No podría decirse que Protomartyr se hayan alineado nunca en el lado de la frivolidad. Más bien todo lo contrario; si de algo ha podido pecar el cuarteto de Detroit es de excederse en intensidad y furor. Con “Sounds We Cannot Hear”, que anticipa su próximo y séptimo álbum, “Hotel Usona”, previsto para el 25 de septiembre, vienen a romper un paréntesis de más de tres años desde “Formal Growth In The Desert”, publicado en la primavera de 2023. Y no es un mal presagio. La canción concede ese espacio por donde respirar, aunque sea en un ambiente cargado, que necesitaba Protomartyr.
Ya el inicio prepara esa tensión que nace de una falsa calma de guitarras moderadamente aullantes y percusión de fondo, a la que deciden volver en busca de una atmósfera que inquieta en su propio sosiego y en la tensión e incógnita que provoca. Se nota que Protomartyr quieren contar una historia, trazar una narrativa, en este caso en torno a ese aislamiento contemporáneo que parece que todos padecemos, sobrecargados de vías digitales y profundas carencias emocionales. Pero aun con todo, lo mejor está en el intermedio de la canción. Primero con un conato de canturreo “lalala” de Joe Casey a lo Fontaines D.C., entre naíf y perturbador, como un cuento de misterio para niños. Y también, sobre todo, con el brutal estallido de instrumentos de viento –trompa, trombón y trompeta a cargo de Jon Fridmann– que congenian con campanas tubulares, xilófono, piano, sintetizador o armonio tocados por Greg Ahee, coproductor del disco, con influencias que alcanzan el Oriente Medio y la música exótica de los años cincuenta, sin abandonar en ningún momento su determinación post-punk. Son cinco minutos y medio muy bien aprovechados. El mismísimo Iggy Pop, fan declarado de la banda, la ha descrito como una composición de alcance operístico, casi wagneriano.
Más o menos conceptual, el álbum venidero tiene un propósito claro. Casey imagina el país de Donald Trump como un viejo hotel decadente, y cada canción representa una habitación habitada por un huésped atormentado o alienado, pero siempre desde el mismo relato sobre una sociedad absorbida por el flujo constante de las pantallas y la desconexión de la realidad.
El videoclip de “Sounds We Cannot Hear” –dirigido por Danny Scharar y Harris Mayersohn– es un pequeño thriller psicológico ambientado en un restaurante hibachi y protagonizado por Nate Varrone, comediante y escritor de televisión libanés-italiano, residente en Los Ángeles. Nos presenta a alguien que busca la atención de forma obsesiva y paranoica, mientras todos ignoran conscientemente las advertencias latentes de esos “sonidos que no podemos oír”. Si el resto del álbum va por este nivel, estaremos ante la gran obra de Protomartyr. ∎