Una voz esencial.
Una voz esencial.

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José González

Fabulación y canciones para un futuro de nubarrones

Fotos: Alfredo Arias

14.04.2026

El cantautor sueco-argentino José González ha regresado con “Against The Dying Of The Light”. En su quinto álbum de estudio, abandona su confesado optimismo tecnológico para alertar sobre los abismos éticos de la IA, en un lúcido alegato humanista que presentará en directo en una extensa gira por España. Para diseccionar los detalles de este esperado regreso, nos reunimos con él bajo la magnética atmósfera del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía de Madrid, un espacio que invita a la profunda reflexión que siempre acompaña a su discurso.

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ras casi un quinquenio de minuciosa labor compositiva desde la publicación de su anterior trabajo, “Local Valley” (Imperial, 2021), y tras haber celebrado recientemente el vigésimo aniversario de su aclamado debut con la reedición de “Veneer” (Imperial, 2003), José González despliega en “Against The Dying Of The Light” (Imperial-City Slang, 2026) una obra que comenzó a concebirse desde la más estricta austeridad de una voz y una guitarra, pero que la propia inercia vital se encargó de expandir hacia arreglos corales y sutiles percusiones.

En este nuevo tratado sonoro y filosófico, el cofundador de la añorada banda Junip –y aquel joven que estuvo a punto de doctorarse en bioquímica– nos alerta, con inusitada franqueza, sobre los nubarrones que acechan a la humanidad. Un ejercicio de transparencia que prolonga la vulnerabilidad mostrada recientemente en el documental “A Tiger In Paradise” (Mikel Cee Karlsson, 2023), donde nos sorprendió abordando sin tapujos sus propios episodios psicóticos. A través de su inconfundible fingerpicking de escuela clásica, González profundiza ahora en los letales engranajes de la teoría de juegos y las argucias del relativismo moral. Sin embargo, el disco dista de ser un manifiesto fatalista y se erige, más bien, como un refugio donde el trance rítmico del blues saheliano, el quejío flamenco y la solemnidad litúrgica convergen para arrojar un atisbo irrenunciable de esperanza.

Para trasladar esta amalgama de reflexiones al directo, el músico ha organizado una gira por España que pasará en julio por Bilbao (8), el festival Pirineos Sur de Lanuza (9), A Coruña (10) y Madrid (29), y continuará en octubre en Barcelona (28), Valencia (29), Murcia (30) y Sevilla (31).

“Against The Dying Of The Light”, clip dirigido por Fredrik Egerstrand.

Arrancas este proyecto con la idea de hacer un disco muy minimalista, solo con voz y guitarra, pero de repente los temas empiezan a crecer y todo cambia. ¿Qué ocurrió exactamente?

Es muy parecido a lo que me pasa con otros discos. Más de la mitad de las canciones funcionan bien solo con guitarra y voz, y suelo grabarlas primero en el teléfono. Pero siempre hay tres o cuatro temas con los que me quedo atascado. Podría dedicarles medio año más, pero también sientes ganas de seguir adelante. Al final, la mayor parte del disco se queda en ese formato de guitarra y dos voces. Con esas últimas canciones empiezo a cambiar el enfoque y me pongo el sombrero de productor. Esta vez no añadí caja de ritmos ni demasiada percusión, pero sí trabajé más las voces. Quise que algunas partes sonaran más corales: una canción pensada con el espíritu de Crosby, Stills & Nash, otra más cercana a coros de iglesia. En otra pista utilicé algo parecido a bucles. En el estudio no lo son realmente, pero los pensé así para poder reproducir esas capas en directo. Sentía que aún faltaba algo y al final añadí un triángulo.

También te inspiras en tus cuatro álbumes anteriores y en tu etapa con Junip. ¿Lo has concebido como una especie de tributo o una compilación de sonidos o hay otra razón para volver a esos registros?

Diría que es una mezcla de las dos cosas. Por un lado, sale de forma natural. Hay arpegios que quizá utilicé hace diez años y ahora siento que ha pasado suficiente tiempo como para retomarlos. También hay melodías que me siguen atrayendo y a las que vuelvo, pero intento darles una versión nueva. Lo mismo ocurre con las letras. También me influyó la idea de los Beastie Boys, que publicaron dos discos muy parecidos entre sí, con más de veinte canciones que variaban dentro de un mismo estilo. Y siempre pongo como ejemplo a Dinosaur Jr.: sabes cómo van a sonar, pero cada vez son canciones nuevas. En el fondo hay una ambición de mejorar lo que ya he hecho antes.

