Juguetón Mac. Foto: Òscar Giralt
Juguetón Mac. Foto: Òscar Giralt

Concierto

Mac DeMarco: afuera llueve

No deja de ser curioso, algo irónico, que, después de haber tenido que suspender su concierto en la última edición del Primavera Sound por culpa del diluvio universal que cayó aquel día, Mac DeMarco volviera a Barcelona –ciudad en la que hemos tenido que realizar danzas tribales para suplicar a algún Dios menor (o mayor) que cayera ni que fuera un par de gotas y que con estas bajaran un poco las temperaturas– justo el día en que los meteorólogos preveían que tendríamos que llegar a la Razzmatazz subidos en el arca de Noé. Hoy repite en Barcelona y mañana tocará en Madrid.

Ayer, cuando salí de casa, no había ni rastro de la tormenta. Llegando a la Razzmatazz, el cielo sí que era negro como Mordor y rugían truenos con la fiereza del estómago de un rottweiler al que no le han dado la merienda. Lo que ha pasado en el exterior durante la hora y media que ha durado el primero de los dos conciertos de Mac DeMarco previstos en la sala del Poblenou –que fuera a cubierto garantizaba que, a no ser que él estuviera indispuesto, que Barcelona sufriera un apagón eléctrico o que el encargado del local se hubiera dejado las llaves en casa, no se suspendería– lo ignoro. Aunque lo intuyo, porque a medio concierto, justo antes del arranque de “One More Love Song”, han empezado a sonar las alarmas de protección civil avisando del peligro de tormentas para que, a poder ser, nos quedáramos en casa. Demasiado tarde. Dentro, iba a escribir, han llovido temazos. Pero sería demasiado fácil, excesivamente vulgar. De haberlo hecho, de haberlo escrito, tendrías derecho a amputarme ambas manos –y ambos pies– para que no pudiera volver a redactar una crónica nunca más.

La felicidad se percibe en todas sus fotos: siempre con la gorrilla –hoy había muchos chicos con gorrilla en Razz– y la sonrisa dibujada en la cara debe ser algo parecido a ser Mac DeMarco, un tipo que parece vivir en total libertad vital –ahí, junto a un lago, pescando– y creativa –ahí, junto a un lago, componiendo–. Vaya, que hace lo que le da la real gana. Publica discos cómo y cuándo quiere. Algunos de esos álbumes ven la luz de manera más o menos convencional, como “Guitar” (2025), que salió casi exactamente un año a través de su sello Mac’s Record Label. Otros los funde en CD-R –solo él sigue usando CD-R– que esconde por las ciudades por las que va pasando y, si algún día se acuerda, los acaba colgando en su perfil de Bandcamp. Como el último cuarteto de referencias conformado por “Dog On The Rock” (octubre de 2025), “Seven Of The Two” (diciembre de 2025), “Seaplane Dog” (febrero de 2026) y “The View From Tian Tian” (abril de 2026). Y cuando le apetece, sale de gira.

Hombre feliz contagiando alegría. Foto: Òscar Giralt
Hombre feliz contagiando alegría. Foto: Òscar Giralt

“Hacía mucho tiempo que no venía por aquí”, se ha confesado, tras presentar así de salida a la banda, nada más subir al escenario. En su séptima visita a Barcelona, porque hubo un tiempo en el que le teníamos casi a diario por aquí, la excusa ha sido presentar en directo “Guitar”. Y si bien su último disco “oficial” ha tenido el protagonismo, el repertorio ha sido un generoso repaso a su trayectoria. Un setlist calcado al que ha ofrecido en todos los bolos anteriores por el continente en el que todo ha sido bueno y nada de relleno. La historia de lo de hoy había empezado, sin embargo, un poco antes con la actuación de Vicky Farewell, la telonera que se ha traído para acompañarlo durante el tour europeo, artista perteneciente a su sello, con el que ha publicado un par de discos: “Sweet Company” de 2022 y “Give A Damn” de 2024. También productora y compositora para peña del nivel de Anderson .Paak, Kali Uchis, WILLOW o Paul McCartney. Entre el pop lo-fi y el R&B, preludio perfecto.

El concierto de DeMarco ha sido maravilloso. Se le ha visto feliz –y eso mola porque, si él lo es, será mucho más fácil que nosotros lo seamos viéndole– con ese aire de actor divertidamente sobreactuado. De clown que nunca traspasa el límite de lo cansino, como cuando ha cantado “No Other Heart” con Yuki Kikuchi, un simpático fotógrafo japonés que está documentando la gira. O cuando ha invitado a un sexagenario miembro de su equipo, de voz grave a lo Barry White, a hacer lo propio con “Little Dogs March”, repitiéndose este tándem en la versión del “Human Nature” con la que ha terminado, sin camiseta ninguno de los dos, el concierto. Aire de antiestrella sobrada de carisma. De genio a contracorriente que ha acabado convirtiéndose en paradigma y atrapando el zeitgeist de su generación. Por ahí, en medio de una sala abarrotada, me ha parecido ver a Steve Lacy y a Sen Senra, a Dijon y a El Petit de Cal Eril, a Clairo, a Ferran Palau, a boy pablo… todos ellos con los ojos bien abiertos, pensado que si un día se dedican a escribir canciones les gustaría que sonaran como “For The First Time”, “Salad Days”, “Freaking Out The Neighborhood” o “Sweeter”. Temas que ahora viraban hacía el pop de tímidos destellos soul, después viran hacia la americana de cowboy emo, dibujan espirales en una especie de psicodelia de algodón de azúcar o incluso y por momentos se adentran en algo parecido a lo que podría ser un indie AOR, pero que siempre suenan a Mac DeMarco. Creaciones que encapsuladas tienen ese encanto lo-fi, enamorándote por lo mínimo, pero que esta noche, en directo, arropadas por la banda, han ganado en una sutileza pomposa que amplificaba todo su potencial. Ha sido como irte a la cama para, en lugar de ponerte a dormir, colocarte los auriculares y escuchar uno tras otro, una y otra vez, todos sus discos, toda la noche. Luego se ha hecho de día y has decidido que hoy no irías a trabajar. Se está demasiado bien disfrutando de la música de Mac DeMarco, así eres demasiado feliz y afuera llueve. ∎

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