https://assets.primaverasound.com/psweb/iol0bq4gpzrphcca2oat_1769505801422.jpg

Firma invitada / Acordes híbridos

Las olas, las canciones y el botón de la tos

Noemí Sabugal, Firma Invitada en Rockdelux, constata que el poeta coreano Ko Un, ahora 92 años, intentó suicidarse en cinco ocasiones. En una de ellas, fue hasta la isla de Jeju para tirarse desde un acantilado. Escuchando el sonido de las olas, aprendió un ritmo para la escritura. La vida es así de sorprendente. Por eso, quizá, la cantante italiana Mina, ahora 85 años, una auténtica estrella, rechazó conciertos, giras internacionales e invitaciones a participar en películas de Fellini y de Coppola. Prefirió el silencio, soñó con ser invisible. Afortunadamente, no paró de sacar discos.

E

l poeta solo tiene un oído. Perdió el otro intentando suicidarse, porque echó ácido en él. El poeta solo tiene un pulmón. El otro se le calcificó por una tuberculosis que no sabía que había padecido. En aquellos tiempos, el poeta fumaba dos paquetes de cigarrillos al día. Cuando lo lees, sin embargo, entiendes que el poeta con solo un oído escucha cosas que no oye el que tiene dos; comprendes que el poeta sabe respirar profundamente con un único pulmón.

El poeta pasó años en los que casi no distinguía el cielo del suelo: bebía sin parar. El poeta fue monje budista. El poeta estuvo en las cárceles de Corea del Sur por su disidencia política. El poeta intentó suicidarse en cinco ocasiones. En una de ellas, el poeta, Ko Un, fue hasta la isla de Jeju para tirarse desde un acantilado. Pasó todo el día mirando las olas, queriendo arrojarse al mar pero sin hacerlo. En aquel día pendular, entre la vida y la muerte, la muerte y la vida, de esas olas que estuvo viendo y escuchando aprendió un ritmo para la escritura. Así nos lo contó a los que fuimos a verlo el pasado octubre en el Auditorio Ciudad de León, donde recibió el Premio Leteo.

El poeta coreano Ko Un, sonrisa de niño, tiene 92 años y una vitalidad increíble. Tuvo mala-buena suerte en sus intentos de quitarse la vida y aquí sigue. En León, leyó sus poemas, contestó preguntas, bromeó con el público y firmó libros. En uno de ellos, en la antología “El arte de las nubes” (Eolas, 2025), encuentro estos versos: “Necesitamos una canción para cantar mientras caminamos. / Necesitamos una canción, / no una canción / en algún escenario extravagante / o en un teatro, / sino tres o cuatro, / unos cuantos de nosotros, cantando juntos, / consolándonos, /  acompañándonos / en una noche cansada de camino”.

Y es verdad: necesitamos una canción para cantar mientras caminamos.

No sé si mucha gente lo sabe, pero en los estudios de radio y de grabación hay un aparatejo llamado el botón de la tos. Si estás hablando y empiezas a toser, si estornudas, o si simplemente quieres decir algo y que no se emita o se grabe, pulsas el botón de la tos. Y viene el silencio. Creo que si hubiera una especie de botón de la tos que sirviera para eliminar las partes de la vida que no queremos vivir, que no queremos escuchar, todos lo usaríamos. La vida resultaría mucho más confortable, aunque no sería una vida del todo completa. Ko Un, en un poema titulado “Cantaré”, dice: “Cantaré. / Cuando me duela, / cantaré con el dolor, / cuando me alegre, / cantaré con la alegría”.

Alguien que ha hecho un uso radical del botón de la tos para silenciar lo que no le gusta es Mina. Con 38 años, en 1978, la cantante italiana dio sus últimos conciertos y se retiró de eso que se conoce como “el ojo público” (un término inquietante). Estaba en un gran momento de su carrera, era muy popular; había hecho mucha televisión, incluso anuncios publicitarios, y había actuado por todo el mundo. Pero Mina decidió pulsar el botón de la tos: rechazó conciertos y giras internacionales, declinó invitaciones a participar en películas de Fellini y de Coppola (en “El padrino”), se negó a dar entrevistas y se recluyó en su casa de Lugano, Suiza.

Eso no significa que Mina haya dejado de cantar. Tiene 85 años y no ha parado de sacar discos. En algunas décadas, casi uno por año. Algunos años, hasta dos discos. El último, “Gassa d’amante”, es de 2024. Diez canciones en las que demuestra que no ha perdido su voz prodigiosa y su talento interpretativo. Son canciones de amor. Hablan de la tristeza por la ausencia del amado, del amor verdadero, de pasiones difíciles de dejar atrás, de cómo el corazón también se equivoca.

Vivimos tiempos de sobreexposición. Son tiempos en los que casi ninguno pulsamos el botón de la tos para detener las imágenes que se suceden en avalancha, para parar esta infodemia, como sí hizo Mina. Ella se quedó con lo importante: la canción, la voz, el mensaje. Porque, como decía Ko Un, la gran Mina también sabe que necesita canciones para seguir caminando. En una entrevista hecha años antes de su retirada de los focos, una periodista le preguntó qué superpoder le gustaría tener. Mina contestó: “Querría ser invisible”. ∎

Etiquetas
Compartir

Contenidos relacionados