Es como si Maika Makovski (Palma de Mallorca, 1983) hubiera nacido para esto. Desde muy pequeña había tenido “vocaciones artísticas”, pero el día que escribió su primera canción con 12 años supo que “la música era algo más y se desmarcaba por encima de cualquier otro interés de manera muy intensa”. Tal fue su obsesión que su padre no tuvo más remedio que dejar que la niña se subiera al escenario con él para tocar, de vez en cuando, un par de canciones de las que él interpretaba.
Aquellas actuaciones no eran lo que se dice muy ortodoxas. Su padre era un músico macedonio que fue presentado al Guinness World Records como la persona que más instrumentos tocaba de Europa y que, luego, llevó toda esa locura al escenario. Maika creció escuchándole: “Tocaba cosas muy curiosas, como un serpentón, instrumento de viento metal con forma de serpiente, y una trompa de los Alpes. Se inventó una trompeta que acababa con una concha grande y un trombón con un palo de micro”, recuerda Makovski, que llega a la entrevista en el Teatro del Barrio de Madrid con unas muletas, pero sonriendo.
La revelación llegó con 15 años, cuando se subió por primera vez a un escenario para tocar sus propias canciones en un concurso. Quedó segunda, pero sintió algo tan fuerte que supo que no había vuelta atrás. “Notaba fuego en la garganta y me entraron muchas ganas de seguir haciendo eso toda la vida”, asegura. Ese mismo día, una gran discográfica le ofreció un contrato difícil de rechazar. “Fue muy tentador. Me daban dos millones de pesetas, que era muchísimo dinero para la época y más para esa edad, pero lo rechacé porque exigían cantar en español o catalán, no en inglés, y que alguien escribiera las canciones conmigo. Me alegro de haber tenido claro siempre que haría la música a mi manera. Tenía confianza en que podría hacerlo yo sola, sin someterme a las ideas de otros”, subraya.
Tuvo que esperar siete años y en algún momento pensó “¿y si no ocurre?”, pero ocurrió. Publicó su debut “Kradiaw” (Autoeditado-PAE, 2005). Siguieron otros siete discos de estudio, otro en directo, la banda sonora de la película “Quien a hierro mata” (Paco Plaza, 2019), protagonizada por Luis Tosar, y su experiencia como presentadora del programa musical ‘La hora musa’, en La 2 de Televisión Española, entre otras cosas. Ahora ha decidido celebrar sus dos décadas de carrera con un concierto en el Palau de la Música Catalana de Barcelona, dentro del ciclo Cruïlla Hivern, el 4 de marzo. Y no estará sola. La acompañarán algunos de los músicos que han formado parte de su aventura, como Anni B Sweet, Howe Gelb, Asier Etxeandia, Christina Rosenvinge, Los Zigarros, Mohama Saz, Nina de Juan (Morgan), Niña Coyote eta Chico Tornado, Paul Fuster, Quartet Brossa y The Mani-las.
¿Recuerdas aquella primera canción que escribiste con 12 años?
Sí, incluso la grabé en una maqueta que ha desaparecido (sonríe aliviada), pero ya no la toco. Se llamaba “Real World”. ¡Con 12 años diciéndole a la gente como era el mundo real! (ríe).
Hace unas semanas compartiste un vídeo de 2010 en Instagram en el que se te veía ensayando en tu casa de entonces. Contabas cómo pasaste de tocar en bares sin que te hicieran caso a grabar con John Parish el tercer disco. ¿Cómo recuerdas esos años?
Había mamado esa filosofía de los noventa en la que la integridad artística era importante. Veía a artistas que lo hacían todo ellos, desde componer y producir sus discos a publicarlos, sin hacer trampas ni venderse al dinero o a las marcas. No buscaban el éxito fácil. Yo quería controlar mi carrera como ellos. Es verdad que quería grabar un disco cuanto antes, pero no quería hacerlo con padrinos o con productores que me dijeran lo que tenía que hacer. Quería aprender mi oficio y tener el control, por eso fui dando pasos a mi ritmo. Por supuesto, hubo momentos de vértigo, pero tenía fe.
¿En qué grupos te fijabas?
Ani DiFranco era el ejemplo perfecto para mí del do it yourself, incluso Nirvana, aunque Kurt Cobain sintiera que se había vendido porque habían tenido un éxito inmenso. En realidad, yo creo que nunca hizo concesiones feas, nunca vendió su integridad artística. Por desgracia, esa actitud se fue diluyendo con el tiempo.
¿Grabar el tercer disco homónimo con John Parish en 2010 impulsó su carrera?
