Llueve a mares media hora después de terminar el concierto. El Kafe Antzokia de Bilbao no tiene puerta trasera, así que los músicos salen hasta la furgoneta pasando entre los últimos rezagados que, cobijados en el vestíbulo, comentan la jugada. De pronto, solo, ayudado únicamente por su bastón, sale Edwyn Collins. Un par de fotos con unos fans y se dirige a la furgoneta ajeno al chaparrón. Una chica le hace un pequeño palio con su cazadora para protegerlo, un humilde honor para despedir a esta leyenda de minorías. Bilbao no suele ser tierra para profetas del pop más elegante y menos un miércoles, como demuestra la media entrada, unas 300 personas, que registra la sala en el arranque del concierto. Público de una edad más que madura. Quizá los más jóvenes en el recinto sean los miembros de la banda telonera, Glass Cheques, que están en su treintena. Provenientes de Glasgow, practican un indie rock aguerrido de influjo noventero con estribillos coreables por estibadores del puerto a la vera del río Clyde. Su única relación con la música del flautista mágico del pop está claro que es geográfica.
A los afortunados que consiguieron ver a Edwyn Collins en sus anteriores visitas a Euskadi –San Sebastián en 2013 y Bilbao en 2016– ya no les sorprende presenciar su salida al escenario con notorias dificultades motoras, secuelas de los devastadores ictus que casi le tumban allá por 2005. Tras tomar asiento y pasar página en su atril, saluda rápidamente y presenta “Falling And Laughing”, nada menos que el primer single de Orange Juice, escogida como tema de apertura de “You Can’t Hide Your Love Forever” (1982), el debut en largo de la banda escocesa. El tema suena bastante fiel a la versión original, si bien parece faltar algo de cuerpo en los graves y notarse ligeramente que los músicos provienen de bandas de otros estilos de música: Sean Read (teclados) y Andy Hacket (guitarra), de The Rockingbirds; Carwyn Ellis (bajo), de Colorama; Patrick Ralla (guitarra), de The Hanging Stars; más Jake Hutton a la batería. Sin lugar a comentarios acometen “Dying Day”, de aquel primer disco de Orange Juice. La voz de Edwyn mantiene su tono grave y entra a tiempo y fiel a la melodía, pese a los visibles esfuerzos que denota su rostro al cantar. Dicho ahínco confiere una intensidad especial a las interpretaciones, que emocionan por momentos. En los pasajes instrumentales, una perenne sonrisa y una mirada intensa sobre el público le confieren un aura de sabiduría y confianza. En un set de hora y cuarto recorriendo una carrera como la del escocés no hay tiempo para el relleno, y en la gloriosa “Make Me Feel Again”, de su más logrado álbum en solitario, “Gorgeus George” (1994) –el LP más representado de la noche junto con la citada ópera prima de su cítrico grupo, ambos con cuatro temas–, la banda parece sentirse más a gusto y en sintonía con la música de Collins.
No deja de ser curioso que, pese a la alta valoración de sus cinco últimos trabajos –realizados tras su esforzada recuperación– y sus declaraciones de querer seguir publicando música, solo interpretara cuatro canciones de esta etapa. Además del estribillo soul de “Knowledge”, del todavía reciente “Nation Shall Speak Unto Nation” (2025), tocó la serena “The Wheels Of Love” de “Hope And Despair” (1989), su estreno por cuenta propia. También la sentida y sobria “Home Again”, de “Home Again” (2007). Y hubo espacio para el luminoso pop de “In Your Eyes”, incluida en el sensacional “Losing Sleep” (2010), en la que su hijo William hizo las partes que Jonathan Pierce de The Drums registró en la grabación original.
El público, ya entrado en calor, celebró que Edwyn decidiera acometer de pie el último tramo del concierto antes de los bises, para interpretar tres piezas mayores: el bailable pop funky de “Rip It Up”, la vivaz “Don’t Shilly Shally” –su primer single en solitario– y, como dice la gente que va a los conciertos conociendo una sola canción del artista, “la buena”, en este caso la imperecedera “A Girl Like You”, que sonó contundente y precisa y sirvió para el lucimiento de Patrick Ralla en su tramo final.
Tras descansar cinco minutos, regresó íntimo con la sublime “Low Expectations” y la citada “Home Again”, y dio carpetazo al bolo con dos muestras del dinámico pop de Orange Juice: “Felicity” y “Blue Boy”. Cerraba así el círculo en una noche tan especial. Como solo tocó 17 temas de entre todo su brillante repertorio, no es extraño que alguno echara de menos monumentos como “Consolation Prize”, “I Can’t Help Myself” o “A Place In My Heart”, pero tampoco hay que abusar. Lo ofrecido cundió y Collins tiene por delante una extensa gira por nuestro territorio este mes de mayo: San Sebastián (1), Zaragoza (2), Valencia (3), Barcelona (5), Madrid (6), Sevilla (7), Cádiz (8), Santiago de Compostela (10) y Ourense (11). ∎