La reina de Oaxaca. Foto: Alfredo Arias
La reina de Oaxaca. Foto: Alfredo Arias

Entrevista

Lila Downs: “Mi abuela fue una campesina que no sabía leer ni escribir, y conozco a muchas mujeres así que son esenciales”

La cantautora mexicana vuelve este mes a España para presentar su nuevo álbum, estupendo “Cambias mi mundo”, en cuatro festivales. Conversamos con ella en Madrid sobre algunas de las principales claves que esconde esta nueva colección de canciones.

En la suite del lujoso hotel que acogerá nuestro encuentro con Lila Downs se impone una estudiada neutralidad de líneas y colores, un consenso de pulcritud y funcionalidad fabricadas en serie para conjurar la temida amenaza de la diferencia. Cuando la cantante, compositora y activista mexicana traspasa el soleado umbral de la estancia envuelta en su vestido fucsia –estamos a mediados de junio y Madrid, cada vez más desnudo de arboleda en sus plazas, nos cocina a fuego alto–, el espacio se refresca con una poderosa carga de iones negativos que pone en evidencia al aire acondicionado y su triste runrún.

Downs ha venido a España para hablar de su nuevo álbum en estudio, “Cambias mi mundo” (Sony, 2026), que va a presentar este mes de julio en el Festival d’Estiu de Tarragona (18), el festival La Mar de Músicas de Cartagena (20), el ciclo Veranos de la Villa de Madrid (22) y el festival Orballo Cultura de Santiago de Compostela (24). Pero la conversación da para mucho más. Dice sentirse bendecida por España desde siempre y celebra –como abanderada de los sonidos regionales de su país a lo largo de los tres últimos decenios– que artistas como Bad Bunny hayan completado un giro hacia su propia tradición musical multiplicando su alcance entre el gran público. Para Rosalía también tiene halagos: “Ella ha retomado la raíz de otra forma, no ha tenido que ser flamenca para poder hacer flamenco. Ya vamos abriéndonos a ello y a mirar hacia la importancia de nuestra raíz y de nuestra identidad. Como artista creo que es muy privilegiada. Me encanta su timbre de voz, que es muy agudo, y su manera de cantar con mucho aire, y suave. Eso es tan diferente para el flamenco… Y ella se pone en el Logic, se pone a trabajar sus ‘loops’ y sus rollos en la ‘compu’. Y eso es bien lindo verlo. Como mujer, me encanta”.

Pero, como decíamos, la excusa para entablar conversación con la de Oaxaca, que en septiembre cumplirá 58 años, es el álbum recién publicado que engrosa una discografía muy amplia, en la que encontramos cancioneros impelidos por la tragedia migratoria que no cesa como “Border. La línea” (Narada World, 2001), trabajos de catarsis etílica en clave ranchera como “La cantina. Entre copa y copa…” (Narada World, 2006), ejemplares ejercicios de sincretismo con colaboraciones de postín como “Ojo de culebra” (Manhattan, 2008), directos cañón como “Lila Downs y la Misteriosa en Paris. Live à FIP” (World Village, 2010) y discos de latido panamericano tan redondos como “Balas y chocolate” (Sony, 2015).

Así, “Cambias mi mundo” se integra en el conjunto de esta obra sin holgura, ampliando el protagonismo compositivo de la artista y marcando distancias formales y también anímicas con respecto a su anterior entrega, “La Sánchez” (Sony, 2023). Esto es lo que más sorprende de entrada, cuando abordamos unas primeras escuchas que terminan convirtiéndose en muchas más.

El valor de la educación. Foto: Alfredo Arias
El valor de la educación. Foto: Alfredo Arias
En “Cambias mi mundo” hay un tono y un ambiente general diferente respecto a tu anterior disco.

Sí, sí.

¿Esto responde a una decisión puramente estética o a una necesidad más personal o vital?

Sí, creo que estaba lista para hacer algo más acústico y más natural. Sí… natural.

¿En qué sentido?