Este disco está lleno de influencias: flamenco, blues del Sahel o música de iglesia. ¿Dirías que estás ahora mismo en una etapa de “eterno aprendiz”?

Me gusta ese concepto, aunque al mismo tiempo soy bastante obstinado. Me metí muy a fondo con la guitarra española y tengo mis propios estilos, que voy transformando poco a poco. Al final todo pasa por mi voz y mi guitarra, y lo que intento es jugar con esos elementos para que las canciones suenen diferentes entre sí. Mi ambición parte de aceptar que mi voz es la que es, pero puedo usarla de distintas maneras. A veces con más intensidad, casi al límite, aunque sin gritar, en otras con reverberación para crear una atmósfera más amplia, mientras que en algunas dejo la voz completamente desnuda. También hay canciones con un aire coral, casi como si estuvieras dentro de una iglesia.


“Más de la mitad de las canciones funcionan bien solo con guitarra y voz, y suelo grabarlas primero en el teléfono. Pero siempre hay tres o cuatro temas con los que me quedo atascado. Podría dedicarles medio año más, pero también sientes ganas de seguir adelante. Al final, la mayor parte del disco se queda en ese formato de guitarra y dos voces”


¿Cuál dirías que ha sido el mayor descubrimiento que has hecho en este álbum en particular?

Las letras. Al principio empecé escribiendo canciones bastante parecidas a las de “Local Valley” en cuanto a temática. Pero en ese disco había un tema, “Visions”, donde ya comenzaba a pensar y a cantar sobre el futuro de la humanidad. También había algo de autocrítica ahí. Siempre he sido una persona muy optimista, incluso tecnooptimista. Quizá muchos seguidores no lo perciben así, porque toco con guitarra y el sonido tiene algo muy retro. Pero como persona me interesa muchísimo todo lo que la humanidad ha conseguido y sigue consiguiendo. Lo que ocurre es que ahora empiezan a aparecer algunas nubes oscuras. Esa preocupación sería lo realmente nuevo en este disco. Por primera vez intento mostrar esas inquietudes de una forma bastante directa en las canciones.

En “Ay querida” hay un aire flamenco muy marcado. ¿Cuándo empezó tu interés por este género?

Mi hermana bailaba flamenco y un día el guitarrista se puso enfermo, así que me preguntaron si podía tocar yo. Fue hace mucho tiempo. Les dije que sí, pero enseguida me di cuenta de que era dificilísimo. Descubrí a Camarón y a Paco de Lucía, aunque después me interesé más por el hardcore. Aun así, el flamenco me siguió atrayendo y aprendí lo suficiente como para hacer una canción como esta. En “Ay querida” utilizo un arpegio parecido al de “Recuerdos de La Alhambra”, una pieza que tocaba de joven. Fue una de las primeras canciones que escribí para este disco. Pensé que sería fácil terminarla y la dejé aparcada, pero cuando llegó el momento de cerrar el álbum me di cuenta de que no la había trabajado tanto. Al final quedó bastante espontánea, más una especie de jam que algo totalmente decidido.

¿Y qué te atrae tanto de ese “blues del desierto” africano?

Ese interés empezó alrededor de mi segundo disco, hacia 2006 o 2007. Entonces empecé a escuchar a Ali Farka Touré y después descubrí a Tinariwen y a Bombino. De hecho, con Touré coincidimos de gira en Suecia. Lo que me atrae es el sonido de esas guitarras y su carácter meditativo. “For Every Dusk” está inspirada en ese tipo de atmósfera. Luego hay otro estilo un poco más contenido y dramático, que sería el punto de partida de canciones como “Losing Game” o “A Perfect Storm”.

Sobre el futuro de la humanidad.
Sobre el futuro de la humanidad.

En “U / Rawls Slöja” narras cuatro historias reales de mujeres que sufrieron graves injusticias: Vida Movahed (“Irán”), Lucía (“Nicaragua”), una mujer dalit (“India”) y Malala (“Pakistán”). ¿Por qué estos casos y no otras noticias alarmantes? ¿Y por qué en sueco?

