Modernidad ancestral.
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Tanxugueiras

O xeito que brilla

Fotos: Alfredo Arias

19.05.2026

Hacer que lo ancestral suene a vanguardia sin perder el alma en el intento requiere un pulso labrado a base de devoción y golpes. Con una década de aprendizaje a base de foco y barro, Tanxugueiras regresan con “O cuarto”, un trabajo donde la métrica se libera para mirar, por primera vez, hacia dentro.

Me quedé estupefacto. Blanco. Y tú también te habrías quedado así de haber visto lo que vi. Tres meigas guapérrimas. Un tridente de brujas gallegas sobre las que flotaba una solemnidad aplastante. Con sus pálidas túnicas reflejando el punzante sol madrileño, posando ante la cámara, sentí en sus miradas como si yo fuera a ser en breve la cena de unos revoloteantes cuervos escondidos. Al acecho. Parpadeé. Me abofeteé mis rollizos mofletes, perfectos para un tentempié porcino, y regresé a lo mío. A lo que andaba y me traía ahí, hasta la sofisticada azotea del edificio The Music Station, en la antigua estación de Príncipe Pío en Madrid, donde el sello Warner tiene su cuartel general. No, yo no era la presa, sino ellas. Su historia. La receta musical de estas blanquecinas líderes de la secta, sección oficial gallega de “Midsommar” (Ari Aster, 2019). Tenía ante mí las cabezas cantantes de ese Cerbero enganchado al licor café, más conocido como Tanxugueiras, del que me acababa de empapuzar su último y más íntimo disco: “O cuarto” (Autoeditado, 2026).

Las gemelas Sabela y Olaia Maneiro llevaban un jolgorio cojonudo. Aida Tarrío, la hermana de otra madre, no se mordía la lengua, mientras una sonrisa le encandilaba el rostro. Con sus melenas negras, como un corazón de manzana al fuego, el trío gallego quizá diese el perfil de rito satánico, “Rosemary’s Baby” y escalofríos por el estilo, pero ese es el rollo que le va de perlas al nuevo disco. Ellas, en cambio, lejos del perfil artístico, de escalofriantes nada. Al revés. ¡Más majas que las pesetas! Era menester, no obstante, abrazar la mística de su canto en el vestuario, que para algo tiene hondura de trilobites. Porque lo de estas tipas es algo muy antiguo. Tabernáculo. De romería pagana que ha reunido almas alrededor de un fuego desde el monopolio agrícola de la azada hasta el apogeo de los currantes del tornillo y la tuerca. Un ritual que la trinidad gallega ha vuelto a poner de moda en esta nuestra totalizada era de la internet y sus bastardos.

“eaea”, vídeo dirigido por Raúl Béjar y Nico Bonet.

Pensándolo bien, la comparativa con el yuyu brujil se me va a pique. Las Tanxugueiras son esencialmente iconoclastas. Saltan por encima del culto al líder, que es algo muy de sectas y estultos lameculos. Las Maneiro y Tarrío (& asociados) aseguran rendir pleitesía a un único gurú: la tradición musical gallega. Esa es la fuente de los deseos en la que descargan su saco de monedillas. Y si alguna encontró a Dios, como dice Olaia, Dios nunca encontró a ninguna. Por eso se deben a la única deidad innegable: la fuerza desatada de sus voces, heredada del embrujo regional galleguiño que stalkean desde crías.

Por supuesto, al igual que quienes se han rendido a la ineluctable invasión de las máquinas no harían mal en dar merecido crédito a la tradición, las Tanxugueiras también se han subido, a lo largo de su carrera, al carro electrónico. Algo en lo que, con una cerveza en la azotea Warner, listo para el asalto, les comento. “El mayor cambio musical en este disco, más que a nivel electrónico, es que antes seguíamos más la métrica tradicional, muy marcada. En este quisimos romper un poco con eso, quisimos flotar, hacer estrofas más largas, no tan rítmicas… con estructuras más libres”, dice Aida Tarrío. “A nivel vocal también hay un cambio grande”, prosigue. “Antes era todo muy intenso, muy hacia fuera. Ahora aprendimos a cantar desde un lugar más íntimo, más contenido. Es un disco más emocional. Más hacia dentro”. Y bien es cierto que la habilidad vocal de la tríada es un espejo donde mirarse para avergonzarse un rato. Una zanahoria para que la persigan quienes se dedican a hacer vibrar las cuerdas vocales, y mejorar y mejorar...