Natural y musical, ¿no? A veces se dan las cosas sin que te esfuerces tanto en posproducir, y creo que pecábamos mucho en posproducción, siempre queriendo poner más elementos y más elementos. Hago talleres con la banda, los invito a Oaxaca y se quedan en un espacio donde hay ocho habitaciones, y nos ponemos a hacer taller con las canciones. Lo grabamos, también tenemos estudio ahí. Grabamos y ya tenemos las maquetas para luego entrar a grabar profesionalmente. Pero a veces queda como lo grabamos en esas primeras pistas, ahí ya quedan algunas de las bases, hechas en el taller. Así que fue muy orgánico, y lo que hicimos en ese taller básicamente quedó en el disco. Solo lo volvimos a grabar en algunos casos, algunas cositas cambiamos. Alex Cuba cambió muchas cosas en “El jardín del placer”, porque él la tomó, la hizo suya, porque es muy de su lenguaje, del idioma de Alex.

¿Cuánto tiempo llevas usando este método de trabajo en Oaxaca?

Desde que hice un taller en Nueva York. Me invitaron a hacer la música para “Como agua para chocolate”, el musical que se iba a hacer en Broadway, y lo trabajamos un año. Ahí aprendí lo que es un workshop, me encantó. Esto fue hace unos diez años, o quizá como once o doce años, por ahí.

“Creo que este trabajo es complejo en algunos temas, así lo siento yo, pero no tanto como en discos anteriores, en los que creo que hubo más posproducción en general. Quizá también era un elemento de neurosis que teníamos y ahora se dio más naturalmente, porque me siento renovada en la vida y siento que estoy conectada con una época del principio de mi carrera”

¿Así que recibes a tus compañeros músicos en casa?

Sí, en la casa. Bueno, tenemos un estudio, las habitaciones, una cocina grande para cocinar, comer y estar conviviendo al mismo tiempo. Conbebiendo, decimos… (riéndose).

Claro, que no falte…

Mucho mezcal allá en Oaxaca, y se come muy bien. Tengo que escoger, porque tengo dos bandas con las que colaboro, una en Nueva York y otra en México. Y a veces es un poco difícil, pero dependiendo del estilo de la música invito a integrantes de cada una a este taller.

Es decir, que ese ir y venir desde Nueva York a Oaxaca que iniciaste hace muchos años se mantiene. ¿Sigues teniendo casa en Nueva York?

No, casa ya no, pero sí la banda. Ahora voy a ir a Montreal y me paro en Nueva York a hacer un ensayo con ellos. Y así.

Has dicho que en tu cabeza estaba la idea de que todo sonara más natural en el sentido de que fuera más acústico, de que no estuviera sobreproducido, pero este es un disco que tiene una gran riqueza instrumental y de arreglos.

Sí, sí, así es. Creo que es complejo en algunos temas, así lo siento yo, pero no tanto como en discos anteriores, en los que creo que hubo más posproducción en general. Quizá también era un elemento de neurosis que teníamos y ahora se dio más naturalmente, porque me siento renovada en la vida y siento que estoy conectada con una época del principio de mi carrera, en la que empezaba a cantar con la guitarra, el bajo… Así, con elementos primarios.

Una mujer multidireccional. Foto: Alfredo Arias
Una mujer multidireccional. Foto: Alfredo Arias
Quizá echabas de menos esa sencillez típica de los inicios.

Es lo que sentí en esta ocasión. Sí. Y quizá también el hecho de que compuse todos los temas, ¿no? Porque usualmente hago como la mitad de versiones y compongo la mitad, pero esta vez estaba inspirada.

¿El título del álbum se dirige a algo o a alguien en particular o no es tan específica la cosa?

