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Revisión

Luis Eduardo Aute, un renacentista del siglo XX

El pasado 4 de abril se cumplieron cinco años de la muerte de Luis Eduardo Aute. Cantautor a su pesar, alcanzó en los años setenta, ochenta y noventa un éxito en la música que jamás pudo imaginar, cuando su vocación primigenia lo llevaba por los terrenos de la pintura y el cine. Eterno fumador, un ataque cardíaco y cerebrovascular lo retiró de la circulación en 2016 y el COVID acabó finalmente con su vida en 2020. Pero su enorme legado musical y artístico le sobrevive.

Luis Eduardo Aute (1943-2020) sufrió el 8 de agosto de 2016 un ataque cardíaco que le provocó una seria afectación cerebrovascular. Acababa de regresar a Madrid de un concierto ofrecido el día anterior en Huelva y fue trasladado al hospital Gregorio Marañón, apenas a un kilómetro de su casa, donde fue operado de urgencia. La gravedad de su estado hizo que se temiera seriamente por su vida y, de hecho, no fue dado de alta hasta siete semanas más tarde. Sin embargo, las secuelas provocadas por la falta de oxígeno en el cerebro lo obligaron a seguir tratamientos especializados en Cuba, gracias a la mediación de su amigo, el cantautor Silvio Rodríguez, para recuperar la movilidad y el habla. En las primeras semanas de la pandemia de COVID cayó enfermo y no pudo recuperarse, falleciendo el 4 de abril de 2020. Casi coincidiendo con el quinto aniversario de su muerte, el pasado mes de mayo se publicó “Aute. Infinito” (Alianza Editorial, 2025), de Luis García Gil, una biografía que servía de presentación del personaje a las nuevas generaciones, escrita por el mismo autor que en febrero de 2016 había publicado a través de la editorial Milenio “Aute. Lienzo de canciones”, que desmenuzaba sus canciones.

Sus primeros pasos, en los años sesenta.
Sus primeros pasos, en los años sesenta.

En el germen de Los Bravos

A Aute siempre se le ha definido como “hombre del Renacimiento”, por esa capacidad de aglutinar en su obra una multiplicidad de vertientes artísticas diferentes, a la manera de Leonardo da Vinci o Miguel Ángel. Si aquellos eran arquitectos, inventores, pintores y escultores, Aute era pintor, compositor, poeta, cantante y cineasta. Pero también era un representante de aquello que se llamaba “intelectualidad”: un pensador de ideas nunca dogmáticas, siempre críticas, que aparecían tanto en sus canciones como en sus interesantes entrevistas.

Aute nació en Manila el 13 de septiembre de 1943, hijo de padre español y madre de ascendencia española pero de nacionalidad filipina. De carácter tímido y retraído, el joven Aute ya era un gran aficionado al dibujo y al cine en 1954, cuando con 11 años llegó a España y –como contaba Remate, sobrino nieto suyo, en una de sus columnas en Rockdelux– un primo de Luis Eduardo, algo mayor que él, que trabajaba como director de casting y ayudante de dirección en películas producidas por Samuel Bronston en nuestro país –como “Rey de reyes” (Nicholas Ray, 1961) o “55 días en Pekín” (Nicholas Ray, 1963)–, lo contrató en varias ocasiones como figurante porque era “muy guapo y cumplidor”.

Antes de eso, a los 16 años, realizó su primera exposición individual de pintura. Al mismo tiempo empezó a tocar la guitarra en Los Tigres –solo una vez en directo; fueron teloneros de Los Pekenikes– y Los Sonor –la banda que sería el germen de Los Bravos– como divertimento y método seguro “para ligar”. Sin embargo, antes de que el grupo empezara a tener alguna popularidad ya los había abandonado para centrarse en los estudios de bachillerato. Con 19 años se matriculó en la Escuela de Aparejadores, pero aguantó apenas dos semanas. En vez de proseguir la carrera empezó a viajar frecuentemente a París, donde se empapó del ambiente cultural de la capital francesa, disfrutando de películas imposibles de ver en la España franquista y descubriendo a cantautores como George Brassens, Jacques Brel o Serge Gainsbourg.