Las tres tienen la mirada despierta como lechuzas. Las miro, y veo algo vigorosamente embriagador en su saludable actitud. Giran las cabezas con generosidad, atentas a mis reacciones y consecuentes a las intervenciones de sus camaradas. Y, tate, no por ese deje rapiño o cínico presumible en quienes se han visto sometidas a la presión del foco hasta ver derretida la confianza de quien las trata. Es algo más honesto. “Nosotras hacemos música porque nos gusta la música, no todo lo que hay alrededor, que es mucho y a veces bastante complicado”, asume Sabela. “Si tú pagas a alguien es para que llegue a donde tú no llegas, pero también tienes que estar atenta, porque este mundo está lleno de gente que se puede aprovechar. Entonces, ese equilibrio entre confiar y estar presente es algo que hemos aprendido con los años. Para este trabajo ya venimos más preparadas”, concluye la pandereteira.


“El mayor cambio musical en este disco, más que a nivel electrónico, es que antes seguíamos más la métrica tradicional, muy marcada. En este quisimos romper un poco con eso, quisimos flotar, hacer estrofas más largas, no tan rítmicas… con estructuras más libres”

Aida Tarrío


La catadura moral de las Tanxugueiras ha sido puesta a prueba en innombrables ocasiones. En especial cuando se cita el Benidorm Fest. Para muchos, como este cronista, desde fuera una pringosa orgía cargada de fulanos harto estrangulables. Pero para las Tanxugueiras, la lanzadera gracias a la que España se hizo cargo de sus dones. “Para nosotras, el Benidorm fue un trampolín. Algo de lo que nos sentimos superorgullosas”, recuerda Olaia. “La gente pudo ver y llegar más fácil a la tradición. Pero fue tan frenético que nos pasó por encima”, concluye. Y a pesar del atropello, las Tanxugueiras, tanto tiempo después, no tiran la toalla.

El trío desembarcará el próximo 17 de octubre en el Coliseum, de A Coruña, para saldar cuentas con su propio pasado y demostrar que, bajo el brillo de la industria, lo que realmente late es un incendio que ellas mismas controlan. Antes de dicho concierto en territorio gallego, en mayo actuarán en Vecindario (23), en junio en Bilbao (13), en julio en Jaén (11) y el festival WOMAD de Corsham, Inglaterra (23). Después de la cita en A Coruña, también en octubre, les esperan conciertos en León (23) y Valladolid. En enero de 2027 van a cantar en Madrid (9), Murcia (15) y Valencia (16), mientras que en febrero pasarán por Zaragoza (5), Vitoria-Gasteiz (6) y Barcelona (20).

Aida Tarrío, Olaia Maneiro y Sabela Maneiro.
Aida Tarrío, Olaia Maneiro y Sabela Maneiro.

Lleváis ya diez años en la música. ¿Qué es lo que más ha cambiado en todo este tiempo?

Aida: Yo creo que lo que más ha cambiado es que vas viviendo tantas cosas, y además en el mundo de la música todo va tan rápido, que tienes que aprender a marchas forzadas constantemente. En ese proceso, una de las cosas más importantes que aprendimos fue la madurez, tanto en las letras como en la música, pero sobre todo a nivel personal.

Olaia: También aprendimos algo clave: que hay que gestionarse una misma, incluso cuando tienes un equipo alrededor. Porque si no, no te enteras absolutamente de nada de lo que está pasando. Muchas veces los artistas tendemos a despreocuparnos de todo y a delegar, y está bien delegar, pero una cosa es delegar y otra muy distinta es desentenderte por completo.

¿Cómo ha evolucionado vuestra música hasta llegar a “O cuarto”?

Aida: A nivel musical aprendimos muchísimo. Nosotras somos y seremos pandereteiras hasta que nos muramos, porque venimos de la música tradicional, es lo que sabemos y lo que sentimos como propio. Pero con los años fuimos descubriendo otros estilos, conociendo a otros artistas, escuchando cosas nuevas, y eso inevitablemente hizo que nuestra música cambiara y madurara con nosotras.