Sí, bueno, puede y no, pero la inspiración definitivamente fueron las jóvenes de 16 años. Cuando yo tenía 16 viví una situación terrible. Mi padre murió, primero, y me sentí desamparada en cierta forma. No en cierta forma: completamente. Y me di cuenta de que como mujer una tiene que batallar, tienes que batallar y tienes que defenderte y aprendí a defenderme a esa edad. Ahora tengo la oportunidad de participar en unas becas a las cuales he apoyado hace ya casi veinte años con conciertos benéficos. He conocido este proyecto de becas, muy bello, en el que hay tutoras que apoyan a estas jóvenes y hacen una especie de traducción, porque ellas vienen de comunidades indígenas la mayoría, pero no todas. Y ellas se transforman. En seis meses ves cómo se transforman gracias al lenguaje que empiezan a utilizar. Es lo que hace la educación: abre la mente y abre tus alas. De eso trata más que nada la canción: de dar, de empoderar y de ese aprecio a la esencia nuestra, que viene muy fuerte en las mujeres. Lo veo con mi niña chiquita, de 9.

¿Cómo se llaman esas becas?

Es un fondo que se llama Guadalupe Musalem, que fue una de las primeras mujeres que lo empezó, con una sola becaria. Ahora hay cerca de 300. Es un proyecto pequeño, la verdad, pero muy exitoso, que ha creado líderes, y además la condición es que vuelvan a su comunidad de origen. Eso hace que siempre estén en Oaxaca y sean parte de la sociedad. 

“Cuando yo tenía 16 viví una situación terrible. Mi padre murió, primero, y me sentí desamparada en cierta forma. No en cierta forma: completamente. Y me di cuenta de que como mujer una tiene que batallar, tienes que batallar y tienes que defenderte y aprendí a defenderme a esa edad”

Después de esto que has contado y atendiendo a lo que se percibe al escuchar esta canción, es inevitable aludir a las cifras oficiales de mujeres asesinadas en México en 2025: son casi 3000.

Sí, también creo que es la legalidad de ello, ¿no? El sistema legal es el que está atrasado, porque creo que el movimiento feminista ahora ha puesto en primera plana los problemas que vivimos en el mundo, porque no solo es México. Eso ha hecho que estemos más conscientes, pero ahora tenemos que legislar para proteger más a las víctimas.

¿Te sientes cómoda asumiendo el rol de líder, o al menos de persona con una presencia pública y una voz que se escucha, al abordar estos asuntos?

Pues más que nada soy una mujer que ha tenido que, a través de la música, compartir las narrativas que son de mi niñez y de mi adolescencia, que es la que te acabo de contar. Y ahora una mujer que acompaña a otras mujeres de diferentes caminos económicos y sociales, porque vengo de eso. Mi abuela fue una mujer campesina que no sabía leer ni escribir, y conozco a muchas mujeres así que son esenciales. He tratado de ponerlas como pilares de nuestra sociedad y visibilizarlas a través de mis canciones.

Porque hasta ahora no habían tenido ese reconocimiento, entiendo…

Sí, sí, ha sido difícil. Yo creo que eso sucede en todos los lugares: invisibilizamos a las personas que no están en el glamur de nuestra sociedad, y a veces son los pilares de nuestra sociedad.

Antes has hecho alusión a algo tan fundamental como es tener acceso a una educación. Tú lo tuviste.

Lo tuve, pero recuerdo que no fue tan fácil entonces. Sí, no había tantos apoyos. Por eso es muy importante nuestra educación y esa cercanía con la sabiduría de las tías y de las abuelas, porque eso es lo que creo que ha afectado mucho en México, al menos a la juventud. Por eso llama tanto la atención el narco y eso que parece glamur pero luego termina siendo el fin de tu vida. Yo creo que volver un poco más al ámbito de la casa –que es donde se toma más tiempo con los hijos y la educación de los hijos, desde casa– es una prioridad. Por supuesto, la educación también. Lo que pasa es que no son prioridades en nuestros países. No sé cómo será en España, pero creo que todos vamos por ahí.

La cultura como lucha. Foto: Alfredo Arias
La cultura como lucha. Foto: Alfredo Arias

Cada vez es menos prioritaria la educación en España, por desgracia.

