El título “Future Quiet” tiene mucho de declaración de principio, pero ¿te impusiste alguna regla o condición al grabarlo?
La verdad es que no. Es un disco muy tranquilo que en cierto modo hice casi para mí mismo, donde quería crear algo increíblemente relajante, pacífico y calmado que funcionara como un refugio. Y supongo que, en cuanto a reglas, sería simplemente preguntarme, cuando componía y escuchaba la música, si me llenaba de calma y paz. Si la respuesta era sí, entonces la incluía en el álbum.
Empezaste a tocar el piano a los 9 años. ¿Este disco también ha sido una forma de reconectar con tu infancia?
Mucha gente tuvo infancias felices, tranquilas y pacíficas, pero yo desde luego no. Reconectar con mi infancia supondría para mí un caos y un miedo enormes. Creo que no descubrí la tranquilidad hasta que tuve unos 40 años.
¿Qué artistas te han inspirado a la hora de hacer este álbum?
Espero que mi respuesta no sea decepcionante, porque mis influencias son bastante obvias. Arvo Pärt, Brian Eno, Max Richter… Gente que hace música sencilla, relajante y pacífica. Siento que debería tener referencias más oscuras, pero ellos son a quienes recurro cuando quiero escuchar música que transmita esa sensación de calma.
Algo que me resulta extraño es que se inicia con una regrabación de “When It’s Cold I’d Like To Die”, un tema tuyo de 1995 que se popularizó gracias a la serie “Stranger Things”. Parece que el nuevo modelo de canción de éxito es la que se vuelve viral en TikTok o en series de las principales plataformas y se amplifica mediante el algoritmo. No es un proceso realmente orgánico, y actualmente está controlado por las personas más ricas del planeta. Para alguien como tú, que en su momento fuiste muy activo en la defensa de la neutralidad de la red, ¿cómo lidiar con este tipo de cosas?
Lamentablemente, el panorama digital y el mediático, aparte de instituciones como la BBC, siempre ha estado controlado por las personas más ricas, o por la Iglesia. Me refiero a que, remontándonos a miles de años atrás, incluso desde la dinastía Han en China, el emperador controlaba los medios. Los medios son como el clima: puedo quejarme, puedo estar molesto, pero no me van a prestar atención. Sobre todo en Estados Unidos ha sido muy deprimente por muchas razones, pero una de ellas es Silicon Valley, donde prácticamente todos los medios de comunicación están controlados. Hasta hace unos cinco años, todos allí eran bastante democráticos y progresistas. Y algo sucedió, creo que durante la pandemia, que hizo que Mark Zuckerberg, Jeff Bezos, Elon Musk y toda esta gente se volvieran de extrema derecha. Ha sido muy extraño presenciarlo, porque siempre pensé ingenuamente que Silicon Valley era una fuerza a favor del progreso y la democracia, al menos en cierta medida. Ver que toda esta gente se ha convertido en libertarios de ultraderecha es muy muy inquietante.
Ahora inicias una gira por festivales. ¿Qué vas a tocar?
Mi pregunta, cuando se trata de dar un concierto es: “¿Qué me gustaría ver si estuviera entre el público?”. Y, la verdad, cuando voy a ver a una banda o a un artista, quiero escuchar mis canciones favoritas. Si voy a ver a Neil Young, quiero que toque “Helpless” y “The Needle And The Damage Done”. No quiero oírlo subirse al escenario a tocar solos de guitarra y canciones nuevas. Creo que los músicos pueden ser un poco egocéntricos en su casa, pero cuando decenas de miles de personas compran entradas a precios exorbitantes, el trabajo del artista es hacerlos felices y darles esa sensación de celebración y liberación. Así que espero que mi concierto no sea solo egocéntrico y molesto. No tocaré el último álbum, sino lo que la gente quiere escuchar.
Entonces, una cosa es el Moby que graba discos para sí mismo y para que la gente se sienta bien en casa, y luego está el artista en directo, que quiere congraciar al público y compartir el momento con los demás.
Creo que así es como funciona la música para la gente. Cuando alguien intenta conciliar el sueño, es muy probable que no esté escuchando a Pantera. Cuando alguien se despierta por la mañana, es muy probable que lo primero que haga no sea poner a The Prodigy, pero si está en una fiesta con sus amigos, o en un festival, querrá música enérgica. Así que creo que mi reacción a la música en ese sentido es la misma que la de casi todo el mundo.
Actualmente llevas una vida muy sana y calmada. En los últimos años se han publicado bastantes libros y artículos que hablan de cómo la industria musical arrastra a mucha gente a la adicción y a problemas de salud mental. ¿Te preocupa esto cuando te embarcas en una gira tan grande?
Por suerte, a estas alturas de mi vida, creo que me conozco bastante bien y no me preocupa demasiado la adicción. La superé hace mucho tiempo, así que cruzo los dedos. Mi mayor preocupación en las giras siempre es el insomnio, pero en cuanto a salud mental, estrés o ansiedad, la verdad es que no es tan grave. Sales de gira, te alojas en hoteles, te subes al coche, vas al recinto, das el concierto, vas a restaurantes veganos... Es bastante sencillo.
En los últimos años estuviste muy cerca de David Lynch. ¿Cómo era vuestra relación?