Sabela: También hubo un proceso importante con las letras. Nosotras no éramos letristas, no sabíamos escribir canciones propias, y tuvimos que aprender poco a poco.


“Aprendimos algo clave: que hay que gestionarse una misma, incluso cuando tienes un equipo alrededor. Porque si no, no te enteras absolutamente de nada de lo que está pasando. Muchas veces los artistas tendemos a despreocuparnos de todo y a delegar, y está bien delegar, pero una cosa es delegar y otra muy distinta es desentenderte por completo”

Olaia Maneiro


¿Y vuestra relación personal? ¿Ha cambiado mucho en estos años?

Aida: Sí, claro que cambia, como cualquier relación. Al principio todo es ilusión, tienes muchas ganas de verte, de cantar, de compartir. Con los años eso fluctúa, porque pasas mucho tiempo juntas, trabajando juntas, y es normal que haya roces. Esto es como una relación de pareja, pero siendo tres personas. Hay egos, hay momentos de tensión, hay aprendizaje constante sobre cómo gestionar todo eso. De hecho, tuvimos que hacer terapia, tanto individual como orientada al grupo, para aprender a llevar mejor esas dinámicas.

Olaia: Pero también es verdad que ahora mismo estamos mejor que nunca. Con este último disco recuperamos la ilusión del principio, pero con toda la experiencia acumulada. Y eso nos ha unido muchísimo.

¿Cómo habéis vivido la divulgación de la música gallega por España y el mundo?

Sabela: Muchas veces se tiene esa idea de que Galicia está muy lejos y que lo nuestro conecta solo con Irlanda o Escocia, y sí, hay una raíz celta evidente, pero nosotras nos sentimos muy ibéricas. Dentro de la península hay muchísimas conexiones que no siempre se ven.

Olaia: Hay melodías que compartimos incluso con el flamenco o con la copla. Y no es algo teórico, es que lo escuchas. Hay cantos tradicionales gallegos que, si los sacas de contexto, podrían encajar perfectamente en otros lugares de España.

Aida: Además, está esa parte que no se puede explicar tan fácil. En Andalucía se habla del duende y en Galicia del xeito. No tienen una traducción literal, pero es como esa manera de hacer, ese estilo que hace que una persona tenga algo especial. Se nota muchísimo, sobre todo en lo tradicional.

Con los pies (y las voces) en la tierra.
Con los pies (y las voces) en la tierra.

¿El talento musical se aprende o se hereda?

Olaia: Creo que es una mezcla de las dos cosas. Todo se trabaja, eso es indiscutible, pero también hay algo que no sabes muy bien de dónde viene. Parece que hay algo heredado, una línea cultural o emocional que se transmite. Y luego también hay artistas que, cuando los ves, no es solo lo que hacen técnicamente, es todo lo que generan alrededor. Es casi una experiencia completa, como una danza.

Hablando de baile, en vuestros discos siempre hay una chispa que invita a moverse.

Aida: Es fundamental. La música tradicional no se entiende sin el baile. No está pensada para escucharla con cascos, como hacemos ahora, sino para ser vivida en comunidad. Era música para reunirse, para celebrar, para compartir. Todo está construido alrededor de ese momento colectivo.

Sabela: Nosotras intentamos mantener eso en nuestros conciertos. Que no sea solo escuchar, sino que haya un punto de ritual, de participación, de energía compartida. Esa conexión con la gente es parte esencial de lo que hacemos.

Vayamos al álbum, se nota un regreso al núcleo, a lo esencial. Sin colaboraciones, de hecho.

Olaia: Quisimos volver al germen de la música tradicional. Música del pueblo hecha para el pueblo. Por eso incluimos las voces de las pandereteiras en todo el disco, no como algo puntual, sino como una presencia constante. Es una forma de decir que evolucionamos, sí, pero que nuestra raíz sigue siendo esa. Queremos seguir haciendo música de comunidad.

