Llegar a Barcelona no había sido fácil, el viaje desde Turín resultó algo más complicado de lo esperado, equipaje extraviado incluido. Cansado después de un día ajetreado y tras una excelente actuación en formato dúo junto con Max Knouse, Tim Rutili, eje central y motor creativo de Califone, nos recibe amablemente en los camerinos de Casa Montjuïc. Tras casi treinta años en activo, esta ha sido su primera visita a la Ciudad Condal. “No recuerdo haber tocado nunca en Barcelona. ¿Quizá en el Tanned Tin?, ¿dónde fue ese festival?”, pregunta. El recuerdo de su paso por la cita castellonense en 2007, compartiendo escenario con un apabullante cartel que también incluía a Deerhunter, The Sea And Cake, Chris Brokaw con Geoff Farina o Grouper, entre otros, se cruza en la búsqueda, infructuosa, de la memoria de una visita anterior.
Rutili comenzó su andadura a principios de los años noventa con Red Red Meat, grupo con el que, partiendo del rock alternativo e influenciado por el blues de su ciudad, Chicago, empezaría rápidamente a explorar los límites entre el rock, el folk, el blues y la experimentación. Tras la disolución de la banda, Tim dio forma a Califone para seguir adentrándose en esa zona difuminada, deconstruyendo estilos y etiquetas a su paso. Álbumes como “Heron King Blves” (Thrill Jockey, 2004) y “Roots And Crowns” (Thrill Jockey, 2006) lo afianzaron en su condición de explorador y deconstructor de los márgenes del folk-rock y la americana.
Artista multidisciplinar, Tim compone, escribe, pinta, dirige... Un ejemplo de su versatilidad es el proyecto “All My Friends Are Funeral Singers”, que consta de un álbum de Califone publicado en 2009 y una película complementaria al disco producida en 2010, con la que Rutili debutó como director. Con una carrera plagada de destacadas grabaciones y colaboraciones con otras bandas –ha teloneado en muchas ocasiones a Wilco o Modest Mouse, entre otros, y formó parte del supergrupo Ugly Casanova junto con Isaac Brock (Modest Mouse), Paul Jenkins (The Black Heart Procession) y Brian Deck (antiguo compañero en Red Red Meat y colaborador habitual en Califone)–, sus últimos discos, “Villagers” (Jealous Butcher, 2023) y “The Villager’s Companion” (Jealous Butcher, 2024), lo muestran en plena forma. Si tienen alguna duda, recomiendo escuchen la barbaridad de “The Habsburg Jaw” o “Burn The Sheets, Bleach The Books”, por poner solo dos ejemplos.
Publicaste “Villagers” hace tres años y “The Villager’s Companion” al año siguiente. ¿Cuál es la historia detrás de este disco “compañero”?
Cuando estábamos trabajando en “Villagers” teníamos muchas canciones. Algunas de las ideas iniciales acabaron dando pie a nuevos temas, pero no encajaban en el álbum, no funcionaban dentro de la secuencia de “Villagers”. Más tarde volví a revisar todo ese material y vi que tenía sentido como un disco independiente, así fue como terminó convirtiéndose en “Companion”.
¿Todas las canciones pertenecen a ese mismo período?
Sí, exactamente: son de ese momento, algunas incluso de un poco antes de “Villagers”.
Después de escribir esos temas, ¿en qué te has centrado? ¿Has seguido componiendo o desarrollando otros proyectos?
He hecho bandas sonoras para unas seis películas. He estado intentando ganarme la vida y pagar las cuentas. También he seguido tocando en algunos conciertos. No he escrito demasiadas canciones nuevas; he compuesto algo, pero en su mayor parte ha sido trabajo para el cine.
No he visto información sobre esas bandas sonoras en tu web.
No suelo mencionarlas en mi web. Los considero simplemente trabajos alimenticios, como cualquier otro empleo. Aunque pronto saldrá el disco de una banda sonora.
Te lo decía porque con Califone has interpretado en directo la banda sonora de “El color de la granada”, la película de Sergei Parajanov de 1969, en varias ocasiones los últimos años. ¿Has pensado alguna vez en publicar esa grabación?
Lo hemos pensado, e incluso está grabado. No sé qué haremos con ello. Quizá lo publiquemos, quizá no. Creo que antes de sacar cosas más experimentales o improvisadas quiero escribir buenas canciones para Califone. Prefiero que el próximo paso sea un disco de canciones con la banda. Aunque también he empezado a grabar algunos trabajos con amigos, en distintos proyectos.
Entonces, ¿estás pensando en un nuevo disco de Califone?
Sí, eso es lo que tengo en mente ahora.
Además de dedicarte a la música, tienes otras inquietudes artísticas. ¿Qué más has estado haciendo últimamente?
He estado dedicándome un poco a la escritura, intentando rodar otra película, ojalá pueda filmar otra pronto. También pinto mucho. Y he estado componiendo bandas sonoras para películas como fuente de ingresos. Algunas me gustan mucho; otras, como te he dicho anteriormente, son simplemente encargos.
Califone ha sido siempre tu proyecto personal, pero habitualmente hay muchos implicados.
