Manuel Jabois (Sanxenxo, 1978) es uno de los escritores españoles más populares de lo que llevamos de siglo. A su faceta estrictamente literaria –con libros como “Irse a Madrid” (Pepitas de calabaza, 2011), “Grupo salvaje” (Libros del K.O., 2012), “Nos vemos en esta vida o en la otra” (Planeta, 2016), “Miss Marte” (Alfaguara, 2021) o “Mirafiori” (Alfaguara, 2023), y ahora también “La víspera” (Alfaguara, 2026)– se añade su labor periodística, con un columna semanal en la última página de ‘El País’ y las columnas sobre fútbol que escribe con regularidad en el mismo periódico, además de sus intervenciones en ‘Hora 25’ y ‘La cena de los idiotés’, el pódcast que Aimar Bretos ha dirigido durante las tres últimas temporadas en la Cadena SER.
Pero hoy le tenemos aquí por la pasión enfermiza que siente por la música, que escucha de forma compulsiva tanto en casa, mientras escribe, como cuando camina por la calle, en paseos largos de hasta dos horas de duración. También hablamos de su parecido físico con Quique González –cada vez menor, a medida que van envejeciendo; hay anécdotas fruto de esta confusión– y de una inesperada aparición como cantante en un disco de Andrés Suárez, “Sesiones Moraima 2” (2024). Lo pillamos al vuelo en el Garage Cupra después de acabar la grabación de una de sus intervenciones en ‘La cena de los idiotés’, pódcast que finalizará su andadura herciana a finales de este mes.
¿Cómo es tu relación con la música?
Es una relación muy intensa. Soy una persona que camino mucho y… esto es divertido porque vengo de grabar un pódcast, pero yo no escucho pódcasts… No por nada, sino porque escucho música. Cuando salgo a caminar, y camino mucho, a veces dos horas, siempre voy escuchando música.
¿Y qué escuchas? Porque tu lista de reproducción es muy ecléctica…
De todo. Empiezo con algo y dejo el algoritmo puesto. A veces pongo música española, otras veces latina, ahora italiana, a veces inglesa… Bueno, inglesa en realidad menos, porque me gusta saber las canciones y cantarlas. También escribo muchas veces con música, aunque cuando estoy muy concentrado la verdad es que me da igual. Y todo el tiempo que viajo en trenes y aviones los paso con Spotify. Escucho constantemente, pero no entiendo de música. Yo no sé decir qué canciones hay en determinados álbumes. No sé hablar de estilos ni de cantantes. No soy un erudito, en absoluto: escucho música de una forma en la que mi cabeza se mueve por recuerdos. Y pierdo constantemente los cascos, lo que es una putada, porque son caros: cuando tengo mucha prisa y no puedo llegar caminando a un sitio voy en taxi y ahí se quedan… Una vez me dijo David Trueba, en una entrevista, que la canción era la gran obra artística del siglo XX, por su capacidad de contar una historia en tres minutos y llegar a todo el mundo con una melodía. Ni la novela ni nada. Y creo que tiene razón: es la mejor manera de llegar a la gente de forma masiva. Ayer estaba leyendo ‘El Mundo’ y Arcadi Espada estaba hablando de “La, la, la” y la serie que se ha hecho sobre Massiel en Movistar Plus+, que no he visto. Y entonces me quedé pensando y dije en alto: “¿He escuchado yo el ‘La, la, la’ alguna vez”. Y el amigo con el que estaba me dijo: “¿Pero tú eres gilipollas”. Y la buscó y me la puso y claro que la había oído, pero no lo recordaba. Uno puede saber si ha leído “El Quijote” o no, y hay mucha gente que no lo ha leído, pero una canción… ¿Cómo que no la escuchaste? Yo nunca me la he puesto y efectivamente la he oído, por supuesto. Me pareció una pregunta tan ridícula la que me estaba haciendo a mí mismo… No por la canción en sí, sino porque ¿quién no ha escuchado una canción famosa? Nadie. La has oído sin querer, aquí o allá. Puedes no acordarte en ese momento, pero ¿quién no ha escuchado “Despacito”? ¿Quién no ha escuchado cualquier otra canción famosa?
¿Tú no has tenido ningún grupo cuando eras joven?
No he tenido un grupo ni sé tocar ningún instrumento. Y además no tengo oído. Pero sí recuerdo haber escrito una canción cuando era muy niño; te hablo de cuando tenía 9, 10 u 11 años. Quería hacer un grupo de rock o algo así y escribí una canción: “Éramos pocos y parió la abuela / Éramos pocos y parió la abuela”. Y me lo recordó hace poco un colega de la infancia, en Sanxenxo… Nunca tuve un grupo, pero siempre me fascinó la música y es una conversación recurrente que suelo tener: el talento que tiene la gente para poder tocar un instrumento. Me explota la cabeza que haya gente tocando de putísima madre en la calle y que no tenga un grupo. Debe ser un talento entre comillas “accesible” que para mí es absolutamente imposible. La guitarra la toca mucha gente. ¡Joder! Mis amigos tocan la guitarra sin ser músicos. Pero para mí es… ¡Marte!