Sí. Antes íbamos a tocar de cualquier manera. Todo era muy precario, nos pagaban lo mínimo y, a veces, ni apagaban el fútbol. Aunque manteníamos esa fe, estábamos lejos de conseguir algo. De repente, saqué aquel álbum producido por John y publicado en su sello y todas esas personas que eran indiferentes a mi música se vieron forzadas a prestarle un poco de atención. No todos los días salía un disco español producido por John Parish.
¿Cómo fue grabar con él?
Fue tan bien que, a día de hoy, sigo teniendo relación con él. Nos vimos el año pasado cuando estaba grabando en Bristol y fui a cenar a su casa. Fue muy sencillo. Cuando John Parish (productor y músico de PJ Harvey desde hace decenios) te dice que quiere producir tu disco, le pones todas las ganas y trabajamos duro en las maquetas previas. No quería llegar allí y sucumbir al síndrome de la impostora. Además, llevaba dos años escribiendo esas canciones y creo que eran muy buenas. Cuando llegué a su estudio estaba muy nerviosa, hasta el punto de que tuve un tic en el ojo hasta que terminé de grabar la última guitarra. Y lo mezcló Paul Corkett, que había grabado a Radiohead y Nick Cave y era el técnico de Patti Smith y The Cure. Verlo mezclar era muy bello, como una danza sobre la mesa. Estábamos muy emocionados.
¿Te contaron alguna batallita de los grupos con los que habían trabajado?
Paul me contó que la casa donde nos alojamos enfrente del estudio la había ocupado poco antes Pete Doherty, que la había destrozado porque le había dejado Kate Moss pocos días antes. Era cuando estaba a tope con su adicción a la cocaína. Me dijo que nunca había visto una bolsa de cocaína de ese tamaño y que había organizado una especie de fiesta de la harina en la que dejó todo el apartamento blanco y las paredes destrozadas por la frustración de su ruptura. John, en cambio, no contaba, era un caballero.
La canción que te puso un poco en el mapa fue “Lava Love”, de ese mismo disco, que tenía una reminiscencia a ese sonido sucio y a ese bajo potente de PJ Harvey. ¿Parish te la ponía como modelo del sonido que buscaba?
No, realmente. A él le gusta que cada artista que produce tenga su propio sello. De hecho, creo que le interesaban menos los temas que tenían ese toque blues pantanoso. Su tema preferido de mi disco era “The Bastard And The Tramp”, que sonaba más a americana, y “The Deadly Potion Of Passion”, una canción muy clásica y acústica. Nos pusimos como ejemplo el sonido del “Real Gone” (2004) de Tom Waits.
Tras ese impulso con tu tercer disco, ¿cuál fue tu reacción cuando Victoria’s Secret usó “Lava Love” para uno de sus anuncios?
Me hizo gracia, la verdad, porque para mí era un tema de color negro, rojo nocturno, y en el anuncio aparecía una chica en ropa interior blanca con unas sábanas blancas… Todo era blanco y limpio. Me pareció curioso cómo interpretaron la canción.
Hace unos años, Bill Janovitz, de Buffalo Tom, me contó que con el dinero que ganó cuando Nike usó su canción “Sodajerk” para un anuncio se compró una casa. ¿Te planteaste decir que no y rechazar ese dinero?
¿Tanto ganó? ¡Uauuu! Pues a mí no me trajo carros de dinero. En realidad con Victoria’s Secret cedí porque no me hacían cambiar la canción y no tenía nada en contra de la marca. A los editores, sin embargo, les dejé claro desde el principio que no quería que mi música apareciera en anuncios de marcas de tabaco ni de partidos políticos.
¿Y rechazaste otras propuestas publicitarias?
Sí. Hace diez años rechacé a un banco que me puso bastante dinero sobre la mesa. Recuerdo que un amigo me dijo que si iba a ser más pobre cogiendo ese dinero que no cogiéndolo, que no lo hiciera. Era el consejo que necesitaba y dije que no.
¿Cómo has conseguido reunir a todos esos nombres para el concierto del 4 de marzo?
Si te digo la verdad, no me había dado cuenta de los 20 años porque nunca miro hacia atrás, pero cuando el año pasado me lo dijo mi mánager, pensé: “¡Hostias!”. No soy de forzar colaboraciones salvo que surjan de forma natural, así que barajé la idea de hacer un concierto con todas mis bandas de estos años. Me pareció algo muy bonito, pero comencé a pensar en amigos con los que había colaborado y que admiraba y el proyecto creció.
¿Hay algún músico que te hubiera encantado que estuviera pero no ha podido?
Fermin Muguruza, que siempre me apoyó mucho y lo quiero un montón. Le pregunté si se veía en un tema mío, porque lo que él hace es muy diferente, pero al final estaba muy agotado después de su gira y le dije que no se preocupara.
