La relación del rap con las Navidades es estrecha. Tanto, que es casi imposible separarlos cuando trata de entender uno la conversión del género en un asunto comercial a finales de los años setenta: en 1979, Kurtis Blow se convertía en el primer rapero firmado por una multinacional –Mercury Records– y su primer sencillo desde una plataforma mainstream era precisamente una canción navideña, “Christmas Rappin’”, adaptación rapera del poema navideño estadounidense “A Visit From St. Nicholas”, que se convirtió en todo un éxito comercial y llegó incluso a las listas del Reino Unido. Desde entonces Snoop Dogg, MF DOOM, Kanye West, Ludacris, DMX, De La Soul, OutKast, Killer Mike, Run The Jewels, Chance The Rapper –en esta me detengo porque merece la pena: homenaje navideño a DJ Rashad–, Gucci Mane o Tyler, The Creator –entre muchos otros más– han puesto sus ojos y sus rimas en Santa, en Rudolph y las dichosas jingle bells. Y casi todos lo han hecho con frescura, con descaro. Con ironía, alegría y conciencia de clase. También con algo de guasa. Pero probablemente ninguno ha vuelto a hacerlo como lo hicieron Run DMC.
Aunque la lista de raperos expuesta arriba pesa muchos quilates, realmente cuando el trío neoyorquino lanzó su particular villancico, en el invierno de 1987, esto de la Navidad y los MCs tampoco era tan cool como podía parecer: la mayoría de ejemplos –sobre todo “Santa’s Rap” de The Treacherous Three y “Rappin’ Christmas” de The Cold Crew– se alejaban del ánimo festivo y venían cargados de contenido sociopolítico. Y no es que hubiera grandes nombres haciendo de esto una especie de tradición, eran más bien discográficas y agentes oportunistas dispuestos a hacer dinero con la alta tolerancia al cringe y a la horterada que despierta el espíritu navideño.
De hecho Run, DMC y Jam Master Jay –los tres componentes del grupo neoyorquino– declinaron en un principio la curiosa propuesta que Bill Adler había puesto sobre la mesa de su oficina: por entonces jefe de publicidad en Rush Artist Management y Def Jam, a Adler le cayó el marrón –más o menos así lo describiría él mismo en años posteriores, aunque sarna con gusto no pica, porque el tipo había demostrado ser un ilustrado friki en el tema de los mixes de canciones de Navidad “alternativas”– de buscar un tema para un recopilatorio benéfico de temática navideña para los Juegos Olímpicos Especiales, y pensó en el solvente trío de Queens. Para convencerlos tuvo una idea genial: localizar la canción en un espacio muy concreto y darle a Run DMC la oportunidad de rendir homenaje a su barrio. También les dio una copia del recopilatorio “Soul Christmas” (Atlantic, 1968), que se abría con el tema que terminó alimentando el sample principal de la canción, “Back Door Santa”, de Clarence Carter. El resultado, aderezado también con samples de villancicos yanquis archiconocidos como “Frosty The Snowman”, “Jingle Bells” y “Joy To The World”, fue “Christmas In Hollis”, una algarabía festiva de saxo, scratches y cascabeles que no solo fue una anomalía, también un éxito sin apenas precedentes.
Para poner en contexto el impacto: Run DMC se habían estrenado en 1983 y venían de cimentar su estatus de superestrellas con el lanzamiento de “Raising Hell” (1986), su tercer disco, que incluía piedras angulares del legado hip hop como “It’s Tricky”, “My Adidas” y “Walk This Way” con Aerosmith, y habían girado por arenas de todo Estados Unidos junto a los Beastie Boys. Estaban en lo más alto y, de repente, soltaban un villancico narrativo, campechano, divertido, algo gamberro pero con ese mensaje social buenista que tanto los caracterizaba –igual que no se drogaban en “It’s Tricky”, aquí le devolvían a Santa un millón de dólares perdido– y con un fantástico videoclip doméstico dirigido por uno de los colaboradores de Jean-Michel Basquiat. Como apuntaba el propio Adler, esta canción ofrecía además algo diferente a lo que habitualmente eran los villancicos, incluso los más alternativos, arraigados en las tradiciones del blues, el soul y el rock: quizá la única canción de las contenidas en aquel “A Very Special Christmas” (A&M, 1987) que, a nivel sonoro, podía rivalizar en frescura con “Christmas In Hollis” era la versión de “Winter Wonderland” que hicieron Eurythmics; Run DMC fueron los únicos artistas que repitieron en el siguiente volumen de la serie benéfica, lanzado en 1992.
La cosa, claro, no se quedó solo en la Navidad de 1987. Apenas unos meses después, en verano de 1988, se estrenaba la película de John McTiernan “La jungla de cristal”, y en una de sus primeras escenas la propia “Christmas In Hollis” serviría como analogía perfecta para explicar uno de los grandes memes que siempre rodearon la película: Argyle la pone en la limusina mientras conduce y la reacción de John McClane (Bruce Willis) es simplemente preguntarle: “¿No tienes algo de música navideña?”. “¡Esto es música navideña!”, responde el misterioso chófer interpretado por De’voreaux White. La misma idea se ha aplicado año tras año a la cinta, convertida con el tiempo en un clásico de la Navidad explosivo e inusual. Porque, sí, “esta es una película navideña”.
Pero, por encima de todo, “Christmas In Hollis” terminó de asentarse definitivamente en el imaginario popular mucho tiempo después, coincidiendo además con el lanzamiento de otro volumen de la serie “A Very Special Christmas”, el cuarto y primero en directo –grabado durante una fiesta organizada por el matrimonio Clinton para recaudar fondos para las Olimpiadas Especiales– en 1999. No fue por culpa del recopilatorio, en cualquier caso, ya que la serie iba hundiéndose más en listas con cada entrega. Fue gracias a la legendaria actuación de Run DMC en el late show de David Letterman aquellas Navidades, junto a la inestimable colaboración de sus ilustres residentes, Paul Shaffer And The World's Most Dangerous Band. En el año dos mil, entró en listas por primera vez y terminó de confirmarse como un clásico navideño que sigue reviviendo y demostrando su vigencia generación tras generación: “It’s Christmas time in Hollis, Queens / Momma’s cookin’ chicken and collard greens!”. ∎