Ya en mi segundo disco escribí “Abram”, sobre las religiones monoteístas y mi frustración al ver que, pese a partir de una base común, siguen generando conflictos. Esa preocupación viene de cuando estudiaba bioquímica. Con Bush en el poder, se prohibió investigar con células madre en Estados Unidos por motivos religiosos. La idea era que el alma entra cuando se unen dos células y empiezan a dividirse, así que destruirlas equivaldría a matar a una persona. Aquello me hizo reflexionar mucho sobre la influencia de la religión. Lo escribí en sueco para evitar demasiado ruido: quien entienda la letra captará el mensaje, y el resto podrá escuchar primero la música. La canción también se inspira en la tradición de las murder ballads. Elegí cuatro historias reales y terribles. En el quinto verso aparece el “velo de Rawls”, el experimento mental del filósofo John Rawls que propone imaginar una sociedad justa sin saber qué lugar ocuparás en ella. Ese verso introduce a una especie de “gimnasta mental” que intenta justificar lo injustificable desde el relativismo moral, la idea de que cada cultura tiene su propia moral.

En “Gymnasten” vemos a una mujer que toma impulso y termina sobre un tigre alado, y en “U / Rawls Slöja” la protagonista acaba subiendo a un trampolín y saltando hacia el cielo. ¿Son dos canciones conectadas?

En realidad son la misma canción, dos partes de una misma pieza. La “U” es el símbolo de la unión en teoría de conjuntos: dos círculos que se superponen y forman un todo. Para mí define el carácter de la canción: si una ideología no tiene en cuenta a todos los seres sintientes, entonces es incompleta.


“Ya en mi segundo disco escribí ‘Abram’, sobre las religiones monoteístas y mi frustración al ver que, pese a partir de una base común, siguen generando conflictos. Esa preocupación viene de cuando estudiaba bioquímica. Con Bush en el poder, se prohibió investigar con células madre en Estados Unidos por motivos religiosos. La idea era que el alma entra cuando se unen dos células y empiezan a dividirse, así que destruirlas equivaldría a matar a una persona”


¿Por qué elegiste terminar esta crítica social con una imagen tan surrealista como la del tigre alado? ¿Es la fantasía la única salida?

Cuando escribía la canción pensaba en un gimnasta que hace cosas a un nivel altísimo pero para llegar tiene que hacer algo imposible. Ese momento es cuando se sube a un tigre con alas. La imagen tiene además un doble sentido. En sueco existe la expresión en svensk tiger, que literalmente significa “un tigre sueco”, pero tiger también quiere decir “calla”. Durante la Segunda Guerra Mundial se usaba en Suecia, que era neutral, para aludir a la idea de mantenerse en silencio. Así que el tigre alado funciona como una metáfora de esa gimnasia mental: hacer piruetas imposibles para sostener una postura o justificar algo injustificable.

Entre estas preocupaciones globales, aparece la tierna “Pajarito”. ¿Qué has aprendido de tu faceta como padre a lo largo de estos últimos años?

La paternidad te da perspectiva sobre la vida, pero también una sensación de urgencia. Antes tenía mucho tiempo para dedicarlo a la música. Ahora hay tantas cosas cada semana que, si quieres hacer algo, lo haces en ese momento. También empiezas a ver que tus padres se hacen mayores y que amigos suyos fallecen, y eso te recuerda que la vida es limitada.

Citas constantemente a expertos en IA como Stuart Russell o Max Tegmark y hablas de que la humanidad avanza hacia un precipicio sin conductor. ¿Por qué crees que estos temas tan complejos debían entrar en tus canciones?

El tema de la IA empezó a interesarme hace unos diez años, hacia 2015, cuando entré en contacto con el movimiento de Effective Altruism. Me atraía su forma de pensar problemas como la pobreza: calculan cuánto puedes ayudar con tu dinero o tu tiempo y priorizan causas como la malaria o la tuberculosis. Con el tiempo empezaron a centrarse también en el futuro a largo plazo, lo que llaman longtermism: si la humanidad desaparece, todos esos cálculos dejan de tener sentido. Ahí entran riesgos como la guerra nuclear, los virus sintéticos o la Inteligencia Artificial. Hoy se habla mucho de regulación, aunque todavía hay pocas reglas claras sobre cómo desarrollar o desplegar sistemas de IA.

Entre la fantasía y la realidad.
Entre la fantasía y la realidad.

¿Consideras que tiene su lado bueno la IA?

No soy anti-IA. Puede ser muy útil para conducir, conversar o investigar enfermedades. Yo mismo investigué estructuras de proteínas durante años sin resultados, y luego AlphaFold resolvió millones de ellas en muy poco tiempo. No la rechazo, pero hay que evitar que se convierta en un riesgo para la propia existencia de la humanidad.

