Con “A Flex”, Dawn Richard publica un single que llega en un momento especialmente propicio para quienes, como ella, surgieron de la maquinaria más ingrata de las girl bands de los dos mil. Mientras fenómenos recientes –desde las k-pop Demon Hunters a Katseye– han devuelto el formato al centro del imaginario global, resulta evidente que quienes debutaron entonces lo hicieron en un contexto mucho menos amable. En 2025, la industria parece reescribir la historia que durante los 2000 y 2010 relegó a estos grupos a un limbo entre la radiofórmula y la misoginia más obvia: lo que fue un ecosistema casi cruel –post Spice Girls, pre-hallyu, atravesado por la estética Y2K y desacreditado por una crítica obsesionada con la autenticidad indie– hoy se revisita con cierta justicia poética. En ese giro cultural, “A Flex” funciona como una lectura retroactiva: un pequeño ajuste de cuentas.
A Richard le tocó vivir esa mala época de primera mano. Tras el huracán Katrina, su familia se mudó a Baltimore, y poco después publicó un primer álbum autoproducido que pasó desapercibido. Su entrada real en la industria llegó con “Making The Band 3”, el reality de P. Diddy que dio forma a Danity Kane. El grupo, pese a sus buenos números, quedó atrapado en tensiones internas, presiones externas y una imagen pública moldeada a golpe de estereotipos. Para 2008 ya se había disuelto, y un intento de regreso en 2014 terminó frustrado por una pelea a puñetazo limpio entre dos de sus integrantes.
Lo vivido por Richard resuena actualmente en figuras como Jade (Little Mix), LISA (BLACKPINK) o Solange, que directamente rehusó integrarse en Destiny’s Child. Salir de un girl group hipercodificado implica ingresar en un espacio donde la legitimidad artística se concede con cuentagotas: a quienes proceden de ese molde se les exige rigor constante, como si tuvieran que desactivar una sospecha estructural hacia sus nuevos trabajos. En respuesta, Richard ha construido una obra sostenida y sorprendentemente diversa. “A Flex”, adelanto de su décimo álbum en solitario, undécimo si contamos su trabajo previo a Danity Kane, retoma varias líneas de su catálogo: por un lado, su afinidad por un R&B futurista enraizado en Nueva Orleans; por otro, la pulsión pop y coreográfica de “Second Line”, su LP de 2021. Todo ello, además, filtrado por un minimalismo firme que la aproxima a contemporáneas del art R&B como Amaarae o Sudan Archives. De este modo, Richard insiste en un lenguaje que durante años fue recibido con frialdad, pero que hoy encaja con naturalidad en un panorama donde el pop híbrido ha encontrado un público amplio.
Resulta irónico que una artista a menudo tratada con desdén por las lógicas más severas de la industria encuentre su lugar gracias a un ecosistema en el que un girl group ficticio de cazademonios adolescentes puede reescribir el canon del pop global. A lo mejor Dawn Richard suena más depurada, o a lo mejor es que gracias a este pequeño revival nuestros oídos son más amables con ella. En cualquier caso, si esa es la vía para la reparación simbólica, bienvenidos sean los dibujos animados: al menos permiten que las (ex)idols de carne y hueso puedan dormir un poco más tranquilas. ∎