Entre tinieblas. Foto: Jake Owens
Entre tinieblas. Foto: Jake Owens

Entrevista

A.A. Williams: dialogando con la sombra interior

La artista británica regresa a España con un set en directo muy representativo de su peculiar aleación de folk etéreo con guitarrazos contundentes, dentro del marco de su nuevo tour europeo. En las tres paradas que tiene en su ruta en febrero –Barcelona (11), Madrid (12) y San Sebastián (15)– va a recuperar canciones emblemáticas de su discografía como “Melt” o “Control” y estrenará una nueva composición. Hablamos con ella sobre su proceso creativo, su sentimiento de pertenencia al ámbito musical y cómo ha logrado forjar un estilo singular que infiltra sensibilidad y vulnerabilidad en el templo pétreo de la música pesada.

Sabemos que A.A. Williams recibió una formación clásica en el chelo y que en su juventud era fanática de bandas como Rage Against The Machine y los Deftones. Nada de esto, sin embargo, resulta evidente de inmediato al escuchar su música, donde ha conseguido establecer un estilo bastante propio que entremezcla las sensibilidades serenas propias de una cantautora sombría con la densidad instrumental del post-rock y la potencia catártica del post-metal de la escuela Neurosis. Estas dinámicas están presentes aunque con un nuevo giro en su reciente canción “Just A Shadow” (publicada en diciembre pasado), cuyas letras, relativamente abstractas, nos hacen pensar en el concepto junguiano de la “sombra interior”. “Creo que siempre ha formado parte de mi”, nos cuenta sobre su sombra. “En mi caso se manifiesta de muchas maneras distintas y, si bien siempre he sido consciente de ella, de cómo estamos entrelazadas, ahora tengo la sensación de que finalmente estoy aprendiendo a manejarla y orientar mi vida en respuesta a ella”. Su presencia, que es “familiar, aunque no siempre amable”, le genera la siguiente pregunta: “Si no estuviera ahí, ¿la echaría de menos?”.

Musicalmente, el tema quizá sorprenda a algunos fans por su clara orientación pop en los estribillos, una sensibilidad que, sin embargo, se construye sobre su habitual pesadez sónica en vez de sustituirla o sacrificarla. La pista, explica Williams, empezó como una maqueta radicada en las partes de piano rítmico. “Quería jugar con una instrumentación más minimalista en los versos para que la voz fuera el foco principal”, afirma. Aunque el compás de la composición es complejo, “no circula contenido melódico adicional que pueda distraer la atención del oyente”. Los estribillos, por su parte, presentan “un contraste entre ese estilo vocal ligeramente hablado” y líneas melódicas más cantadas. Dice disfrutar mucho de esos cambios de textura, porque le permiten jugar con los arreglos y sus tonalidades. La canción es fruto de una tendencia habitual en ella –“No solo querer testar ideas, sino también esforzarme para mejorar mis aptitudes compositivas”– y podría revelar un primer paso hacia la exploración de nuevos caminos, tanto a nivel sonoro como temático.

“Just A Shadow”, vídeo realizado por Costin Chioreanu.

Hablando de nuevas direcciones, han pasado tres años desde tu último disco, “As The Moon Rests” (2022). ¿Cómo funciona en general tu proceso de composición, en términos de costumbres y ritmos? ¿Varía de forma significativa entre una etapa u otra?

Mucho me temo que las respuestas que puedo ofrecer sobre este tema son bastante aburridas. El factor principal es la disponibilidad. Admito que me resulta difícil concentrarme en componer cuando estoy de gira, necesito períodos de tranquilidad para tomarme mi tiempo y dar forma a las ideas. Sí, haga lo que haga siempre me rondan bocetos y conceptos por la cabeza y a menudo tomo nota para dejarlos por escrito, pero debo hallar el espacio necesario para explorarlos a fondo, para dedicarme a ellos y solo ellos. Me encanta el proceso de sentarme a pensar en canciones y ojalá pudiera destinarle más tiempo, que, en mi caso, es todo un lujo.

