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Balming Tiger

OuiLee Suho

La música coreana no vive únicamente del k-pop. Del mismo modo que el audiovisual surcoreano no se reduce a “El juego del calamar” (Hwang Dong-hyuk, 2021-2025). Por suerte hay divergencias, itinerarios alternativos que incluso permiten acotar su estilo alrededor del género exportado a las masas. Balming Tiger es un colectivo que se define como “multinacional de k-pop alternativo” y está integrado por distintos perfiles: desde productores, cantantes y DJs a productores, directores creativos y artistas visuales. Una masa creativa diversa y fluida que alumbra resultados musicales tan sugerentes como el de estas líneas. También el envoltorio visual de Lee Suho merece su loa.

Si algo caracteriza el humor de esas latitudes es el desprecio a cualquier chivato midiendo su descaro. Lo evidencia esta pieza desde su arranque. Dos chicas saltando una cama elástica antes de que la cámara se adentre por un bloque de pisos –similar al escenario en que ubicaba Bong Joon-ho su “Perro ladrador, poco mordedor” (2000)– repleto de microuniversos alucinantes. Una cámara ondulante y atacada, atrapada en los delirios que entran en escena, sigue a una chica hasta que la atención se fija en una casa de muñecas. En su interior se esconde un ring donde lo grotesco, lo absurdo y el humor escatológico alcanzan los niveles de Stephen Chow.

El recorrido sigue pasando por surrealistas escenas. Y lo hace amparado en pasmosas transiciones, pero especialmente envalentonado por soluciones visuales creativas. Es el caso, por ejemplo, del juego de perspectivas que se utiliza en el momento en que la acción se traslada a un campo de fútbol, tras otra transición muy original. O esos humanos que, tras el atropello de un coche, pasan a ser simples láminas con su silueta. Un causa-golpe de efecto que hubiera encandilado a Michel Gondry.

Si la puesta en escena resulta admirable, también lo es la incorporación de los efectos visuales y la posproducción, como cuando esa pelota de fútbol extraviada del campo de fútbol real convertido en subbuteo termina en la sartén de un joven y se su interior emerge una criatura de origen incierto. En este desfile de situaciones hilarantes e imposibles se condensa un batiburrillo de referencias que van de Takeshi Kitano a Ron Mueck pasando por “Tetsuo, el hombre de hierro” (Shinya Tsukamoto, 1989), “Battle Royale” (Koushun Takami, 1999) y el cine coreano. Una galería de caos controlado a ritmo de k-funk que encuentra una inesperada segunda parte con los cinco integrantes interconectados por unos cascos con cables. La segunda parte resulta menos revoltosa, con menos trabajo técnico y creativo, y está enfocada a la ciencia ficción.

Lustroso hallazgo –en ambas parcelas– que algunos probablemente tuvieron la ocasión de descubrir con dos años de antelación gracias a su paso por el Primavera Sound de Barcelona en 2024. ∎

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