Pero has conseguido que Howe Gelb viaje hasta Barcelona.
Sí. Somos muy amigos. El otro día pensé en él y, ¡qué fuerte!, me di cuenta que de toda la gente que va a participar, incluida la primera banda que tuve, él es al que conozco hace más tiempo. Yo tenía 19 años y él vino a tocar a Mallorca. Fui su telonera. Mi concierto fue un desastre, porque yo era muy tímida, estaba supercohibida y se me desafinaba la guitarra todo el rato. Lo pasé fatal. A pesar de ello, él salió a acompañarme en un tema. Cuando volvimos al backstage, estaba tan asustada que lo miré y le pregunté: “¿Te puedo dar un abrazo?”. Howe me miró extrañado, pero no podía negarle el abrazo a una niña. Nos intercambiamos los mails y nos escribimos un tiempo, pero yo creo que era un estorbo para él más que otra cosa, así que perdimos el contacto. En 2019 fui a grabar a Tucson y, de repente, se abrió la puerta del estudio y entró para ver quién era esa española que estaba tocando y nos rencontramos.
Tu lista de invitados es la confirmación de tu temeridad para meterte en mil charcos. ¿Fue algo premeditado desde que cogiste la guitarra por primera vez?
Supongo que eso tiene que ver con mi padre, que hizo que mi parámetro de la música fuese muy abierto por todo lo que hacía. Crecí escuchando mucha música. El estilo era lo de menos mientras el contenido fuera atractivo. De todas formas, cuando empecé a escribir canciones no pensaba en tener una carrera ecléctica, simplemente me dejé llevar.
Dime dos músicos macedonios que te enseñara tu padre y que deberíamos escuchar.
Vaska Ilieva y Aleksandar Sarievski.
Es curioso que, después de estar siete años luchando para publicar tu debut, cuando por fin lo conseguiste te fueras a Nueva York a estudiar Bellas Artes harta de la música. ¿Tan quemada estabas?
En realidad no tenía ni puta idea de qué se hacía cuando se publicaba un disco. Al final lo grabé por mi cuenta y lo autoedité. No pensé que estuviera haciendo nada raro al irme, pero había estado un año mezclándolo yo sola porque no quería productores y acabé de los temas hasta el gorro. Igualmente, sabía que volvería a la música…
Una tendencia que me llama mucho la atención en la actualidad es que muchas bandas nuevas se hacen un perfil en las redes sociales y empiezan a subir fotos antes incluso de presentar una canción o haber dado un concierto. Tú, en cambio, te retiraste un año de las redes para preparar tu último disco: “Bunker Rococo” (2024).
Aun así es complicado, porque aunque dejes las redes sociales ellas no te dejan a ti. Cuando me alejé, me costó mucho quitarme de la cabeza la culpabilidad de no estar haciendo mi trabajo. Era como si no me hubiera ido. Tomé esa decisión porque me estaba asfixiando y me estaba haciendo daño. Era demasiada exposición y sigo siendo tímida. Yo siempre quise hacer música y venderla, pero las redes sociales tienen un punto de verdulería en el que acabas haciéndote autobombo. Hay que tener cuidado, porque te descuidas y acabas haciéndote un selfi (se ríe). Hubo un momento en el que todo eso me resultó forzado y me rayaba la cabeza.
¿Alguna vez te ha generado ansiedad que tu carrera no dé un salto mayor para llenar escenarios como el Movistar Arena, por ejemplo?
Me gustaría no tener que preocuparme por si vamos a vender todas las entradas, aunque no me puedo quejar. Creo que tener una exposición muy tocha me daría ansiedad. Me encanta que cuando voy a tocar a un sitio la gente me venga a ver, pero después salgo a la panadería hecha unos zorros y no me reconoce nadie. ¡Eso es la hostia!
¿Nunca te ha presionado en ese sentido gente de la industria?
¡Claro! ¡Joder, si me dieran dos céntimos por cada vez que me han insistido en eso… Puf! Por ejemplo: “¿Y si este disco lo cantas en español?”, “¿por qué no escribes más temas como ‘Lava Love’?”, “¿por qué no llamamos a Iván Ferreiro para que escriba canciones para ti?”. Oye, y todos mis respetos para Iván. La pregunta correcta es: ¿qué no me han dicho a estas alturas?
Después del Palau de la Música, ¿cuál es tu siguiente proyecto?
Queremos sacar un disco en directo de ese concierto. Primero tendrá que pasar el control de calidad. ¡A ver qué tal queda! Si lo pasa, quizá haga después una gira con la primera banda que grabé. ∎