Quien más, quien menos, todos estamos volviendo a las salas de conciertos estos días intentando recordarnos a nosotros mismos, como si tuviéramos que volver a configurarnos de memoria dentro de un contexto que ha estado en observación durante el último año y medio. ¿Dónde me pongo, esto cómo iba? Las dudas en la primera visita a Barcelona de Alex Anyaegbunam aka Rejjie Snow en recinto cerrado –lejos queda ya su actuación en Sónar 2019 a la hora de la siesta– se multiplicaban por la propia naturaleza de este rapero sui generis, versátil o errática dependiendo de si el oyente ve la botella medio llena o medio vacía. Qué concierto se avecinaba era un misterio porque hablamos de alguien que ha colaborado tanto como MF DOOM como con Clairo.
En general, era difícil predecir qué pinta podía adoptar sobre el escenario de La (2) de Apolo un repertorio que a veces se acerca al jazz de anuncio de Tom Misch (“Mirrors”) y otras al house cantado de Channel Tres (“Egyptian Luvr”), cuando no directamente a las producciones de pop casero de Cuco (“Room 27”). Lo mismo podía aparecer arropado por una banda que lanzarse las instrumentales él mismo, pero finalmente salió por la tangente en formación de rap canónico: MC y DJ. Formato old school, de 1º de hip hop, para canalizar un flow muy agradecido para quienes no se han empollado el género. Es flexible y nada dogmático. Definitivamente, eso sí, mucho más estadounidense que británico pese a su origen irlandés. Poco o nada tiene que ver su propuesta con las tendencias predominantes en el rap de las Islas. Ni grime, ni drill, sino ecos de De La Soul, N.E.R.D. o el Tyler, The Creator que saltaba de flor en flor en “Flower Boy” (2017). Básicamente, Rejjie Snow es un tipo feliz.
Tras un breve calentamiento un poco inexplicable porque en apenas diez minutos dio tiempo a que el DJ se acordara dos veces de Kendrick Lamar (sonaron “family ties”, con Baby Keem, y “HUMBLE.”) en una sesión exprés muy poco conectada con lo que veríamos luego, apareció Snow con cierto aire de despiste, un poco como si pasara por allí. No se había quitado ni el abrigo. Digamos que su presencia no impresiona: es más bien canijo. Tampoco tiene un carisma apabullante, pero lo suple con una simpatía que parece genuina. “Gracias a la gente negra, a la gente gay, a la gente hetero, todo el mundo es bienvenido”, dijo al poco de empezar la actuación por si alguien todavía tenía dudas de que, efectivamente, lo que hace este dublinés que ya roza la treintena es para todos los públicos. Rap para gente que no escucha rap, o algo así. “Disco Pantz”, con esa producción funk lujosa que podría ser de Kaytranada, resume bastante bien el mood del concierto, donde no hay mucho reto pero sí complicidad. Las canciones de Rejjie Snow no te piden muchas explicaciones en la puerta: te dejan pasar enseguida y ahí dentro se está a gustito porque no hay puntas ni bordes. Sus producciones están forradas de papel de burbujas para que nadie se haga daño.
En teoría presenta “Baw Baw Black Sheep” (2021), su segundo disco si dejamos de lado alguna mixtape, pero ya empieza a quedar tan lejos que aprovecha una parada para avanzar que “muy pronto” tendrá nuevo trabajo listo para publicar. El Rejjie Snow que pasa por Barcelona es, por lo tanto, un Rejjie Snow de entreguerras, aunque en el fondo podría decirse que es su estado natural: desde que abrió algunos conciertos de Madonna allá por 2015, en su carrera siempre ha dado la sensación de que iba a pasar algo pronto, no de que estuviera pasando algo en ese mismo momento. Pero cantan los pajarillos en la intro de “Mon amour” y, de golpe, todo está bien aunque solo sea por un rato. ∎