Domingo, 14-M. El día de las elecciones generales que siguieron a la catástrofe de Madrid. Brian volvió al escenario para interpretar un último bis, el del adiós. Como recurso habitual a lo largo de toda la gira, y también de la anterior, el exitoso tour de “Pet Sounds” que le dio la idea y el valor para este exitoso tour de “SMiLE”, la escogida fue “Love And Mercy”, preciosa canción de sueño, fe, esperanza y caridad, probablemente la mejor de su
debut en solitario de 1988. Abrió la boca, casi sin hablar, y dijo con la parsimonia conmovedora y seria que le permite su ánimo:
“Esta canción es para la gente de España…”. Allí, en Francia, haciendo del mundo un pequeño universo global, conectando los sentimientos de gentes de diferentes razas y nacionalidades, Brian firmó, de una manera imprevista, una declaración de paz universal para un futuro que no necesita más dosis de horror. La ingenuidad arrinconando al cinismo. Cantó su oratorio en honor a los atentados de Madrid:
“Love and mercy that’s what you need tonight / So, love and mercy to you and your friends tonight”.
Era la culminación de su estupendo concierto, dirigiendo su mirada piadosa a un país que, aquel día, sufriendo, indignado, había debatido su futuro político en las urnas. Aplausos emocionados del público (rockeros veteranos: secta Beach Boys), alegría de todos hacia todos y, con ella, ring, perfectamente sincronizado, el regalo inesperado, ring, de un móvil sonando con este mensaje: “Zapatero, presidente”. ¿Es broma? No, no lo era. La sonrisa del “Smile” de Brian lo había pronosticado en la mitología americana, pero ya universal, de “Heroes And Villains”. Héroes (192 víctimas) y malvados (terroristas asesinos & políticos del disparate).
Siempre en un estado casi fantasmal, mirada fija, rostro congelado, su desarmante presencia robótica en el escenario desconcierta. Sentado tras un teclado que apenas toca y que sostiene, a ambos lados, dos pantallas con las letras de las canciones disparándose para que Brian las deletree, el posible karaoke no defrauda. La dignidad que no falte. Y la devoción del público, tampoco. Aquí se perdona todo (Brian tosiendo en “God Only Knows”, desafinando en “Surf’s Up”), pero no es necesario porque excepto dos temas nuevos que desentonaron en la primera parte del show (“Soul Searchin’”, canción ya cedida en 2002 al “Don’t Give Up On Me” de Solomon Burke, y “City Blues”, diríamos que cruel AOR de adulto que quiere rockear; quizá E Street Band en malo), destinados a un inminente disco en solitario que aparecerá este año, “Gettin’ In Over My Head”, el resto fue impecable de principio a fin.