Su trayectoria como pintor pareció afianzarse en 1966, cuando fue seleccionado para participar en la Bienal de São Paulo. Pero allí descubrió en la prensa local la admiración que suscitaban Bob Dylan y Joan Baez y, a su regreso a España, bajo el influjo del recién descubierto Dylan y la presión amistosa de una tal Massiel, amiga de su novia Marichu Rosado, empieza a componer sus primeras canciones. Nacen así temas como “Don Ramón”, “Made In Spain”, “Rojo sobre negro”, “Aleluya nº 1” o “Rosas en el mar”.

“Aleluya No. 1” (actuación en el programa ‘Tele Ritmo’ de TVE, en 1967).

Músico por azar

Aute nunca quiso ser músico. Solo el azar lo empujó a ello. Sus primeras canciones las cantó –y grabó, con Aute a la guitarra– en noviembre de 1966 uno de sus antiguos compañeros de Los Sonor, Manuel Escobar, con el nombre de Emanuel. También las grabó Massiel. Y luego el propio Aute, por la insistencia de Ele Juárez, entonces director artístico de RCA. Todas las versiones tuvieron éxito no solo en España, sino en Italia, Brasil o Japón… y hasta en Estados Unidos: el cantante y actor Ed Ames publicó en 1967 “Who Will Answer”, versión en inglés de “Aleluya nº 1”. Ni que decir tiene que Aute se vio casi obligado a acceder a firmar un contrato por dos álbumes. Pero pocos meses después, harto de las presiones discográficas, decidió abandonar la música para dedicarse en cuerpo y alma a escribir poemas, diseñar portadas de discos y realizar “películas promocionales” para RCA –los primeros clips musicales– que se emitieron por Televisión Española.

Así pasaron cinco años, hasta que en 1972 conoce al escritor y productor discográfico José Manuel Caballero Bonald, que le ofrece la posibilidad de grabar lo que quiera, como quiera y en las condiciones que quiera, sin la obligación de dar conciertos o aparecer en televisión. Animado por amigos como el director de cine Jaime Chávarri o la cantante y futura concejala del Ayuntamiento de Madrid por el PSOE, Rosa León, acepta. El primer disco de esta nueva etapa, donde él ya se reconoce auténticamente como creador, se tituló “Rito” (Ariola, 1973). Ese sería, además, el disco con que inició su trilogía de “Canciones de amor y muerte”, los tres álbumes de carácter más experimental de toda su trayectoria, de la que también forman parte “Espuma” (Ariola, 1974) y “Sarcófago” (Ariola, 1976).

Con estos discos se convirtió en artista “de culto”: jamás actuaba en directo en solitario y apenas se plegaba a presiones promocionales, más allá de entrevistas en determinados medios de comunicación. Su mundo era estrictamente el de la cultura y, fruto de las circunstancias del momento –la muerte de Franco y el inicio de la transición–, el de un relativo activismo político. El cambio decisivo en su carrera se produjo en febrero de 1978, con su primer concierto en solitario, en una fiesta organizada en Albacete por el sindicato anarquista CNT. Allí, con el acompañamiento a la guitarra de Jorge Krahe, hermano de Javier Krahe, cantó para los asistentes al acto. Y una semana después se repitió el programa en Cuenca, pero en esta ocasión ya le pagaron por cantar. Las actuaciones se sucedieron hasta el verano, intercalando una visita a Cuba, invitado por el gobierno de Fidel Castro para participar en La Habana en el Festival Mundial de la Juventud, donde conocería a Silvio Rodríguez y Pablo Milanés.

Cantando “De paso” en el programa ‘Musical Express’, en el circuito catalán de TVE, en 1978.