¿Cuáles dirías que son las contraposiciones que te definen como artista, ya sea como compositora o como intérprete? Por ejemplo, una de tus primeras canciones abordaba el concepto de control y, aunque alude a él en un sentido psicológico o emocional, también podría extenderse a aspectos concretos del propio proceso de creación musical.

Siento las emociones de una manera muy intensa, pero, por alguna razón, no siempre me resulta pragmático expresarlas verbalmente. Quizá sea un proceso de inhibición autoimpuesta, quizá es porque no me siento segura, quizá es porque no hay nadie a quien decírselo o porque a veces resulta imposible decirle la verdad a alguien... Eso puede desembocar en la sensación de que todas esas emociones y energías siguen acumulándose en mi interior mientras hago todo lo posible por mantenerlas bajo control. Diría que esto se manifiesta en mi obra a través de distintos contrastes texturales: luz y oscuridad, contención y libertad, suavidad y aristas afiladas. Todo ello representa una especie de restricción, mientras que por debajo laten emociones incómodas que no sé muy bien cómo gestionar.

Etérea y firme. Foto: Jake Owens
Etérea y firme. Foto: Jake Owens

Tu formato en directo ha ido cambiando a lo largo de los años. Teniendo en cuenta el detallismo y la complejidad de tu música, debe de ser todo un reto recrearla en vivo. ¿Cómo afrontas esa adaptación a los escenarios?

Siendo sincera, en realidad no me ha resultado excesivamente difícil trasladar mi música al formato concierto, algo de lo que estoy agradecida. Sí, hay muchos elementos en las pistas de estudio, pero he tenido la suerte de dar con compañeros de banda increíblemente mañosos y sabios. No solo pueden interpretar a la perfección esas canciones en directo, también proponen soluciones muy creativas a cualquier problema de adaptación que pudiera surgir. Por supuesto, hay diferencias inevitables en los arreglos, pero nunca pensé que el directo tenga que ser una réplica exacta de las grabaciones. Estos pequeños contrastes no solo demuestran nuestro carácter humano, sino que además hacen que los conciertos se sientan especiales al tratarse de interpretaciones que emanan una energía distinta.

Cuando escuchamos tu álbum de debut de 2020, “Forever Blue”, a muchos nos cautivó cómo los elementos oscuros del folk podían coexistir de manera tan orgánica con las cimas instrumentales más frías de los crescendos de guitarra del post-rock y metal. ¿Has sido consciente de forjar un estilo propio?

No era algo en lo que pensara en absoluto cuando empecé a componer, honestamente. Supongo que, quizá de forma inconsciente, armé algo que contenía todos los elementos sonoros que me gustaban, sin plantearme si era algo que otros estuvieran haciendo. Me alegra que esa combinación de influencias haya conectado con la gente y también me satisface que siga funcionando para mí. Nunca debería darse por sentado que lo primero que intente una artista acabe dejando huella, tanto en el público como en ella misma, así que me enorgullece que todavía siga siendo el lenguaje que considero más adecuado para expresarme.

“Siento las emociones de una manera muy intensa pero, por alguna razón, no siempre me resulta pragmático expresarlas verbalmente. Quizá sea un proceso de inhibición autoimpuesta, quizá es porque no me siento segura, quizá es porque no hay nadie a quien decírselo o porque a veces resulta imposible decirle la verdad a alguien... ”

Hay quienes argumentan que ha surgido una categoría de “cantautoras oscuras” como Emma Ruth Rundle, Chelsea Wolfe o Darkher que, pese a tener voces y estilos francamente distintos, comparten una sensibilidad similar y ciertos sectores del público. ¿Qué opinas sobre ese tipo de categorización?