¿Cuál es tu primer recuerdo musical?
Recuerdo grabar en las cintas las canciones de las radiofórmulas que me gustaban. Y había de todo. Soy un tipo que si escucho una canción tres o cuatro veces seguidas es raro que no me empiece a gustar. Soy muy mainstream, ¿sabes? Hay alguna que te pega ya desde el principio, pero hay otras que si me machacas con ella al final me acaba gustando. Y luego por supuesto me acaba saturando y no la puedo volver a escuchar en cinco años. Grababa mucha radio cuando era niño. Grababa hasta las retransmisiones deportivas para volver a escucharlas después. Y grababa las canciones del programa ‘Del 40 al 1’: “Esta me gusta, esta no”. Estaba atento e iba grabándolas y odiaba cuando el locutor se metía en medio. Tenía muchísimas cintas con esas historias.
¿Eras de Los 40 Principales? Tienes más pinta de Radio 3…
Yo movía la rueda del dial de una radio gigantesca que teníamos en casa, en Sanxenxo. Y donde encontrase música me iba quedando. No sabía distinguir nada, pero luego fui aprendiendo y muchas de esas músicas me entraron de adolescente, porque iba a los bares y en los bares te ponen las canciones de moda, las que la gente está cantando.
Me ha llamado mucho la atención la variedad de propuestas de tu lista: de Julio Iglesias a Yung Beef, pasando por Nacho Vegas, Franco Batiatto o Keane.
Julio Iglesias me gusta mucho, pero te podría haber puesto más de Morrissey. No te metí a Dylan, que me encanta y me vuelve loco, y ahora que han estrenado su biopic he vuelto a escuchar cosas que no he escuchado desde hace por lo menos diez años…
¿Cuál pondrías de Bob Dylan?
Pues mira, yo ahora estoy con la de “It Ain’t Me, Babe”, en la versión que canta con Joan Baez. Pero la canción por excelencia es “Like A Rolling Stone”; sé que es muy mainstream, pero la he escuchado millones de veces. Me gusta mucho. Pero, bueno, hay muchas de esas que no sé cuál elegir.
Nacho Vegas no es mainstream precisamente…
Nacho Vegas también me encanta. Con lo que mis amigos flipan es con cuántas canciones me sé de memoria: cuando las empiezo a escuchar las empiezo a cantar, porque soy muy de bucle, un tipo muy obsesivo. Hay una cosa que estoy corrigiendo, porque no es que acabe la canción y la vuelva a poner y haga eso diez veces… es que si hay un tramo de la canción que me gusta especialmente –un puente o lo que sea, de diez segundos– lo repito una y otra vez. Y me he dicho: “Estamos entrando en la locura, párate, por favor”. De Nacho Vegas sé muchas, me parece uno de los tres o cuatro mejores compositores de España. Y hay más gente que no he metido porque en ese momento no se me han ocurrido. No hay ninguna de C. Tangana, que también me gusta mucho, o de Rosalía. Pero también depende del momento mío, de lo que tenga en la cabeza. De a qué recuerdos quiero llegar, de qué quiero pensar… Por ejemplo, si estoy metido en un libro, como es el caso, que está siendo “el libro de la música italiana”, estoy escuchando a Rino Gaetano de forma compulsiva. No tengo ni idea de italiano, pero de tantas veces como las he escuchado estoy llegando a chapurrear varias estrofas. En la canción de Gaetano que te he puesto, al final se pasa gritando como un minuto y pico y me pone la piel de gallina. Y lo he descubierto hace relativamente poco. También estoy escuchando mucho “Maledetta primavera”, que no recuerdo de quién es… (de Paolo Amerigo Cassella y Totò Savio, interpretada por Loretta Goggi)... y a partir de ahí, el algoritmo sigue su curso… “Miss Marte”, en cambio, la escribí con The Kinks y de hecho “Lola” sale en la novela. Y “Mirafiori”, con Juan Luis Guerra: los protagonistas se conocen con “La bilirrubina”. Ahora estoy escuchando “Dry Martini” por no-sé-qué-razón, una canción que nunca la había tenido en el radar de Nacho Vegas. Mira mi bucle actual: “Era gia tutto previsto”, de Riccardo Cocciante; “Brigitte”, de Los Planetas; “Los caprichos del querer”, de Los Lagos de Hinault, que me gusta mucho también; “Podría haber sido”, de La Bien Querida; “Dry Martini”; “Delito común”, de Sara Casasnovas; o “Lágrimas de mármol”, de Joaquín Sabina, al que fui a ver hace poco a un concierto y fue la segunda que cantó y yo no la tenía muy controlada, pero me quedé con el rollo y me gustó. Te he metido una de Sabina porque fui el otro día al concierto, porque llevaba sin cantar a Sabina diez años. Cuando llegué a casa volví a ponérmelas después de muchos años, porque lo he explotado muchísimo. Sabina siempre fue un cantante de mi padre y lo heredé, igual que heredé a Luis Eduardo Aute o a Serrat. Pero esa música la exploté tanto que ahora ya no me las pongo. Sin embargo, voy al concierto y por supuesto las canté todas, porque me las sé de memoria.
