Firma in da house

Bad Bunny une a toda América en su intermedio del Supertazón

La actuación de Bad Bunny ayer en el intermedio de la Super Bowl se concretó en una fastuosa reivindicación de la cultura latina y de todo el continente americano. Amor frente al odio, identidad y fiesta. Diego Rubio, colaborador de Rockdelux, opina sobre algunos de los significados de este hecho histórico: fue la primera vez que en una Super Bowl se cantó completamente en español.

https://assets.primaverasound.com/psweb/pavan7pygtxony977m12_1770643726397.jpg
Nacida en Puerto Rico en 1940, María Antonia Cay, Toñita, lleva desde los años setenta ejerciendo –primero en la sombra, después en público y ahora convertida en prácticamente un icono– de matriarca para la comunidad nuyorriqueña. Su local, en la planta baja de un edificio de su propiedad en Williamsburg, Brooklyn, ha sido el punto de reunión para los boricuas en Nueva York durante medio siglo, pero sobre todo ha resistido los envites de una gentrificación galopante: puede que Maluma y Madonna eligieran el Caribbean Social Club para localizar su entrevista conjunta para ‘Rolling Stone’ en 2021, pero allí podía seguir tomándose uno una Medalla por menos de tres dólares; en un reportaje para el ‘The New York Times’ la propia Toñita contaba que incluso le habían ofrecido 9 millones de dólares por el bloque, pero que ella no pensaba irse de allí. Hoy sigue recibiendo a superestrellas y ofreciendo a cualquiera que vaya comida gratis y bebida para calentar el alma, y es la comunidad misma la que sale a defenderla cuando su pequeño gran templo se ve amenazado.

María Antonia Cay, Toñita: símbolo.
María Antonia Cay, Toñita: símbolo.

Toñita fue una de las muchas invitadas que anoche se dejaron ver por la Puerto Rico que Bad Bunny imaginó como terreno de juego durante su intermedio de la LX Super Bowl, y que pasará a la posteridad como el legendario “Supertazón”. Su actitud, resistiendo en el vientre de la bestia mientras los jugos gástricos del capital lo corroen todo, defendiendo su cultura sin batallas, con una sonrisa perpetua y haciendo pucheros, resonaba ya con ese “No me quiero ir de aquí” que ponía nombre a la histórica residencia de El Conejo en Puerto Rico –31 conciertos durante casi tres meses en el Coliseo de San Juan–, pero lo hace ahora aún más con Bad Bunny trasladando ese mismo concepto al centro del sistema. El discurso de Benito puede ser agresivo y directo a veces, como mandan unos tiempos cada vez más locos, pero ayer El Conejo prefirió hacer como Toñita. Celebrar, servir, amar. Reivindicarse desde su trabajo y desde la sonrisa. Sin grandes proclamas políticas pero sí imaginando una utopía posible, si eso no es ya suficientemente político de por sí.

Es una solución que, más allá de consideraciones ideológicas, tiene que ver sobre todo con la propia naturaleza televisiva y para todos los públicos de un evento como la Super Bowl. Igual que Kendrick Lamar tuvo que dibujar su “Black America” entre las líneas de un beef multiplatino con Drake el año pasado, Benito ha optado por dejar al ICE fuera y evitar cualquier provocación directa, pero no por callarse: no ha olvidado los apagones, y cuando exhorta a los chavales del mundo a creer en sí mismos y en sus sueños, le da un Grammy a un chiquillo que recuerda al joven Liam Conejo Ramos, detenido por los agentes del ICE a principios de este año. Y al mismo tiempo que se reivindica como artista, rubricando una de las discografías pop contemporáneas más inapelables, y que reivindica su propia identidad como puertorriqueño, celebra toda la cultura latina desde sus orígenes y sus tópicos pero insertada en un contexto de necesaria diáspora. “God bless America”, gritaba Benito liderando una marcha sobre la que ondeaban orgullosas todas las banderas del continente. “Sea Chile, Argentina, Uruguay, Paraguay, Bolivia, Perú, Ecuador, Brasil, Colombia, Venezuela, Guyana, Panamá, Costa Rica, Nicaragua, Honduras, El Salvador, Guatemala, México, Cuba, República Dominicana, Jamaica, Haití, Las Antillas, United States –el único que dice en inglés, por cierto–, Canadá, and my motherland, mi patria, Puerto Rico”. De sur a norte, no de norte a sur. “Seguimos aquí”.

Grammy para un niño que recuerda al joven Liam Conejo Ramos, detenido por el ICE.
Grammy para un niño que recuerda al joven Liam Conejo Ramos, detenido por el ICE.

Ese “aquí” resume todo el impacto de la propuesta: por mucho que estemos “aquí”, en EEUU, no vamos a dejar de jugar al dominó, no vamos a dejar de perrear, no vamos a dejar de bailar, no vamos a dejar de hacernos las uñas, no vamos a dejar de compartir unos tacos o un coco frío, no vamos a dejar de comprar en La Marqueta –un mercado real de Harlem regentado por boricuas– ni a abandonar las marquesinas, y no vamos a dejar de hablar en español, parece decir Benito. No vamos a dejar de triunfar, tampoco, y ahí están Young Miko, Jessica Alba, Cardi B, Karol G o Pedro Pascal pegándose la fiesta en la casita o Ricky Martin disfrutando con humildad de que se le reconozca que fue uno de los primeros.

Bailando con Lady Gaga. Foto: Thearon W. Henderson (Getty Images)
Bailando con Lady Gaga. Foto: Thearon W. Henderson (Getty Images)
Qué ingenioso por su parte que cuando se celebra una boda –real, por cierto– sobre el escenario sea Lady Gaga, vestida de Rita Moreno, la que canta la canción, una versión salsa de “Die With A Smile” junto a Los Sobrinos: ya no es que Gaga haya vuelto a dominar la conversación cultural en el epicentro de la industria blanca estadounidense en 2024 y 2025 gracias a esta multimillonaria canción o a su último trabajo, más simbólico aún es el hecho de que Gaga, de nombre real Stefani Joanne Angelina Germanotta, viene de una familia de migrantes italianos, británicos y alemanes de segunda generación en la que no queda ni rastro de dichos orígenes. Es la tónica general de un país construido por inmigrantes pero que ha conseguido someterles bajo su yugo cultural. No pasará con los latinos, le dice directamente Benito a un Donald Trump al que le ha faltado tiempo para criticar superficialmente el espectáculo. A ver quién te crees que te ha votado, Naranjito. Fue la primera vez en la historia que un intermedio de la Super Bowl se canta completamente en español, y en otro idioma que no sea el inglés. Pero no la primera que Benito hace historia, con el amor por bandera, en las plazas aparentemente más inexpugnables del mundo. Seguramente tampoco será la última. ∎

Etiquetas
Compartir

Lo último

Contenidos relacionados