Vía correspondencia, hablamos con ella y desgranamos su última entrega, “SO MUCH HAS CHANGED” (SECCA-Sony, 2026), disco marcado por un cruce constante de vivencias pero sostenido sobre un núcleo que permanece intacto. Vivir lejos de casa no siempre implica tomar distancia. En su caso, instalarse en Los Ángeles ha sido otra manera de acumular experiencias que terminan filtrándose en su música. Portugal sigue siendo el origen, aunque ya no el único punto de referencia. “Vivir en general es lo que acaba influyendo en cómo escribo canciones”, explica. “Vivir en Los Ángeles aporta unas cosas, vivir en París aporta otras… Experimentar lugares, culturas y personas es lo que sigue dando forma a cómo veo y siento el mundo”.
Mientras otros músicos ven en la producción constante un motivo de fatiga, ella encuentra en el estudio su verdadera fuente de energía. “Si tengo un mes libre sin girar, una forma de recargarme y sentirme inspirada es ir al estudio durante ese mes”. Estamos ante una inversión de los términos habituales: aquí el silencio forzado es, paradójicamente, lo que le hace perder el equilibrio. “Me siento más agotada cuando no encuentro tiempo para escribir, tocar o grabar. Sé que técnicamente es trabajo, pero de algún modo me permite desconectar y reconectar”. Para Mariana Secca, nombre real detrás de la intérprete, ese centro creativo se forjó mucho antes de estudiar en Berklee, durante una infancia marcada por una escucha abierta y diversa. “El corazón de lo que hago viene de todo lo que escuché al crecer. Estuve expuesta a muchísima música de todo el mundo y todo eso se quedó dentro”, afirma. La vida sigue impactando en su manera de crear, pero la música, en última instancia, sigue brotando de un lugar más profundo.
La imagen elegida para la nueva portada resume bien ese estado: MARO emergiendo de las frías aguas de Portugal, bajo el sol. “El salto representa un nuevo comienzo. Los colores son cálidos y el entorno –la playa, el sol– me remite a mi infancia y a los veranos portugueses. Además, me gustaba que la imagen hablara más de una sensación que de mi cara”.
La gratitud, en cualquier caso, no es un sentimiento nuevo. En piezas como “I OWE IT TO YOU”, MARO firma una carta de amor pública a los suyos que podría sonar a cambio de registro frente a la melancolía de temas previos como “Nana” o “Chiquitinha”. Nada más lejos de la realidad: “Siempre he escrito desde ese lugar de gratitud”, aclara. “Simplemente no termino publicando todo lo que hago. Es una sensación muy presente, algo que ha sido una constante en mi vida”. Desde ahí se entiende también su manera de relacionarse con el tiempo. En el tema que da nombre al álbum deja caer una frase que funciona casi como un aforismo: “Time is going way faster / but suddenly there’s no pressure”. A propósito de esto, apunta: “Por suerte, el tiempo nunca fue una fuente de ansiedad para mí. Era algo en lo que no pensaba demasiado. Esa frase aparece ahora porque empiezo a notar que los días vuelan, pero también me doy cuenta de que no necesito presionarme sino aprovechar cada segundo al máximo”.
Curiosamente, ese impulso vital acaba traduciéndose en un gesto estético mucho más contenido. En “KISS ME”, MARO se aleja de la épica romántica para refugiarse en la belleza de lo cotidiano: las charlas cuando cae el sol o el gesto de besarse antes de dormir. “Más allá de los grandes gestos, la canción trata sobre elegir a alguien día tras día. Va de una relación real y de la hermosura que reside en eso”, nos explica. El álbum, sin embargo, no es una línea recta de calma absoluta. Existe un punto de fricción necesario: “DROWN”. Rescatada de un cajón de 2018, la canción funciona como un torbellino que rompe la balsa de aceite del conjunto: “Sentí que esta canción tenía que estar aquí. No sé si era una necesidad de soltarla finalmente o una decisión puramente musical, pero encajaba en este universo y me alegra haberla incluido”.
En lo sonoro, este viaje la ha llevado desde el fado y el folk más orgánico hasta un territorio que etiquetamos como bedroom pop, salpicado de beats hipnóticos y una electrónica sutil. Tras el viraje rítmico de “LIFELINE” (SECCA, 2025), MARO encontró en NASAYA el cómplice perfecto para dar salida a este nuevo capítulo. El proceso no fue un frío intercambio de archivos, sino una convivencia de tres semanas con músicos y amigos como Pedro Altério, Tommaso Taddonio y Gabriel Altério: “Esa energía de estar juntos, de crear en comunidad, es lo que se percibe en el sonido final del álbum”.
Esa pulsión por compartir atraviesa también su manera de colaborar: “Lo más sorprendente es que sigo descubriendo partes de mí gracias a los demás. Es como si hubiera muchas MARO dentro de mí que ni siquiera conozco”. Fue precisamente esa curiosidad la que la llevó a grabar con Eric Clapton, tras registrar primero un vídeo de un minuto cantando “Tears In Heaven”:“Russ Titleman se lo envió a Eric, él pidió una versión completa y, cuando empecé ITSA ME, MARO! –una serie de cien colaboraciones nacida durante la pandemia–, me atreví a preguntarle. El resto es historia”. Una historia que también incluye haber compartido escenario con Shawn Mendes. “Fue una experiencia inolvidable”, recuerda, “un privilegio”.
MARO regresa a España en marzo con las manos llenas de estas verdades. Barcelona (22), Valencia (23) y Madrid (24) serán los escenarios donde comprobaremos que la arquitectura de su calma es lo suficientemente sólida como para darnos cobijo. ∎