Y en mi país hay un problema muy grande, y es que los sindicatos se volvieron tan poderosos que ejercen una especie de mafia y no hay cambios en la educación, cambios positivos. Y yo creo que eso también sucede a nivel internacional, que está pasando.

Cuando dices sindicatos, ¿a qué te refieres exactamente?

A los sindicatos de maestros. Sí, sí. A ver si no me matan al llegar al aeropuerto (se ríe fuerte). Pero, bueno, así de peligrosos están, no puedes decir nada en contra de ellos porque te aterrorizan.

Has mencionado al narco y ese supuesto atractivo que puede tener para muchas personas jóvenes. Al hilo de esto, ¿qué percepción tienes de un fenómeno como el del regional mexicano?

Pues al principio recuerdo que estaba muy contenta. Pero esto no es nuevo para nosotros, ni en México ni en ningún lugar, porque creo que la fantasía sobre la violencia y la vida del peligro es algo que nos atrae a todos, un poco la historia del rock es así, ¿no? Peso Pluma cargaba con todo eso: ese peligro, esos tratos con esos personajes de la frontera. Pero es algo que sucede hace sesenta años, antes de Los Tigres del Norte ya había estos corridos que hablaban del narco y de las mujeres poderosas en el narco. Ahora lo que está lindo para la música y para nuestra identidad mexicana es que se tomen en cuenta géneros musicales que son tan distantes al rock o tan distantes al reguetón, que tienen otro lenguaje completamente distinto y quizá más acentuado en la antigüedad, en la polca, en música en tempo de tres cuartos y seis octavos. Y eso fue refrescante. A mí me encantó cuando vi esa popularidad de México. Pero el mensaje de esas canciones, pues yo creo que ya de pronto terminó, ¿no? O sea, se escucha un poco en México, pero ya no lo oyes con tanta pasión como fue en otro momento. Pero influyó a nivel grande, a nivel de todo, fue una influencia importante y ahora surge un movimiento fuerte de música de México y de Latinoamérica influenciado por esto que pasó.

“El regional mexicano no es nuevo para nosotros, porque creo que la fantasía sobre la violencia y la vida del peligro es algo que nos atrae a todos, un poco la historia del rock es así, ¿no? Peso Pluma cargaba con él todo eso: ese peligro, esos tratos con esos personajes de la frontera. Pero es algo que sucede hace sesenta años, antes de Los Tigres del Norte ya había estos corridos que hablaban del narco”

Tú empezaste a publicar discos hace algo más de 30 años, con sonidos que para muchos eran desconocidos, casi alienígenas, porque venían de muy lejos. Sonidos que se definían por su componente folclórico, pero en el sentido peyorativo. ¿Te consideras pionera de algo en ese sentido o tampoco es para tanto?

Creo que he tenido un granito de arena ahí puesto y que se ha volteado a mirar la música del sur de México, que también es regional. Tenemos nuestros géneros musicales, que tienen que ver con los afromestizos que llegaron a las costas de Oaxaca, y también todos los grupos indígenas que tenemos en mi estado. Son 16 idiomas los que se hablan y están vivos. Hay una variedad inmensa en nuestro país y cada estado tiene sus variedades: de música de banda, de música cumbiera, de música folclórica y regionalista, de lo propio de ese sitio. Así que, sí, se asocia un poco a la pobreza, al margen. Me considero marginal, entendí de pronto que soy marginal, pero me llevó muchos años entender que estaba en ese lugar, porque la vida te va definiendo y también la música, y tú insistes y crees en lo que haces y buscas la manera.

Tengo entendido que “El beso” fue la primera canción que escribiste para el disco. ¿En qué medida marcó el tono del álbum, si es que lo hizo?