Esplendor y decrepitud de la belleza

El descubrimiento de su poder de convocatoria en directo lo propulsó en los años ochenta y noventa a un esplendor comercial no buscado y completamente inesperado, en el que discos y directos se retroalimentaban continuamente para mantenerlo siempre en una posición privilegiada, sin que él moviese el más mínimo dedo para aumentar su capacidad de pegada. Podemos destacar de estos años de esplendor discos como “Alma” (Movieplay, 1980), su décimo álbum, en el que se incluyen temas que se harían clásicos como “No te desnudes todavía” o “Pasaba por aquí”. O “Fuga” (Movieplay, 1982), donde figuran “Mira que eres canalla” o “Siento que te estoy perdiendo”. También el doble álbum en directo “Entre amigos” (Movieplay, 1983), grabado en el desaparecido Teatro Salamanca de Madrid (hoy un Primark) el 4 de marzo de 1983. La mezcla de filosofía existencialista, erotismo, inquietud social y espiritual que se producía en sus letras había atrapado a un gran número de seguidores de ambos sexos, más intelectualizados que los de Joan Manuel Serrat y Joaquín Sabina y mucho menos politizados que los de Lluís Llach, Paco Ibáñez o Raimon.

En 1985, su carrera, que él quiso abandonar en 1968, se hallaba en su cima: actuó en solitario en la plaza de toros de Las Ventas y en la Monumental de Barcelona, después de haber recorrido España de escenario en escenario. Y se mantuvo, en términos poco más o menos similares, varios años más, hasta que en 1990 se atrevió a realizar un gran cambio transformador en su trayectoria, al incorporar al tándem formado por Suso Saiz –como productor y guitarrista de directo– y Gonzalo Lasheras –como director musical– en “Ufff!” (Ariola, 1991) y, sobre todo, “Slowly” (Ariola, 1992), para cuya presentación en directo viajó a América, continente que seguiría visitando con regularidad en los años siguientes. El colofón a este momento de gloria lo puso el 24 de septiembre de 1993 con un impresionante concierto en la plaza de toros de Las Ventas junto a su amigo Silvio Rodríguez, del que se publicaría un álbum conjunto titulado “Mano a mano” (Ariola, 1993), con repertorio de ambos.

Con la tranquilidad económica alcanzada en los ochenta, se había instalado en un chalé del final de la calle Jorge Juan de Madrid, pegado al parque de la Fuente del Berro, que ampliaría en los noventa, adquiriendo el chalé contiguo, para instalar allí su estudio pictórico.

Aute triunfó como artista polifacético.
Aute triunfó como artista polifacético.

Marcando el ritmo

Con una fidelidad absoluta a su identidad artística y a sus planteamientos ideológicos, nunca se dejó tentar por los cantos de sirena que le ofreció la industria. Al contrario, fue él siempre quien marcó sus ritmos, reservándose tiempo para mantener incólume su trayectoria pictórica, ofreciendo con regularidad exposiciones de pintura –cuyos títulos solían coincidir con los de los discos que editaba en fechas cercanas– o realizando cortometrajes para cine o televisión.

Aquí podemos destacar “Un perro llamado Dolor” (Storyboard, 2001), una película experimental de animación que reúne 4000 dibujos que el artista realizó durante cinco años, formada por siete historias cuyo hilo argumental es la relación entre artista y modelo. El nexo entre los siete episodios es el perro que los protagoniza, bautizado con el nombre con el que Frida Kahlo llamó al suyo. La película muestra las relaciones de pintores como Goya, Duchamp, Picasso, Sorolla, Romero de Torres, Frida Kahlo, Rivera, Dalí y Velázquez.

También debemos citar libros-objeto como “animaLhada” (Siruela, 2005) y “animaLhito” (Siruela, 2007), que incluyen poemas, juegos de palabras, “boligrafías” (dibujos hechos a bolígrafo) y sendos cedés originales (más un DVD de animaciones, este último sólo en “animaLhada”).

Igual que no buscó el éxito, el declive tampoco lo alcanzó y pese a que sus últimas grabaciones ya no consiguieron el éxito, las discográficas le consentían todas sus propuestas o experimentos artísticos, que concluyeron con “El niño que miraba el mar” (Sony, 2012), álbum acompañado por un DVD de unos 20 minutos de duración con la película de animación “El niño y el basilisco”, un trabajo artesanal a la antigua usanza, cuando los dibujos animados se dibujaban y coloreaban uno a uno.

