Abriendo la segunda jornada de festival en el escenario Schwarzkopf, el quinteto madrileño .bd. funcionó como una máquina bien engrasada, desplegando su math rock para el abundante público que los acompañó a tempranas horas de la tarde. El grueso de su show mostró temas inéditos y algunos pocos de su único EP, “Economato textil” (2025), como “Ahora sí” o “Cien y ciento”, en los que exhibieron su esencia math con elementos jazz provenientes de la sección rítmica o el saxo, que agregó síncopas inesperadas y otorgando dinamismo a los temas. La banda también es rica en interludios instrumentales e improvisaciones que destacaron en la quinta canción, un spoken word improvisado de su exbajista, que intervino como invitado. Al final presentaron su nuevo corte, “Canción de Lucas”, donde parecen coger un camino más próximo al indie rock. Daniel P. Garcia
Ethel Cain apareció en el escenario Estrella Damm rodeada de hierba, humo y postes de madera, y el Fòrum adquirió la forma de una carretera secundaria perdida en algún rincón del sur profundo. La estadounidense abrió con “American Teenager”, la canción que presentó al mundo el universo de “Preacher’s Daughter” (2022), una obra semiautobiográfica que convive con el terror religioso, el gótico y su propia mitología. El concierto fue avanzando como un ritual; su voz frágil magnetizó al público y quizá fue la primera actuación del fin de semana capaz de sumir al Fòrum en un silencio absoluto y mantener inmóviles a miles de espectadores. Uno de los momentos más celebrados llegó con “Ptolemaea”, que sus seguidores saben que rara vez aparece en sus directos. Con “A House In Nebraska”, Cain cerró una actuación que convirtió el festival en un territorio de fe, pérdida y trascendencia. Durante unos segundos, cuando sonó la última nota, nadie pareció tener prisa por volver a la realidad. Laia Marsal
Con frases como “te juro que este culo está bendecido” está dicho todo. Pertenece a la canción “Epitafio” de Akriila, en la que participa Juicy BAE y que esta interpretó en su actuación en el escenario Schwarzkopf. Una canción mucho más interesante de lo que podría parecer en un principio, casi un relato novelado a lo Rubén Blades... pero con mucho más picante. Perteneciente a la generación de Lia Kali, Bad Gyal, Queralt Lahoz o Judeline, está sevillana tiene un poco de todas ellas: un cocido a base de trap, R&B y rap fundamentalmente. Con un sugerente sofá rojo redondo y acompañada por un baterista y un guitarrista con querencia pinkfloydiana, Juicy BAE dio forma a un recital de sonidos urbanos con chulería y sexo a destajo en temas como “IDGaF”, "CTRL" (puro sexo, pérdida de control y Auto-Tune moderado) o “69”, que presentó diciendo: “y ahora, para terminar, vamos a hacer algo nasty, que sé que os gusta”. Lo sabe y lo aprovecha. Luis Lles
El Auditori Rockdelux acogió en su segunda jornada al imponente mark william lewis y su banda de tres músicos, siempre muy cercanos a él, como un pequeño grupo de amigos arropando al que celebra un aniversario. Lewis posee una voz de tenor única, más impactante incluso cuando habla que cuando canta, y que brilló especialmente en los temas más desnudos de su repertorio. Su concierto fue de menos a más: un poco tímido al principio, luego creciendo a cada tema, con un tramo final en el que destacó “Tomorrow Is Perfect”, recitada casi con la única compañía de una percusión de jazz-pop perfectamente medida. Al inicio uno pensaba que cincuenta minutos se harían largos y monótonos, pero a los treinta quería que siguiera tocando cuarenta más. Ganas, pues, de volver a verlo en un espacio reducido y con todo el tiempo del mundo por delante. Carles Novellas
La comparecencia de los de Galway fue la primera de la tarde de una jornada que por suerte ya no estaría pasada por agua. Con dos álbumes y dos EPs en su haber, esta joven banda afrontó abrir el día de The Cure –una de sus grandes influencias– en el mismo escenario que luego pisaron Robert Smith, Simon Gallup y compañía. Si en los auriculares canciones como “Heavyweight” seducen por su continuidad sedosa y la voz dream pop de Julie Dawson, en directo –o quizá en un escenario tan grande como el Estrella Damm– se desinflan. Tuvimos cincuenta minutos de pop-rock inofensivo, con estrofas de teclados mullidos, coros con guitarras reminiscentes del nu metal de MTV sección Linkin Park y un montón de bajos à la New Order-The Cure. Eso sí, levantaron algo de bailoteo con una versión del “Heads Will Roll” de los Yeah Yeah Yeahs. Quien esto escribe teme que se empieza a notar cada vez más el impacto de la IA y Suno en las composiciones de los grupos de rock jóvenes. Ricard Martín
No vino precisamente solo Ralphie Choo para su concierto en prime time en el escenario Cupra: hasta siete músicos lo acompañaban, dando forma a su pop emo, multiforme y volátil sin sonar en ningún momento abigarrado ni excesivamente barroco. Consciente –seguramente– del privilegio del momento, aún hizo subir a más gente a su lado: primero fue mori, para interpretar “WCID?”, uno de los highlights de su repertorio; y luego, para algarabía general, el simpar rusowsky, interpretando su hit “Baby Romeo”, que sonó a gloria en pleno cambio del día hacía la noche. Por lo demás, el concierto fue fiel reflejo de lo que es también su debut “SUPERNOVA” (2023): una burbuja fresca y sorprendente de música que aparece, te abraza un instante y luego se va, sin que apenas te hayas dado cuenta. Como una estrella fugaz. Carles Novellas
El darkwave que exhalan los discos de Somos La Herencia se matizó en vivo hasta mutar en una especie post-punk incómodo, coqueteando con el post-rock, cuestión que dejaron clara desde el inicio del show con el tema “Nuevo idioma”, en el escenario Occident. Desde allí bombardearon a los espectadores con ruidos y disonancias provenientes del muro de sonido que a veces creaban las guitarras y otras pasaban por el sintetizador y el Moog con que jugaban el bajista y el vocalista, llegando a su clímax en “Una flor”. Toda esa tensión y repetición con que cortaron los temas hicieron más profunda la atmósfera oscura y desasosegada que la banda propone. Esta experimentación se repitió también en “Ignorante al fin”, pero varió hacia un sonido más industrial y hardcore en canciones como “Müntzer”, “Jora” y “Pesar”. Daniel P. García