Pues fíjate que funcionó un poco como una carta del tarot, porque la compuse para una serie que saldrá en este próximo año de una novela de Ángeles Mastretta que se llama “Mal de amores”. Y no la cogieron. Entonces dije: “Bueno, ¿qué hago? Me gusta mucho esta canción, no la voy a tirar” (ríe). No. Y además tenía elementos que eran propios para la novela pero que me gustaron, porque hablo del temazcal y del vapor y de cómo es la limpieza sentimental de uno para poder revivir. Y de pronto tuve amor en mi vida y tuve un beso… y algunos más… Así que fue mi carta del tarot, “El beso”.

Bueno, pues en el disco aparece otra carta del tarot, la de El Mundo, en la canción “El jardín del placer”. Por lo que he visto representa o puede representar éxito, viajes, movimiento, cambio… pero si sale dada la vuelta puede significar también lo contrario. En cualquier caso, quería preguntarte si está entre tus aficiones o creencias todo este asunto del tarot.

No había tenido cercanía con ello, pero sí soy una persona que tiene mucha espiritualidad y me gustan y me atraen estos sistemas que hemos inventado para creer en lo que viene, en lo que fue, en lo que somos.

Investigación y modernidad. Foto: Alfredo Arias
Investigación y modernidad. Foto: Alfredo Arias

Porque lo de vivir sin creer está complicado para ti…

Pues sí. Exacto, sí, sí, sí. Sí, eso le enseño a mis hijos porque ya viven otra etapa de las iglesias. Vamos a veces a la iglesia. En México ya somos muy laicos. Mi madre todavía dice: “Vamos a la misa, Lila”. Pero ya nunca vamos. Un poco como aquí y como en todas partes del mundo, creo. Pero cuando es necesario sí nos acercamos y tenemos respeto y humildad ante algo más grande que nosotros. Eso trato de enseñarle a mis hijos, que tengan esa esa humildad. Creo que es importante.

“La pochota” pertenece a un género que se llama chilena costeña, que tiene ese componente rítmico ternario del que hablabas antes. En ella haces referencia a un árbol que tiene un punto sagrado, que da frutos parecidos al algodón pero que también tiene espinas. Hay una dualidad que se puede llevar perfectamente al asunto de las relaciones y cómo son capaces de curar pero también de hacer pupa. No sé si iban por ahí los tiros con esta canción.

Sí, sí, porque esta es una planta, un árbol, muy sensual. El macho tiene muchas espinas y es más delgado su tronco, mientras el tronco de la hembra es panzón y tiene menos espinas. Al género de la chilena costeña lo llamamos así por los chilenos y afroperuanos que llegaron a la costa de Oaxaca, que venían por la fiebre del oro de California y se mezclaron con la etnia mía, los mixtecos. Crearon este estilo de música que también se toca con el cajón, como hacen los peruanos. Tenemos un guitarrista peruano en la banda y le pedí que en esta canción –en la cual él colaboró en la composición– hiciéramos un bordeo, que es esta figura que él hace con el bajo de la guitarra en la que yo aviento una nota que dura medio minuto o más. Y fue muy divertido volver a esa raíz, porque no lo acostumbramos a hacer en la chilena de Oaxaca. La chilena de Oaxaca lleva más metales y se baila, eso sí. Siempre se baila y se echan unos versos ahí, groseros, sobre la sexualidad.

“Soy cantautora, me toca hacer una canción y hablar del tema, ponerlo en la mesa para el debate. Es lo mejor que se puede hacer con un tema complicado como es la herencia y el legado, porque es patrimonio cultural de la humanidad”

“Tumba 7” es una de las canciones que más me ha llamado la atención. Tiene un punto cumbiero, un arreglo que mira a oriente y una pizca de ritmo jamaicano. Es una canción misteriosa que, por lo que he visto, tiene que ver con el yacimiento arqueológico de Monte Albán, cercano a Oaxaca. ¿Por qué has querido poner todo eso en una canción, todas estas referencias de tu entorno?

