: No. Metiendo cosas en sobres. Fue duro. Porque no teníamos dinero y nos llamaba el del banco: “Oiga, que no ha pagado la hipoteca, por favor”.
Alaska: Y una parte del dinero que ganábamos debíamos guardarla para grabar, porque éramos nuestra propia discográfica.
Nacho: Teníamos un estudio alquilado, pero había que pagar el alquiler.
Alaska: Pero, por otro lado, estábamos superfelices.
Nacho: Nos vino muy bien. Y, por supuesto, todo eso acompañado de ese ambiente musical de los noventa... ¡cómo era! En el indie éramos como unas viejas. No cantábamos en inglés, hacíamos música electrónica cantada... Cuando iba con Intronautas (grupo que formó con su hermano Mauro) a festivales, éramos el único grupo que cantaba en castellano. Y estábamos rodeados de gente que era de Murcia. Siendo mi hermano y yo angloparlantes, porque nos criamos en Estados Unidos. Era un ambiente ultrahostil para nosotros.
Alaska: Luego enseguida se nos enmendó la parte personal...
Nacho: Nos echamos novios fijos y ya todo fenomenal. La cosa empezó a cambiar cuando nos llevaron al Sónar en 1995 y tocamos con Orbital. Dijimos: “Bueno, hay gente que sabe lo que estamos haciendo”. Me acuerdo de que vino uno de los de Orbital y nos dijo: “Oye, me encanta lo que hacéis”.
Alaska: Nos vino bien todo eso, porque realmente nunca nos habíamos ocupado de nuestras cosas, y ese batacazo nos salvó de tener otros batacazos después.
Nacho: Bueno, a mí me salvó mi novio, que entiende de cuentas.
Alaska: Recuerdo estar sentados como dos bobos delante de una asesora y que nos preguntase: “Pero, vosotros, ¿sabéis lo que es el IVA?”.
Nacho: No sabíamos nada. Tuvimos que empezar de nuevo. Empezamos a coincidir con Los Planetas, con Astrud, con Family… porque estábamos a su nivel. De repente nos vimos metidos en algo nuevo. Tuvimos suerte de que nos pasara aquello, porque si no, hoy estaríamos tocando en eso de “maravillosos ochenta”.
La historia de Fangoria suele contarse a través de discos, de cambios de nombre y de transformaciones estéticas. Pero antes de todo eso hubo otros grupos y una amistad que nació en un Madrid que ya no existe: el de finales de los setenta, cuando Bowie parecía venir de otro planeta, el punk todavía era una noticia importada de Londres y sentirse raro no era una pose cultural, sino una condición bastante solitaria.
¿Recordáis el momento exacto en que os conocisteis?
Nacho: Perfectamente. Carlos y yo teníamos un puesto en el Rastro. Estábamos allí vendiendo discos y de repente apareció alguien así, con una camiseta de Kiss, un imperdible... Vino al puesto y nos compró.
Alaska: Compré un disco que ya tenía para poder entablar conversación.
Nacho: Ella iba con El Zurdo (se refiere a Fernando Márquez, miembro de Kaka de Luxe que luego lideró La Mode, Paraíso y Pop Decó). Empezamos a hablar y ese mismo día ya apareció la idea del grupo.
¿Lo que os unió fue una sensación compartida de no encajar en ningún sitio?
Nacho: Por supuesto.
Alaska: En ninguno.
Nacho: Totalmente. Carlos y yo veníamos de haber estado en Londres. Habíamos visto ciertas cosas. Todavía no había gente con cresta ni nada de eso, pero sí una forma distinta de vestir. Aquí tuvimos la suerte de conocer a dos personas a las que les gustaba eso, pero que tampoco eran... Porque si hubiéramos conocido a dos punks de libro...
Alaska: Pero es que eso no existía aquí. Eso vino después.
Nacho: Les gustaban Los Ramones, pero también Bowie, Roxy Music, Sweet... No queríamos hacer un grupo que fuera simplemente “anarquía”.
Alaska: Acabamos construyendo una especie de realidad paralela.
¿Y os sentís igual de extraterrestres hoy?
Nacho: Totalmente. Yo cada vez más.
Alaska: Cuando eres extraterrestre a los quince años, eres extraterrestre a los sesenta. Eso no cambia.
Nacho: Yo no me siento parte de nada. Y hoy en día no querer sentirte parte de nada, no querer llevar un escudo, unas siglas… Te fuerzan a formar parte de algo, y yo no. Si ya de pequeños nos decían: “La movida”. Y nosotros: “No”. “El punk”. También “no”. No voy a formar ahora parte de nada. Somos personas que vamos a nuestra bola y por eso hoy en día se te castiga, se te cancela.
Alaska: Nos ha pasado siempre, pero musicalmente. Ahora te pasa como persona.
Eso explica, Nacho, tu reciente comentario sobre el colectivo LGTBI+ en una entrevista a ‘20 minutos’.
Nacho: Cualquier comentario. Son declaraciones hechas sin querer ofender a nadie. Decíamos: “Somos así”. Si alguien dice que no le gusta la música techno, yo no me lo tomo como un insulto personal. Recuerdo perfectamente una entrevista, hace muchos años, en la que nos obligaron a elegir entre The Beatles y Village People. Nos preguntaron: “¿Quiénes creéis que han sido más importantes para la música?”. Pues mira, los Village People son padres fundadores para nosotros, y The Beatles siempre me han gustado mucho. Ahora sale Trump bailando con los Village People todo el rato, la de “paa, paa”. Supongo que ahora estarán canceladísimos, ¿no? Bueno, no tengo ni idea ni me interesa.
Alaska: Recuerda que pidieron que se retirara de “Batman” la escena en que baja la escalera bailando el “Rock’n’Roll” de Gary Glitter (se refiere a la película “Joker”).
Nacho: Cuando su primer disco llegó a mi casa fue... ¿Está cancelado? Pues nada. No puede ser.
Si se terminase el dúo, ¿os veríais a menudo?
Alaska: No lo sé.
Parece que dudas.
Alaska: Es que no lo sé.
Nacho: Quizá nos veríamos más. Además, Mario (Mario Vaquerizo, marido de Alaska y representante del dúo) es supersociable. Diría: “Venid el fin de semana a la piscina”. Supongo que nos veríamos más, porque ahora nos vemos sobre todo por trabajo.
Alaska: La última vez que nos vimos fuera de la música fue en el cumpleaños de mi madre. Y también fuimos juntos a ver a Suede. Son las dos últimas veces que hemos quedado últimamente.
¿Cómo creéis que os percibe hoy un chaval de 15 años?
Nacho: Ni lo sé ni me importa.
Alaska: Eso por un lado. Y por otro: ¿qué es un chaval de 15 años? ¿El que solo escucha música urbana, el que descubre a Warhol y, de ahí, llega a The Velvet Underground? Ese forma parte de una minoría, pero siempre ha sido así.
Nacho: ¿Cómo veían a Bowie en mi colegio? “Maricón, etc”... Ellos escuchaban a Led Zeppelin, Deep Purple... Pues yo a David Bowie, que salía maquillado, mientras los otros eran unos melenudos. Supongo que ahora será igual. ¿Qué me importa cómo me ve un chaval de 15 años? ¿Y cómo me ve un señor de mi edad? Me da igual. ∎