Bueno, David y yo éramos amigos. Una exnovia mía vivía en una casa que le pertenecía a él, así que pasaba mucho tiempo allí. Aprendí a meditar en su casa, pasábamos las Navidades juntos y trabajábamos juntos en música. Mi regalo de bodas para él fue ser el DJ, y acabamos pinchando juntos. Una de las cosas más extrañas de la extraña vida que he tenido es que me he hecho amigo de mis ídolos, como también me sucedió con David Bowie y Lou Reed. Lo bueno de David Lynch es que era un hombre tan agradable que me gusta aún más su trabajo, sobre todo algunas de sus películas más recientes y menos conocidas, como “Inland Empire” (2006) y “Mulholland Drive” (2001). Ser su amigo me ha hecho apreciar de verdad su arte. Diría que “Inland Empire” es mi película suya favorita, porque es muy ingeniosa y creativa.
Se te considera una figura clave en la popularización de la música electrónica y del movimiento EDM. ¿Cómo veías tú eso desde fuera?
Desde mi perspectiva, todo se basa en la formación que recibí en Nueva York a principios de los ochenta. Ibas a un club como Danceteria y allí había un DJ de hip hop y otro de música disco gay. En el sótano tocaban los Bad Brains y en la planta baja Sonic Youth o Mission Of Burma. Era todo muy ecléctico. Salías de Danceteria, te subías al coche para volver a casa y escuchabas a Brian Eno. Y siento que musicalmente no he progresado desde entonces. Me encanta la cultura rave, y me encanta la música electrónica, pero también las piezas clásicas largas, la música folk y el punk rock. Nunca entendí por qué alguien ignoraría algún género musical, porque todos son interesantes.
Con la etiqueta IDM –Intelligent Dance Music– fuiste un poco crítico en su momento. Lo veías como una especie de conspiración de los periodistas más intelectuales de clase media para imponerla sobre los estilos electrónicos más populares.
Recuerdo estar en una tienda de discos, probablemente en 1992. Alguien estaba hablando de “techno inteligente” y un amigo mío hizo una broma: “Un momento, ¿cómo puede un bombo ser inteligente? ¿Cómo puede una pista rave usar un Roland 303 y un Juno 106, y el techno inteligente también? ¿Por qué uno es más inteligente que el otro?”. Yo vengo de una larga estirpe de académicos e intelectuales, y descubrí que me encanta la tecnología inteligente. Lo digo entre comillas, pero, ya sabes, me encanta experimentar y también me encanta la música bailable y alegre con divas disco cantando a todo pulmón. Lo que me preocupa es que alguien intente reprimir la emoción en la música. Porque para mí ese es el objetivo final de la música: comunicar emociones, ya sean belleza, tristeza, alegría, desesperación o ira; la música es un vehículo para las emociones. Recuerdo cuando empecé a estudiar teoría musical, siendo muy joven, que a mi profesor solo le gustaba la música académica. Y yo pensaba: “Pero ¿a quién le importa? Si quieres ser académico, estudia ingeniería, no música”.
El año pasado hiciste una gira por el 25º aniversario del álbum “Play” (1999). ¿Eres una persona nostálgica?
La nostalgia es un concepto fascinante. Podríamos deconstruirla usando la teoría semiótica. Es nuestra relación casi atávica, hereditaria, con los significantes y los símbolos. Y se podría argumentar que la evolución de la conciencia humana, casi a nivel epistemológico, ha estado ligada a la nostalgia. Es como remontarse 50.000 años atrás, cuando nuestros ancestros sentían nostalgia por el lugar donde encontraron agua hacía dos años. Recordar el pasado los ayudó a sobrevivir. Claro que ahora vivimos en una época donde gran parte de la cultura está paralizada por la nostalgia, que sin duda tiene aspectos perniciosos y poco saludables. Pero creo que la nostalgia también me recuerda, al menos a mí, que las cosas solían ser más optimistas. Piensa en principios de los noventa, cuando Bill Clinton era presidente, Tony Blair primer ministro, internet era nuevo, China estaba implementando reformas democráticas y Rusia se estaba convirtiendo en una democracia también. Es difícil no sentir nostalgia por ese período de optimismo.
¿Te preocupa seguir siendo relevante como músico?
Oh, nunca. Para nada. Cuando se trata de envejecer, mi pregunta siempre es: “¿Qué haría Leonard Cohen?”. Y no creo que a Leonard le preocupara demasiado la relevancia; aceptaba envejecer. Y, por definición, el mayor error que comete la gente es que, al hacerse mayor, intenta desesperadamente aferrarse a la juventud. A mí me gusta envejecer porque aprendes más, tienes un marco de comparación y referencia más amplio. Así que la relevancia supongo que también depende de cómo la gente la defina, porque tiene un aspecto cuantitativo: ¿cuántas entradas has vendido?, ¿cuántas reproducciones has tenido? Pero, para mí, la pregunta más importante sobre la relevancia es: ¿usan las personas su poder, su influencia, su dinero, lo que sea, para intentar simplemente hacer del mundo un lugar mejor? Y me doy cuenta de que en el momento en que empiezas a centrarte en eso, dejas de preocuparte por la relevancia. ∎