En una entrevista concedida a la agencia EFE al cumplir 70 años, le preguntaron por Mick Jagger (apenas mes y medio mayor que Aute, y al que había citado en “Hafa Café”, una canción de “Slowly” en la que narraba un viejo idilio en Tánger, con una chica sin nombre, que duró hasta que entró en acción el cantante de los Stones) y Aute reconoció que “Jagger se cuida muchísimo. Sus 70 años no son los míos. El está todo el día pendiente de su biología. Yo me maltrato, aunque nunca me ha pasado nada de nada, a no ser un cólico nefrítico en pleno concierto... ¡y estuve 40 minutos aguantando el palo! Por fuera parece que estoy bien pero habría que ver por dentro”. Ese interior, dañado por tantos y tantos años de fumador impenitente, se rebeló tres años después de aquella entrevista, poniendo abrupto final a una trayectoria artística y profesional que aún tenía mucho que decir. ∎

Luis Eduardo Aute, en su faceta de pintor, en 2008. Foto: Europa Press (Getty Images)
Luis Eduardo Aute, en su faceta de pintor, en 2008. Foto: Europa Press (Getty Images)

Canciones de amor, muerte y política

10

La mala muerte

de “Rito” > Ariola, 1973

“La mala muerte” es un diálogo con la parca que parece inspirado directamente por “El séptimo sello” (1957), la película de Ingmar Bergman. Años después, en 1979, fue incluida como punto final en el estreno de la versión teatral de “Cinco horas con Mario”, basada en la novela de Miguel Delibes.

09

De tripas, corazón

de “Slowly” > Ariola, 1992

Aute escribió esta canción para recalcar el desencanto que ya anunciaban sus canciones más políticas de los años ochenta, dada la deriva neoliberal en la que la sociedad occidental en pleno estaba cayendo. Musicalmente, es de sus canciones más “americanas”, frente a su querencia por la chanson francesa.

08

Dos o tres segundos de ternura

de “Cuerpo a cuerpo” > Ariola, 1984

Una de las canciones más intimistas de Aute, en la que se arriesgó a mostrarse como un hombre vulnerable, sin importarle lo más mínimo resultar excesivamente impúdico para narrar la urgencia de un sentimiento afectivo en su estado más puro: un Aute que se anticipó en más de 30 años al replanteamiento de la masculinidad.

07

Mira que eres canalla

de “Fuga” > Movieplay, 1982

Esta canción de amor lo es, pero a sus amigos. Utilizando un lenguaje coloquial y casi costumbrista, refleja las experiencias de una generación colmada de ídolos caídos y perdedores, con un guiño autorreferencial: “Probablemente luego iremos, a eso de las diez, / a ver al Aute, que hay nuevo LP”.

06

De paso

de “Albanta” > Ariola, 1978

Aunque comprometido ideológicamente con la izquierda, Aute no militó nunca en ningún partido político. “De paso” se compuso para plantear la necesidad de trascender al materialismo, invitando a la constante puesta en cuestión de determinadas “verdades”. La primera canción que intenta la crítica de la izquierda desde la izquierda.

05

Dentro

de “Rito” > Ariola, 1973

Gran autor erótico, Aute escribió esta canción para defender la idea de que la masturbación también es un acto de amor. Escrita en una época marcada por el nacionalcatolicismo, era una oda al “pecado solitario” que intenta rozar la belleza del sexo urgente y necesario cuando solo queda la imagen de la ausencia del ser amado.

04

Las cuatro y diez

de “Rito” > Ariola, 1973

La canción parte de una pequeña anécdota para mostrar la frustración vital de su generación, nacida con la dictadura y cuya juventud se desarrolló íntegramente bajo el franquismo. Curiosamente, quien primero publicó la canción fue Rosa León, ya que formaba parte, junto con “Versos muertos”, también de Aute, de su primer single, aparecido en 1972.

03

De alguna manera

de “Rito” > Ariola, 1973

En esta canción Aute habla del primer desengaño amoroso, algo que, en su opinión, “deja una profunda marca que no borrará el paso de los años”. El autor logra capturar la complejidad de las emociones humanas en un delicado y conmovedor relato musical que puede considerarse, con toda la nostalgia que transmite, en el complemento perfecto a “Dentro”.

02

La belleza

de “Segundos fuera” > Ariola, 1989

Si no fuera por la carga simbólica alcanzada por “Al alba”, esta canción merecería figurar en primer lugar. Aute muestra el desencanto provocado por el camaleonismo ideológico del PSOE de Felipe González, supuestamente situado en la izquierda, pero que paulatinamente cambió sus planteamientos ideológicos para mantenerse en la cumbre del poder.