He visto el vídeo que compartiste de las charlas TED relacionadas con la Trampa de Moloch. ¿Cómo le explicarías este concepto de manera sencilla a alguien que escucha tu música?

La forma más sencilla de explicarlo es con el juego del gallina. Imagina dos coches que avanzan a toda velocidad hacia un acantilado. Gana quien frena más cerca del borde, pero nadie quiere hacerlo primero. Van tan rápido que el primero en llegar también es el primero en caer. Esa es la lógica de perder-perder. Algo parecido ocurre con la Inteligencia Artificial. Las empresas desarrollan sistemas cada vez más potentes para ganar dinero o resolver problemas, pero muchos expertos advierten de que aún no sabemos cómo controlarlos. Las intenciones pueden ser buenas, pero pesa más el deseo de competir. Eso es la Trampa de Moloch.

¿Crees que hay alguna forma de salir de esa dinámica de perder-perder?

Haría falta coordinación, algo difícil sin el acuerdo de potencias como Estados Unidos o China. Por eso creo que la música y el arte pueden ayudar a que la gente tome conciencia y exija que la tecnología siga siendo una herramienta controlable, como una motosierra: quieres que corte el árbol, no que se vuelva incontrolable.


“Imagina dos coches que avanzan a toda velocidad hacia un acantilado. Gana quien frena más cerca del borde, pero nadie quiere hacerlo primero. Van tan rápido que el primero en llegar también es el primero en caer. Esa es la lógica de perder-perder. Algo parecido ocurre con la Inteligencia Artificial. Las empresas desarrollan sistemas cada vez más potentes para ganar dinero o resolver problemas, pero muchos expertos advierten de que aún no sabemos cómo controlarlos”


Aunque eres bastante racional, y ateo, no consideras que todo sea incompatible con la solemnidad litúrgica porque justo en este disco hay voces corales, influencias góspel, música de iglesia...

La música de iglesia me atrae mucho porque, a diferencia de la música pop de radio, invita a la meditación y a la contemplación de un modo que no siempre puedes lograr en tres minutos. Hay una clara ambición catártica en algunas canciones: empiezas en un estado mental y terminas alcanzando un clímax sonoro, aterrizando al otro lado de un modo más iluminado.

Vamos a repasar algunos de tus hitos anteriores. En tu documental “A Tiger In Paradise” hablaste abiertamente de tus episodios psicóticos. ¿Te ha sorprendido la reacción del público?

La verdad es que la difusión ha sido bastante limitada. Se emitió en la televisión pública sueca y, por ejemplo, el otro día un chico me paró por la calle para agradecerme que hablara de ello, porque él también había pasado por algo parecido. Hice la película pensando que ya habían pasado diez años y que no sentía ningún miedo de volver a caer en ese tipo de malestar. Fue una forma de abrirme y contar mi historia, pero también de conectarla con mis canciones. Al final reflexiona sobre qué parte es verdad y qué parte es fabulación.

Casi llegas a postular por un doctorado en bioquímica. ¿Alguna vez te imaginas cómo habría sido tu vida si te hubieras quedado en la universidad?

No, seguramente seguiría luchando e intentando conseguir la cátedra (risas).

Contar su historia.
Contar su historia.

Has versionado a artistas como Massive Attack o Kylie Minogue. ¿Llegaron a contactarte alguna vez?

Kylie Minogue sí me contactó. Había superado un cáncer, escuchó mi versión de “Hand On Your Heart” y le gustó mucho. Al final grabamos juntos una versión de “Can’t Get You Out Of My Head” para su documental “Kylie” (2026). Los de Massive Attack, en cambio, no me han contactado (risas).

Voy a soltarte varias palabras y nombres. Quiero que me digas brevemente qué sensaciones o pensamientos te vienen a la mente. Empiezo por la cinta de casete.

Nostalgia y autenticidad.

The Knife.

Parte de mi carrera.

“Fields”, de Junip.

¡Por fin! Con mi éxito en solitario no encontrábamos el momento.

Imperial Recordings.

Familia. Es casi cómico que el sello se llame Imperial y terminaran prácticamente con un solo artista.

El pedal de octava.

Intento hacer música de un modo muy auténtico, pero con eso estoy haciendo “trampa” (risas).

Silvio Rodríguez.

Otra vez nostalgia. El romanticismo de su guitarra y su poesía han sido una gran inspiración.

El libro “The Precipice. Existential Risk And The Future Of Humanity”, de Toby Ord (2020).

El reto de salvar a la humanidad. ∎

Agradecimientos: Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía

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