¿Has sido en algún momento de alguna tribu urbana?
No. Yo he sido siempre un tío que se ha puesto una camiseta, un vaquero y un calzado. No tengo un estilo muy reconocido. De hecho, mis amigos se meten conmigo por mi forma de vestir, porque es algo a lo que nunca he prestado mucha atención. Mis amigos son los amigos del pueblo y los amigos de Pontevedra. La música disuelve fronteras y disuelve clases sociales. A mí me gustaban mucho cuando era joven los Hombres G, cuando tenía 15 o 16. Me hacían mucha gracia “Marta tiene un marcapasos”, “El ataque de las chicas cocodrilo”, “Visite nuestro bar”… y me las sabía todas.
Has hecho hojas de promoción para La Bien Querida y Dani Martín. ¿Hay algún otro grupo o cantante del que hayas escrito este tipo de textos?
Sí, los dos son amigos. A Dani Martín lo conozco desde hace más tiempo y hace unos años, en 2019 o 2020, se puso en contacto conmigo para que escribiera eso y tenemos una relación muy bonita. Y La Bien Querida me da muchas pistas de grupos, como Los Lagos de Hinault. Es posible que haya escrito alguna otra hoja de promoción. No sé si hice alguna para Loquillo, al que también conozco. Y también conozco a Calamaro, que es otro de los grandísimos. Me encanta en solitario y me encantaban Los Rodríguez, que es otro grupo que también escuchaba compulsivamente cuando existían. ¡A Calamaro también lo tengo quemadísimo!
¿Y te gusta de verdad la música del himno del Real Madrid, del que tú hiciste la letra?
Sí, claro, hombre, sí. Yo creo que el éxito del himno es la composición de RedOne. Es un himno, muy soviético. Y como madridista me gusta que haya calado tanto y que la gente la cante tanto. Y que hayamos tenido tantas oportunidades de cantarla, por tantos títulos como ha habido estos últimos años. También tengo una canción con Andrés Suárez, “Mirafiori”, en la que yo canto. Él leyó el libro, le gustó muchísimo –perdón por decir esto– y automáticamente, al acabarlo, hizo una canción con frases sueltas del libro que le habían gustado. Me llamó para contármelo y me quiso liar para cantarla. Le dije que no, por supuesto, porque canto como el culo. Pero hizo lo que hace cualquier gallego con otro gallego, me llevó a emborracharme con él y a los cuatro vinos le dije: “La canto, la canto”. La grabamos en su estudio, Moraima, y salió una canción que me gusta mucho, a pesar de que salgo yo por ahí cantando.
¿Cómo es la historia con Quique González? ¿Le decían a él que se parecía a ti o a ti te decían que te parecías a él? ¿Quién empezó primero?
A mí me han dicho todo el rato que me parezco a Quique González. Cuando éramos más jóvenes podía haber un parecido, pero ahora ya no, porque hemos crecido y hemos envejecido. Pero ni Quique ni yo hemos asumido que nos parecemos, en absoluto. Sin embargo hay una foto de Quique González que la vi una vez y pensé que era yo. Es una foto en concreto, de perfil, en un concierto, y me tuve que quedar mucho tiempo mirándola y me decía: “¡Hostia, qué mal rollo me está dando esto!”.
¿Os llegasteis a conocer?
Nos conocimos porque tenemos algunos amigos comunes y una vez, en un local de la calle Ballesta que ya cerró, estábamos juntos y alguien nos vio. Menos mal que Quique fue rápido para evitar que nos hicieran una foto: primero, porque no se hacen fotos a las cuatro de la mañana y, segundo, porque no queremos fotos que atestigüen que no somos la misma persona (risas). Tuve una gigantesca, hace unos ocho o nueve años, después de un festival muy famoso que hay en Caldas de Reis, Cultura Quente, en el que se decía que Quique iba a estar pero en el que finalmente no estuvo. Acabé en un bar a las tres de la madrugada y alguien vino a decirme que las canciones que hacía eran guay, y yo le decía que se confundía. Y él seguía: “Bueno, ya, lo dices para que no te moleste la gente y tal”. Le respondí: “No, de verdad, que yo no soy Quique”. Él seguía insistiendo y, al final, me contó una historia tremenda: que su hermana tenía cáncer, que estaba hecha polvo y que me hiciera una foto con él, para ella, o que le mandara un mensaje corto, que me lo agradecería toda la vida. Fue una situación muy violenta y estuve a punto de decirle que sí, que lo grababa, pero pensé que si la hermana era tan fan, cuando lo viera iba a decir que era una tomadura de pelo… ¡Y el tío se enfadó conmigo! Me dijo que era un desconsiderado y que quién me creía que era por ser famoso. Me terminó mandando –bueno, a Quique González– a tomar por culo. ∎