01

Al alba

de “Albanta” > Ariola, 1978

Su canción más emblemática fue escrita días antes de los últimos fusilamientos del régimen franquista, el 27 de septiembre de 1975. Para pasar el filtro de la censura, la escribió como una canción de amor, haciendo que se intuyera una despedida mortal. Clandestinamente al principio, el público perpetuó la canción como lo que realmente era: un alegato contra la pena de muerte. También fue Rosa León quien publicó primero la canción, en 1975. ∎

Cantautor erótico y metafísico

“Rito”
(Ariola, 1973)

Aute publicó sus dos primeros álbumes en 1967 y 1968 y después decidió retirarse. Lo decía en serio, pero la oferta del escritor y productor discográfico José Manuel Caballero Bonald de escribir lo que quisiera le hacen decidirse a aceptar la propuesta… y lo primero que entrega es “Rito”, una colección de canciones oscuras, depresivas, filosóficamente existencialistas, que serán el inicio de su trilogía de “Canciones de amor y muerte”. Sus extraordinarios arreglos, la experimentación y la profunda belleza literaria de sus textos lo convierten en uno de los mejores de la historia española de la canción (incluido en la lista de los 100 mejores discos del siglo XX según Rockdelux en el especial del 20 aniversario de la revista).

“Albanta”
(Ariola, 1978)

Creado bajo el influjo de la esperanza (se grabó en 1978, meses antes del referéndum de la Constitución), “Albanta” fue el primer álbum de su segunda trilogía, titulada “Canciones de amor y vida”, y es su disco más social y optimista: “Albanta” es el nombre ficticio, inventado por su hijo Pablo, de 7 años entonces, de un mundo ideal. También es su álbum más rockero: su primera canción, “Anda suelto Satanás”, la ha versionado el mismísimo Rosendo. El disco lo grabaron Teddy Bautista y Los Canarios, con guitarras de Armando de Castro, que poco después fundaría Barón Rojo.

“Entre amigos”
(Movieplay, 1983)

Después de su primera retirada, Aute se había convertido en una especie de artista de culto, pero este doble álbum grabado en directo el 4 de marzo de 1983 en el Teatro Salamanca de Madrid lo lanzó definitivamente al estrellato popular. En él hacía un exhaustivo repaso a su repertorio de grandes éxitos (que lo eran de verdad, aunque sottovoce hasta entonces) con la colaboración de cuatro amigos fundamentales (Joan Manuel Serrat, Pablo Milanés, Silvio Rodríguez y Teddy Bautista), y alcanzó el número 1 en las listas de ventas, además de recibir el Premio Nacional del Disco 1983 del Ministerio de Cultura.

“Templo”
(Ariola, 1987)

Aute se refería a este álbum doble como su “disco maldito”. Está formado por una extraordinaria colección de poemas musicados de inspiración mística, surgidos a partir de las pinturas que integraron la exposición del mismo título, en el que la mística y el erotismo son todo uno (no hay más que fijarse en el cuadro que ilustra la portada del disco: alguien que lame las heridas de los pies de Cristo), con un léxico, músicas y maneras de cantar basados en la cultura cristiana (y un trasfondo entre herético y blasfemo que hoy sería llevado a juicio por la Fundación Española de Abogados Cristianos).

“Slowly”
(Ariola, 1992)

No es el último disco de Aute, pero sí es el último gran disco de Aute, en el que supo renovar su sonido contando con la producción de un músico de vanguardia extremadamente minucioso como es Suso Saiz y la intervención de un director musical de directo como Gonzalo Lasheras. En este disco, además, estuvo especialmente inspirado –podríamos considerarlo su segundo mejor disco, tras “Rito”– y sus importantes ventas –y las del siguiente, el doble en directo “Mano a mano” (1992) junto a Silvio Rodríguez– le permitirían iniciar una época mucho más centrada en la pintura, lo cinematográfico experimental y lo literario (incluidos libro-discos). ∎

Como complemento de esta Revisión, Jesús Rodríguez Lenin ha confeccionado esta exclusiva playlist de Luis Eduardo Aute.

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