Me alegra que hayas señalado nuestras diferencias. Por supuesto, no puedo saber qué opinan esas otras artistas, pero personalmente me siento un poco frustrada cuando tengo la sensación de que prefieren clasificarnos más por nuestro género que por nuestra obra musical. Sin embargo, hay una suavidad en algunas partes de lo que hacemos y cierta disposición a mostrarnos vulnerables en ocasiones. Me pregunto si es un factor que contribuye a que se nos agrupe de esa manera. No puedo decir si ellas lo hacen de manera deliberada o no, pero en mi caso la intención siempre ha sido presentarme de forma sincera. Soy una persona emocional y digo las cosas tal como son. Y creo que, por la razón que sea, la autenticidad que transmito en mis letras y esa disposición a mostrar sentimientos de manera cruda parece haber conectado con gente diversa. Quizá esto sea algo que sucede con todas nosotras: en la escena de la “música pesada” a veces no es tan fácil encontrar suavidad o ternura. Creo que el público se ve reflejado en esa vulnerabilidad no tan habitual en ese circuito, y eso genera un vínculo especial.

Sombras de metal. Foto: Jake Owens
Sombras de metal. Foto: Jake Owens

Mencionas la escena de la “música pesada”. Recientemente, fichaste para Reigning Phoenix, un sello bastante nuevo pero de catálogo potente centrado en ese tipo de sonidos. Y has participado en algunos de los festivales más famosos del mundillo: Hellfest, Download o Damnation. En julio tocarás en España en el Resurrection Fest. ¿Te sientes a gusto como partícipe de la música metal, miembro de una comunidad metalera, o crees que es un término demasiado amplio?

Sí, siento que ese entorno es mi hogar, ya que, a fin de cuentas, he formado parte de él desde que era muy joven, primero como oyente y luego como asistente a conciertos. Ahora, al crear mi propia música, estoy contentísima de haber sido bienvenida en esa comunidad. Sé que lo que hago no son guitarras completamente distorsionadas, riffs a todo trapo y voces virulentas, pero creo que dentro de ese mundo de la música pesada hay un espectro muy amplio, tanto de estilos como de fans, por lo que me siento honrada de tener un hueco ahí. Aplaudo que los programadores de esos festivales sean de mente abierta y tengan en cuenta esta variedad de sensibilidades a la hora de armar los carteles. Creo que las tensiones que ofrece mi música, entre la pura potencia-volumen y la delicadeza-suavidad, contrastan muy bien en directo con artistas más tradicionalmente pesados o extremos.

Tu primer concierto fue en el mítico festival Roadburn, en 2019, justo cuando tu carrera empezaba a despegar con bastante rapidez. Y entonces llegó la pandemia, que fue especialmente castigadora para los profesionales de la música. Ahora que ya han pasado los años y tenemos más perspectiva, ¿cómo evalúas ese extraño comienzo? Para muchos hubiera sido difícil o desalentador, pero parece que lograste gestionarlo bastante bien.

Fue un comienzo extraño, sin ninguna duda. En esa primera etapa de mi carrera lo que más me preocupaba era que, si no lanzaba mi primer álbum lo antes posible (salió en julio de 2020), perdería todo el impulso que había generado hasta ese momento, tanto el mío propio como de cara al público potencial. Por supuesto, el lanzamiento quedó afectado por las circunstancias. No pude salir de gira de inmediato ni hacer presentaciones en tiendas, pero creo que supimos –mi equipo y yo– hallar otras soluciones, ya fuera perfeccionando todo el trabajo promocional en línea o dedicándome a realizar un disco de versiones (se refiere a “Songs From Isolation”, publicado por Bella Union en 2021). Esto último no solo me proporcionó algo saludable en lo que concentrarme en esos tiempos de incertidumbre, sino que también me ayudó a obtener un poco más de visibilidad entre el público. Si lo contemplo retrospectivamente, no sé cómo habría manejado un momento como ese en otro punto de mi carrera, quizá habría explorado otras vías. Pero teniendo en cuenta que me estaba iniciando en el mundo de la música y apenas comenzaba a conectar con la gente, creo que aproveché de la mejor forma posible el tiempo durante esa época tan desafortunada. ∎

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