¿Alguna vez te has preguntado dónde acaban todos los residuos que se producen en un festival? ¿O a dónde van todos los litros de aceite de cocina usado que generan los
food trucks, por ejemplo? ¿O de dónde sale la energía que alimenta todos los escenarios, las instalaciones o los accesos? Son preocupaciones que han estado en la agenda de muchísimos artistas desde hace años, y que han ido evolucionando según cambiaba el consumo de música y se extendía la sensibilidad por el medio ambiente. Las distintas promotoras de festivales persiguen incorporar nuevas soluciones de energía con baja huella de carbono con el objetivo de generar un impacto positivo en lo social y en lo ambiental. Una apuesta que además permite mejorar la rentabilidad de los eventos gracias a la reducción de residuos, la optimización de los recursos y la mejora de su eficiencia.
Es, también, una exigencia del público, que no solo elige a los festivales por la proporción de artistas favoritos, sino por una identificación en valores: el oyente de música es, por lo general, consciente, y premia con su fidelidad a aquellos que demuestran un compromiso con la transición energética.
“elrow ya tenía un compromiso inquebrantable en este aspecto, en vista del enorme crecimiento que hemos tenido en los últimos años”, recuerda
Vicenç Martí, director de la mítica fiesta internacional que coorganizan con la familia Arnau (Monegros). A través de un ambicioso plan de sostenibilidad liderado por Romina Río –la encargada de un departamento creado específicamente para esto–, asumen lo que consideran, más allá de una necesidad o una obligación, una
“responsabilidad dentro de la industria”: reducir la huella de carbono de los macroeventos musicales.