En parte porque en mi pueblo, en mi ciudad que es Oaxaca, tengo algunos amigos poetas, intelectuales, pintores y también amigos que tienen hoteles o negocios en el centro. Discutíamos sobre Oaxaca y cómo va Oaxaca y ellos me decían: “Bueno, es que la mancha urbana está tragándose el sitio arqueológico”. Entonces yo me empecé a preocupar y dije: “Hay que hacer algo, tengo que hacer una canción”. Soy cantautora, me toca hacer una canción y hablar del tema, ponerlo en la mesa para el debate. Es lo mejor que se puede hacer con un tema complicado como es la herencia y el legado, porque es patrimonio cultural de la humanidad el sitio arqueológico. Tengo una amiga arqueóloga que fue directora de ese sitio, fuimos a presidencia de la nación y hablamos por Monte Albán y nos están atendiendo, así que la canción ya tuvo su función práctica. Aún no llega la ley, todavía no se cambia para que tengamos una protección extraordinaria sobre nuestro sitio, pero según tengo entendido esto está pasando en todas partes del mundo también. Quise hacerlo y la canción salió muy sensual, muy para bailar y, bueno, estoy contenta porque, si no, sería muy aburrido lo de hablar de un sitio arqueológico en una canción.

Lo bueno de las canciones populares es que en ellas, con un poco de arte y de gracia que se tenga, puede caber todo.

Así es… Y es bien lindo, ¿no?

Sí, esa ausencia de reglas en un mundo tan cuadriculado es un alivio para quien las hace y para quien las escucha. También te quería preguntar por “Amo-Te”, una canción melancólica cuyo mensaje final es que la vida está ahí para que amemos con lo bueno y con lo malo, porque es lo que hay. ¿Esa conclusión es reciente o siempre ha estado en tu cabeza?

Qué buena pregunta, porque sí, siempre estuvo ahí, creo que desde que conocí a Elis Regina y me enamoré de la bossa nova y de esa tristeza y melancolía profunda que tienen los brasileros y también en Portugal. Creo que los portugueses peor (se carcajea). Y, bueno, conocí a este portugués y efectivamente tenía y tiene, yo creo, porque ya me distancié y no sé qué pasa con él… Pero en ese momento que nos conocimos había una melancolía y una terquedad (ríe)… Y creo que eso quise plasmarlo, porque hacía mucho que no lo había podido hacer y que lo quería hacer, plasmar ese momento del amor.

“Amo-Te” con Leonel García.

¿Te refieres a Iván Días?

Me refiero a Iván Días (vuelve a reír).

Vale, es para aclarar por qué has dicho “este portugués”. Más que nada para que nuestros lectores sepan que con él, que es productor de cine, tuviste una relación.

En la familia ya no podemos decir el nombre (sigue riendo).

Y por eso la canción tiene ese elemento de saudade y la guitarra portuguesa.

Sí, está Bernardo Couto tocando ahí. Toca precioso.

“Tu falso amor” es una canción de reproche que contrasta con el tono general del álbum. De repente se pregunta uno qué ha pasado aquí. No sé si es un recordatorio que te quisiste hacer para que eso siempre esté presente, aunque sea por lo bajini, porque no empaña la luz general que tiene el disco, que es mucha.

La verdad es la canción más divertida del disco. Y también de los shows. A la gente le encanta. Creo que estamos viviendo en épocas de falsos amores. Es curioso eso, ¿eh? Nunca lo había escuchado tanto, pero lo he oído mucho en diferentes generaciones. No sé, estamos en épocas de rehacer lo que significa el amor. Definitivamente es un disco de mucho amor y es ahí donde llega el desamor.

“Mal de amores” sorprende con ese toque de jazz gitano. ¿Esa fascinación por el rollo manouche viene de lejos?

Está ahí desde hace mucho y me encanta. La primera vez que fui a Francia me invitaron a colaborar con Didier Lockwood. Estuve en una ópera, me invitaron a hacer una colaboración entre Veracruz y Francia en un lugar en el sur de Francia y fue mi primera experiencia con esto, y me encanta, es algo tan bello. Me acuerdo de la película “Las trillizas de Belleville” y su belleza de música también. Es Django Reinhardt, ¿no? Django es la ley. ∎

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