Una rareza pop. Foto: Alfredo Arias
Una rareza pop. Foto: Alfredo Arias

Entrevista

Papaya: “Somos una criatura extraña de uniones”

Como aquellos buscadores de la fiebre del oro, Yanara Espinoza se ha tomado su tiempo hasta encontrar el precioso metal. “Oro” es también el título de su tercer álbum al frente de Papaya, el primero desde 2018. El 6 de junio lo presentarán en la sala Vesta de Madrid.

Desde que publicase su EP “La reina del amor” en 2021, se venía hablando de un tercer álbum de Papaya –tras “No me quiero enamorar” (2015) y “Corazón abierto” (2018), los dos en Jabalina– cuya espera se ha ido dilatando en el tiempo. “Hombre, yo llevo esperando el fin del mundo desde el dos mil y nada de nada, así que, siendo canaria-chilena, si tardo un poco en sacar el disco, tampoco pasa nada”, nos explica irónicamente Yanara Espinoza. “Decidí hacer un disco aplicando los conocimientos y contactos adquiridos sin prisa, con tiempo para disfrutarlo de una forma más paciente valorando y cuidándolo. Lo que pase después no me importa, pero está hecho desde el respeto, el cariño y lo más valioso, que es el tiempo. ¿Y si no pasa nada? Al menos mi legado artístico estará ahí”, añade la artista, quien, en efecto, ha ido puliendo “Oro” (Agua en Marte, 2025) a fuego lento, y dosificando sus adelantos. Tras el citado EP de tres temas, llegaron las canciones “Yo te perdono” en 2023, “Al este de Mojácar” y “Cuéntame” en 2024, e “Y ahora qué?” y “Nos veremos en el bar” en 2025. Todas ellas incluidas en el nuevo álbum, que se publicó en diciembre pasado y es una colección de cortes grabados en varias sesiones con tres productores distintos: Paco Loco, David Kano y David Baldo. Como pueden aventurar a pensar, su recorrido es “bastante ecléctico, fronterizo”, confirma la vocalista, letrista y guitarra de Papaya, a la que ahora acompañan Sebastián Litmanovich (guitarras, producción) y Mario Ronchel (bajo).

Sebastián Litmanovich, Yanara Espinoza y Mario Ronchel. Foto: Alfredo Arias
Sebastián Litmanovich, Yanara Espinoza y Mario Ronchel. Foto: Alfredo Arias

Agua en Marte es el sello que has creado tú. ¿Por qué la autoedición?

Walden (con quienes debutaron en 2014 con el EP “El rey de las camas”) y Jabalina son sellos a los que adoro y a los que siempre les agradeceré haberme dado la oportunidad de poder hacer música y creer en mí. No todo el mundo apuesta y arriesga hoy en día sin tener claro unos mínimos. Ofrecí este disco a varios sitios y, obteniendo una respuesta positiva y de respeto, nadie terminó de comprometerse con el proyecto. Aun así, no me desilusioné y lo vi como una oportunidad. La autoedición es algo que se ha hecho toda la vida y, para mí, supone una experiencia más y bastante buena.

Llaman la atención las colaboraciones de Kurt Savoy y Mercedes Ferrer en “Al este de Mojácar”. ¿Cómo los conocisteis?

Cuando descubrí el “mundo porrón” en Almería mi vida cambió. Fue en el bar El Gato de Villaricos. Ahí supe que Kurt Savoy no era lo que yo pensaba: un mito de Estados Unidos que ya habría muerto y había popularizado el silbido de los temas wéstern de Ennio Morricone. Mi socia, Gars Nan, me dijo que era andaluz, de Andújar (Jaén), y que estaba vivo. Así que, gracias a estas maravillosas tecnologías y el ímpetu de la alegría de aquel porrón fresquito nos decidimos a llamarle y se enamoró del proyecto. Me parece un personaje atemporal y con un talento increíble, es marido de la primera mujer torera de Europa, Clarita Montes, y, de pequeño, vendía caramelos en el Banco de España en Madrid, cosa que me parece entrañable. Está lleno de vivencias, historia y éxitos. Es una maravilla poder trabajar con alguien que es leyenda de la música y el cine y que nos facilitara poder grabar el vídeo en el mini Hollywood de Tabernas. Mágica es también la conjunción que tuvimos con Mercedes Ferrer, que es vecina de mi barrio, además de gran letrista y compositora, y vive el universo muy en sintonía con nosotros, con una gran sensibilidad. Estas colaboraciones os pueden parecer absurdas, “papayescas”, pero tienen sentido y hacen de nuestro universo un mundo intrigante y rico.