Aida: También es un disco mucho más íntimo. Veníamos de hablar mucho hacia fuera, de temas sociales, y sentimos la necesidad de mirar hacia dentro, de contar nuestras propias vivencias. Pensamos en colaboraciones, pero aquí dijimos que, finalmente, solo cabíamos nosotras y las pandereteiras. Aunque, puestos a pensar en una colaboración soñada, para mí sería con Rosalía. Me encanta la Rosi.


“La tradición es como mamá y papá. Es el lugar al que vuelves para sentirte arropada, para entender quién eres. Cuando pierdes eso, te desorientas. Es como quedarte sin referencias. ¿De dónde vienes? ¿Quién eres?”

Sabela Maneiro


¿Qué significa la tradición para vosotras?

Sabela: La tradición es como mamá y papá. Es el lugar al que vuelves para sentirte arropada, para entender quién eres. Cuando pierdes eso, te desorientas. Es como quedarte sin referencias. ¿De dónde vienes? ¿Quién eres?

Olaia: Para nosotras es algo muy profundo, casi primitivo. Es una base emocional y cultural que lo sostiene todo. Es algo fundamental. En especial cuando tienes una cultura y una lengua propias. Hemos visto gente que se siente perdida, desconectada, y cuando encuentra ese lugar al que pertenece, todo cambia. Nosotras lo tenemos muy claro: Galicia es nuestro sitio. Y eso nos da estabilidad, identidad y también una forma de entender el mundo.

Yendo a los temas del disco, hablemos de “todo amaina”, que para mí es el hit. Hay, parece, un recordatorio para vosotras mismas, el “también esto pasará” que escribió como mantra Milena Busquets. ¿De dónde sale esa canción?

Aida: “todo amaina” viene de un momento especialmente duro para nosotras. Veníamos de un par de años muy complicados a nivel personal, profesional y también como grupo. Era una etapa en la que todo parecía encadenarse: cuando salías de un problema, entrabas en otro. Cuando escribimos la canción, teníamos la sensación de que por fin estábamos saliendo de todo eso, de que esa etapa se estaba cerrando. Pero la realidad fue que poco después volvimos a entrar en otro periodo complicado, y eso también hace que la canción tenga esa carga emocional.

De Galicia al mundo.
De Galicia al mundo.

Misma carga que percibo en “chorar chorei”.

Sabela: “chorar chorei” nace en un momento muy concreto y bastante importante para nosotras, que es todo lo que vino después del Benidorm Fest. Fue una etapa muy intensa, muy rápida, en la que pasaban muchísimas cosas y no había apenas espacio para parar y procesar.

Olaia: De hecho, nos dimos cuenta de algo bastante fuerte, y es que durante todo ese proceso nunca nos sentamos las tres a preguntarnos de verdad cómo estábamos. Todo iba tan deprisa que simplemente íbamos sobreviviendo a lo que venía, sin tiempo para digerirlo.

Aida: Cuando nos sentamos a escribir la canción, la idea fue precisamente esa: abrir ese espacio que no habíamos tenido antes. Hablar de lo que sentíamos, de ese momento después de la vorágine en el que, cuando todo baja un poco, empiezas a notar el peso de lo vivido.

Sabela: Pero también había algo importante: en ese momento todavía había una herida que no estaba cerrada. Incluso había cierta resistencia a mirarlo de frente, porque dolía. No era un momento cómodo emocionalmente, y la canción también refleja eso, esa mezcla entre necesidad de hablar y dificultad para hacerlo.

Como decíais, está claro que hay una mirada hacia el interior, hacia vuestra intrahistoria como banda...

Olaia: Nosotras mismas sentimos que es como una especie de diario. No solo para el público, sino también para nosotras. Es una forma de ordenar lo vivido, de ponerle palabras a cosas que a veces no habíamos procesado del todo. Con él confirmamos que, por encima de todo, está la salud de las Tanxugueiras. Incluso por encima de lo individual. Así tu bienestar va a estar adaptado al grupo.

Aida: Es un disco más íntimo, más personal, incluso más melancólico en algunos momentos. También tiene que ver con que, con el tiempo, vas cambiando la forma en que te expresas y entiendes la música.


“En la música tradicional gallega no existe el concepto de estribillo como en el pop. Lo que existe más bien es algo parecido a un mantra, una repetición que tiene un sentido emocional más que estructural. Entonces, cuando trabajamos con productores o con gente que viene de otros géneros, muchas veces nos preguntan: ‘¿Dónde está el estribillo?’”