Sí, es así, pero el grupo en directo se está convirtiendo en algo cada vez más sólido. Y sé que cuando tenga canciones y vaya a grabar un disco todos van a participar, me encanta tocar con esta banda en particular.
Ahora mismo, ¿cuál es el núcleo de Califone?
Rachel Blumberg, la batería, lleva muchísimo tiempo con la banda. Ha sido nuestra baterista principal durante más de diez años, es fantástica. Max Knouse toca la guitarra; es un músico extraordinario, un compositor increíble. Es joven, prolífico, y necesita grabar sus propios discos. Pero me encantaría que siguiera participando también en el próximo trabajo de Califone. Luego está Bradley Dumovic, Brad, al bajo. Y en la percusión está Ben Massarella, con quien toco desde que era adolescente; tocábamos juntos en Red Red Meat. Ben entra y sale de la formación según su disponibilidad, ya que también toca en Modest Mouse. Así que, cuando puede, se suma. Y cuando no está, lo sustituye Joe Westerlund. Hay bastante gente implicada actualmente.
En 2024 volviste con la banda a tocar por aquí (Sant Feliu de Guíxols, Vic y San Sebastián) después de mucho tiempo sin visitarnos. Ahora has regresado, esta vez en formato dúo. Viendo el concierto de hoy, la supuesta limitación de ser solo dos se convierte en algo más abierto...
Cada vez que utilizas una configuración diferente se abren nuevas posibilidades. En este caso, propicia adentrarse en los espacios, dejando que los ritmos respiren y cambien. Sobre todo, permite jugar con los espacios vacíos y explorar el sonido de otra manera, igual con el ritmo. Me gusta mucho tocar así, aunque igualmente disfruto al hacerlo con la banda completa. Pero, evidentemente, es muy diferente. Es bueno abordar las canciones desde diversas perspectivas, eso hace que se mantengan vivas.
Durante la pandemia empezaste a tocar versiones. ¿Qué te aportó esa experiencia? ¿Influyó de alguna manera en tu forma de componer?
Sí, me ayudó muchísimo. No me estaba gustando demasiado lo que estaba escribiendo en aquel momento, así que aprender esas canciones, tocarlas y grabarlas me devolvió las ganas de trabajar de nuevo, me hizo querer volver a componer. Hace años me pasó algo parecido: estaba bloqueado, no podía escribir ni hacer nada. Y entonces un amigo me pasó “The Orchids”, de Psychic TV, en un CD recopilatorio. Escuchar esa canción hizo que recuperase la creatividad. Al final, todo lo que escuchamos nos transforma. Y, en ocasiones, aprender canciones ajenas nos empuja a probar caminos distintos en nuestra propia escritura. A veces es justo eso lo que hace falta.
Vivimos una explosión de las nuevas tecnologías, la Inteligencia Artificial. Bromeabas sobre estos temas durante el concierto, ¿cómo vives todos estos cambios?
Intento no obsesionarme ni dejar que me asuste demasiado, aunque lo cierto es que da miedo. Yo, por ahora, no he usado la IA, ni siquiera Chat GPT. No lo he probado ni he jugado con ello. No sé si puede mejorar algo, creo que incluso podría empeorarlo, aunque no lo sé. En el ámbito musical, a menudo parece una tontería, cada vez que he oído música generada por IA –por ejemplo, en un restaurante– inmediatamente me pregunto: “¿Eso es música hecha por IA?”. Y suena mal, el resultado no suena bien. Así que no lo sé. Aunque en el fondo la IA ya esté presente en el proceso de grabación, en las herramientas. Hay plugins en Pro Tools que emplean tecnología de IA para anticipar sonidos, efectos o reverberaciones... Es decir, ya está ahí. Pero nunca he llegado al punto de decir: “Eh, IA, escríbeme una canción” o “dame diez canciones”. Eso no lo he hecho y tampoco entiendo por qué alguien querría hacerlo. Tampoco comprendo por qué hay gente que genera libros con IA, subiendo miles a Amazon y tratando de ganar dinero engañando a quien no lo nota. No entiendo cómo alguien puede pensar en hacer eso, ni por qué querría poner algo así en circulación, pero supongo que ese es el mundo en que vivimos.
Cómo músico independiente que lleva desde los años noventa trabajando, ¿qué piensas de la evolución de la música y su industria y cómo has convivido con ella?
Creo que hacer música es, para mí, una actividad profundamente interna. Gran parte de mi proceso consiste en alejarme de todo eso, desconectarme de todo lo externo. Necesito concentrarme, adentrarme en mi interior para crear música, arte o cualquier otra cosa. Soy introvertido. La cultura musical, en ese sentido, no me interesa demasiado. No necesito formar parte de ella, no necesito pertenecer a nada. Probablemente por eso mi música no es muy popular: porque nace desde dentro, desde la exploración de mi propia identidad y de mi cuerpo. De eso se trata, para mí. Así que paso de todo eso. Eso es lo que pienso. ¿Y cómo he sobrevivido? No lo sé. Simplemente continúo adelante porque no imagino a qué otra cosa podría dedicarme. Es lo único que siento de verdad que quiero hacer. ∎