arecía que los conciertos de San Isidro por fin iban a dejar de ser un ranciofact, que de una vez por todas iba a haber actuaciones decentes y todo el mundo iba a quedar contento, cuando de pronto dos controversias paralelas acaecidas en la Pradera de San Isidro –epicentro de la celebración, allí se instala uno de los principales escenarios del ciclo de conciertos– han dinamitado el consenso cultural en torno a la verbena madrileña provocando sendos debates de profundo calado: el autosabotaje sonoro de las fiestas municipales y el incendio político por las protestas contra los precios de la vivienda en la capital.
En años anteriores la programación musical de San Isidro ha sido muy “popular” o, mejor dicho, “populachera”, porque a veces se pasaba de caspa. Desde sectores alternativos se echaba en falta una selección con más grupos “de calidad”, y vuelvo a usar comillas porque eso siempre es debatible. Pero sí es cierto que faltaban propuestas que trajesen algo de innovación sonora, que se saliesen del abecé de la música estandarizada y, ya de paso, que fuesen más representativas de la realidad de la escena de la ciudad. La programación de 2026 iba, por fin, bastante encaminada en esa dirección. Mucha gente celebró en las redes sociales que el cartel se saliese del mainstream y fuese más “indie”. Pero entonces llegó el pistoletazo de salida y se armó el pifostio.
Los mostoleños VVV [Trippin’you] actuaron el martes 12 de mayo en la Pradera de San Isidro y en un momento del concierto, uno de ellos pronunció una frase magnífica para romper la burbuja de ocio, frotarnos los ojos y mirar a nuestro alrededor: “Es importante pasarlo bien, pero más importante es no pasarlo mal”. Se refería al desahucio de una vecina de una antigua vivienda de la Agencia de Vivienda Social (AVS) de la Comunidad de Madrid, que iba a producirse muy cerca al día siguiente. Uno de tantos. Entonces el trío de electrónica utilizó las pantallas gigantes para dar voz al Sindicato de Vivienda de Carabanchel a través de un vídeo en el que uno de sus miembros denunciaba que “mientras se celebran las fiestas más importantes de Madrid, a tan solo unos metros Ayuso quiere desalojar bloques enteros de vivienda pública para vendérselos a inversores privados” e invitaba a acudir a la manifestación del próximo domingo 24 de mayo en Atocha. Todo ello bajo el lema de “Llenan la Pradera, desahucian Madrid”.
“Mañana miércoles 13 de mayo quieren desahuciar a Ana y su hijo. No lo vamos a permitir. Os llamamos a venir a las ocho de la mañana a pararlo con nosotras”, continuó el activista. “Sabemos por experiencia que la vivienda pública que nos venden como solución no lo es en absoluto. También desahucia, tiene condiciones miserables y jamás será estable. Ayuso y Almeida están vendiendo Madrid a los especuladores mientras el Gobierno central se dedica a hacer la misma mierda”. El público ovacionó el mensaje con gritos y aplausos, como es natural. La vivienda es, o debería ser, prioridad racional, con erre. Además, la protesta repartía estopa para todos los responsables, de izquierda y derecha. Pero algunos se sintieron muy, pero que muy aludidos.
Al día siguiente, empezó a circular el rumor de que, al terminar el concierto, varios representantes de las autoridades madrileñas habían entrado en el camerino de VVV para abroncar por el vídeo y amenazarlos con quedarse sin cobrar. Preguntamos al equipo del grupo si era cierto y nos contestaron así: “Acabamos de subir ahora mismo un vídeo a redes donde se explica lo ocurrido”. Efectivamente, todo era cierto. E increíblemente lamentable, aunque los intrusos al menos tuvieron la decencia de hacerlo en privado, no como aquella tipa de Collado Villalba –Noelia Díaz, concejala de Mujer en el ayuntamiento de la localidad serrana– que el pasado 7 de marzo interrumpió una obra de teatro porque consideraba que su contenido era una falta de respeto para el público asistente.
Según cuentan VVV en su vídeo, los “energúmenos” (así los califican ellos) acabaron yéndose del camerino y la cosa no fue a más, obviando que el grupo seguramente no vuelva a tocar en un evento municipal de Madrid “hasta 2090”, como ellos mismos bromean. Pero otros artistas no iban a callarse tras lo sucedido, menos aún después de que el desahucio de Ana terminase ejecutándose. Cuando les tocó actuar a Amor Líquido, se sumaron a la protesta al grito de “fuera fondos buitres de nuestros barrios” desde el escenario. “Esta mañana se ha echado a una familia de su casa. Madrid se está vendiendo a fondos buitres y algunos partidos intentan sacar rédito de una lucha por la que no están haciendo nada. Tenemos el gobierno más progresista de la historia y están echando a la gente de sus casas”, vociferó su cantante.
Al día siguiente, Amor Líquido contaron en sus redes que debido a la acción de VVV, al llegar al bolo se les prohibió poner otros visuales en apoyo al Sindicato de Vivienda de Carabanchel, y se les advirtió que si hacían algún comentario al respecto por el micrófono “probablemente habría consecuencias” no solo para ellos, sino también para los organizadores de los conciertos, gente de barrio que no pertenece al Ayuntamiento ni a la Comunidad. Por eso decidieron protestar verbalmente, pero no poner los visuales. Quienes sí lanzaron el mensaje por las pantallas del escenario de Las Vistillas fueron Triángulo de Amor Bizarro, pero lo hicieron sin alusiones directas, mostrando imágenes del desahucio que se había producido al lado.
En cualquier caso, todo esto parece haber prendido una mecha en la escena indie, haberla despertado del inmovilismo y la apatía, incluso diría que de su inmemorial cinismo. En solo una semana se han visto docenas de mensajes en redes de grupos y artistas llamando a la solidaridad y a la acción para dar respuesta a los ataques sufridos con estos dos asuntos. En las fiestas de San Isidro de 2023, Biznaga se quedaron solos reivindicando un Madrid que “no sea de los buitres”. Celebremos que tres años después haya sido completamente distinto.
¿Significa eso que el indie está cambiando? Qué va, amiguitos. Por mucho que se celebrara el carácter “indie” del cartel de este año, yo no veo indie a ninguno de los grupos aquí mencionados. “Indie” se ha convertido en una palabra tan vacía que ya ha perdido cualquier significante referido a la resistencia y lucha contra el establishment. “Indie” es eso que han retratado Pantomima Full, una forma de entender “lo alternativo” que da vergüenza ajena.