Sabela Maneiro


Al oír los temas, es cierto que la métrica rompe un poco con la norma. Parecen escasear, como tal, los estribillos, que muchas veces son el verso.

Sabela: En la música tradicional gallega no existe el concepto de estribillo como en el pop. Lo que existe más bien es algo parecido a un mantra, una repetición que tiene un sentido emocional más que estructural. Entonces, cuando trabajamos con productores o con gente que viene de otros géneros, muchas veces nos preguntan: “¿Dónde está el estribillo?”. Y a veces ni nosotras mismas lo tenemos claro en el proceso creativo.

Aida: Después sí lo construimos, porque también entendemos que hay una parte de la música que tiene que ser coreable, que la gente pueda cantar y reconocer fácilmente. Pero durante la creación, nuestro enfoque no parte de ahí, sino de las estrofas y de la narrativa.

Parece que tenéis bastante claro el lugar de cada una en la banda.

Olaia: Aida ocupa el lugar más creativo musicalmente. Es muy rápida. Demasiado rápida. Hay veces que tengo que decirle: “Quiero hacer esto”, porque ella ya lo entendió antes que nadie. A nivel artístico es de las mejores que conozco. Coge un instrumento y te lo toca. Tiene un gusto muy personal y muy bonito para hacer las cosas.

Sabela: Olaia, en cambio, es el alma mater del grupo. Lee muchísimo y tiene una forma muy bonita de escribir letras. Es el pegamento. La que nos une a todas. Sin Olaia, Aida y yo en la primera discusión nos separaríamos. Además, lleva muchísimas cosas organizativas: vestuario, maquillaje, logística…

Aida: Y Sabela, aparte de ser una artista como la copa de un pino, hace la parte burocrática y es un coco andante. Todo lo tiene estructurado: lo legal, las cuentas, qué se necesita, qué no. Sin ella estaríamos en números rojos y haríamos cualquier cafrada sin pensarlo. Es nuestro salvavidas organizativo.

Un trío bien conjuntado.
Un trío bien conjuntado.

¿Os costó entender esos roles dentro del grupo?

Olaia: Sí, porque al principio todas estamos buscando nuestro sitio. Hubo incluso comentarios muy desafortunados desde fuera. A una de nosotras le dijeron algo así como: “Todos queremos ser Messi, pero a veces hay que ser Pepe Reina”, refiriéndose a que Aida era la estrella.

Sabela: Eso duele muchísimo porque reduce a las personas a una jerarquía absurda. Y además crea una tensión horrible dentro del grupo. Nosotras no lo vivimos así. Cada una tiene un papel imprescindible. Si falta una, el grupo se desmorona.

A modo de colofón, el 17 de octubre volvéis a actuar en el Coliseum de A Coruña, tras vuestro sonado concierto del l6 de diciembre de 2023. ¿Qué significa para vosotras regresar ahora a ese escenario, con este nuevo disco?

Olaia: El primer Coliseum fue impresionante, pero también muy duro. Era la primera vez que un grupo en gallego llenaba un recinto así y sentíamos que media Galicia estaba mirando. Pero nosotras estábamos muy disociadas. Veníamos de una etapa frenética, con muchísima exposición después del Benidorm Fest, y había tanta presión y tantas expectativas que salimos a cantar la primera canción temblando. Yo recuerdo querer llorar desde el minuto uno.

Aida: Por eso volver ahora tiene otro sentido. Esta vez es una decisión mucho más consciente. Queremos devolverle esa fecha a la gente que la vivió con tanto amor, pero también devolvérnosla a nosotras mismas para poder vivirla de verdad, sin esa sensación de estar fuera del cuerpo.

Sabela: Nosotras no aspiramos a la hiperfama ni a vivir pendientes de que se metan en nuestra vida privada. Lo único que queremos es vivir dignamente de la música. Y si mañana hubiera que empezar otra vez desde cero, lo haríamos: volveríamos a tocar por un chupito, a pasar horas en la furgoneta. Porque todo esto nació de una manera muy orgánica y sigue teniendo exactamente el mismo sentido para nosotras. ∎

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