“Walden y Jabalina son sellos a los que adoro y a los que siempre les agradeceré haberme dado la oportunidad de poder hacer música y creer en mí. No todo el mundo apuesta y arriesga hoy en día sin tener claro unos mínimos. Ofrecí este disco a varios sitios y, obteniendo una respuesta positiva y de respeto, nadie terminó de comprometerse con el proyecto”

Yanara Espinoza

He leído que estabas probando a componer canciones para otros. ¿Cómo vas con eso?

Es una de esas ilusiones que siempre he tenido, pero que nunca pensé que fuera a pasar o, al menos, a corto plazo. Luego te das cuenta de que quizá no se te da tan mal y de algún modo habrá que monetizar esta carrera, que lo es de fondo. Tengo una gran lista imaginaria de artistas con los que me gustaría trabajar. Vamos a ir dándole y que sea lo que tenga que ser. Moverse con “visión espacial” en cuanto a actitud, sobre todo, es absolutamente necesario.

Tocas mucho con Cintia Lund, ¿cuál es tu relación personal y artística con ella, y qué te aporta?

Es una de mis mejores amigas, la admiro, la quiero y la he amadrinado musicalmente desde que pisó estos parajes madrileños. Creo que es de las pocas personas que me entiende y me aguanta, y encima, sumamos, porque es otra manera de trabajar, no solo centrarnos cada una en nuestro proyecto. Es curioso lo que va saliendo, como dos temas de los que me siento bastante orgullosa: “Non so ballare” (2025) y la que hicimos para Ágatha Ruiz de la Prada, que le encantó y está en sus desfiles, “Ágatha” (2022). Actualmente, estoy produciendo su próximo disco, en el que contamos con artistas de Estados Unidos, Turquía y Nueva York. Es una artista polifacética que tiene mucho que ofrecer.

Un trío con magia. Foto: Alfredo Arias
Un trío con magia. Foto: Alfredo Arias

Además de eso, tocaste la batería con Anntona. Mucha gente desconoce esa faceta tuya. ¿Qué tal resultó hacerlo?

Te respondo al más estilo reguetón: “Hay que darle duro”, y Anntona tiene un talento y un rollo que hace que salga mi faceta más primitiva dentro de otro rol. Me pagué el carnet de conducir currando de batería de uno de mis grupos favoritos de Canarias, Arsénico. Entendí lo que era el blues, un coñazo para mi alma de rock, y tocar la batería es algo duro, áspero, que te hace soltar, entregar la energía y sudar. Me encanta.

Cuando iniciaste Papaya, lo hiciste en paralelo a Violeta Vil, de quien eras guitarrista. Hace tiempo que no se sabe nada de ellos. ¿Qué sucedió con esa banda?

¡Eso digo yo! Es broma. Violeta Vil para mí es de los mejores grupos que hay y te juro que no porque toque en él, pero Mónica (Di Francesco, líder de la banda) y lo que sucede en nuestros directos es una cosa tan loca que nunca he sentido algo igual. Es una catarsis iluminada de talentos convexos que culminan en una psicodelia mágica. Es como hacer una poción, echas muchas cosas distintas y al final explota y sale algo maravilloso. Muchos de ellos tienen sus trabajos fijos, a los que le tienen que dedicar mucho tiempo, pero yo te recomiendo que no le pierdas la pista. Y hasta ahí puedo contar por ahora. ∎

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