Este verano, el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza conecta música en vivo, creación digital y espacio urbano a través de varias propuestas. Hablamos de Momentos Alhambra-Tardes Thyssen –que en junio contará con los directos de Víctor Herrero, Perila, Calcutta y BELA– y el consolidado certamen #VersionaThyssen, patrocinado anualmente por la Comunidad de Madrid. Este último culminará su edición XXV con la gala de entrega de premios y el concierto de Las Petunias, antes de dar paso a la XXVI (Amor Diverso) para MADO’26, con una carroza diseñada por Okuda San Miguel y respaldada por McDonald's.
El tiempo vuela, las tendencias se transforman y el ritmo del día a día nos invita a conectar con lo auténtico. Precisamente para pausar ese ritmo incesante, contamos con dos grandes espacios de conexión: las canciones y los cuadros o, dicho de otro modo, los conciertos y los museos. Componemos melodías para intentar capturar una emoción antes de que se evapore, y cruzamos las puertas de una pinacoteca para que la belleza, conservada en sus salas, nos proteja del paso del tiempo. Queremos recordar que lo verdaderamente importante merece permanecer.
Ese punto de encuentro entre el arte que perdura y la música que sucede en el instante es el corazón de las ya veteranas Tardes Thyssen con música en directo, que arrancarán el próximo viernes 5 de junio en el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza. Pero hay otra intersección posible, una que no entiende de coordenadas físicas y opera a larga distancia: la del también consolidado certamen #VersionaThyssen, actualmente en su XXV edición y con dos nuevas convocatorias en camino, donde ese mismo patrimonio se expande a través de la red e invita a creadores digitales a recoger el testigo clásico desde sus casas y proyectar su propia mirada sobre la colección. Y si algo une a ambas citas es que las dos bajan el telón con una fiesta de clausura. La agenda de este verano en Madrid tiene su parada en el arte y os la vamos a contar en detalle ahora mismo.
La singularidad de este encuentro radica en su mecánica curatorial. Cada músico participante ha explorado el recorrido temático del museo “Música para los ojos” –una selección de pinturas vinculadas literal y simbólicamente con el universo sonoro a lo largo de los siglos– para elegir una obra y entablar un diálogo íntimo con ella. El resultado es un diálogo sugerente entre pintura y música. El primer acorde del recorrido lo marca Víctor Herrero y la polifonía del alma. Considerado una de las voces más singulares de nuestra escena, este trovador anacrónico teje un folk de cámara austero y delicado a base de guitarra clásica y arreglos de cuerda. Su directo dialogará con “La Virgen con el Niño entre ángeles” (Maestro de la Madonna André, hacia 1500), una obra flamenca donde el laúd y el arpa reflejaban la búsqueda del equilibrio y el orden divino en el Renacimiento. Una unión perfecta en torno a la elocuencia y la belleza de lo efímero.
De esa pureza acústica viajamos hacia otros territorios con Perila y el misticismo del paisaje. Aleksandra Zakharenko, la creadora rusa afincada en Berlín, expande el ambient hacia la musique concrète a través de paisajes sonoros abstractos y respiraciones procesadas. Sus actuaciones, concebidas como narrativas a la deriva, se reflejarán en el misticismo de “Mata Mua (Érase una vez)” (Paul Gauguin, 1892). Un cuadro de profunda carga espiritual donde una figura toca la flauta en un ritual tahitiano, sirviendo de puente entre lo terrenal y lo trascendental.
Si la propuesta de la productora rusa nos sumerge en la introspección, el contrapunto lo pone Calcutta y la emoción abstracta. Convertido en uno de los nombres clave del pop alternativo en Italia, Edoardo D’Erme maneja con naturalidad la inmediatez emocional de las melodías melancólicas y cotidianas. Su propuesta dialogará con “Pintura con tres manchas, n.º 196” (Wassily Kandinsky, 1914), una obra clave de la abstracción sinestésica que buscaba desligar el color de la realidad objetiva para provocar en el espectador una resonancia espiritual cercana a la de la música.
Finalmente, para cerrar este círculo conceptual, llega BELA y el ritual del encuentro. La última de las confirmaciones del ciclo se inspirará en “Grupo de músicos” (Jakob van Loo, hacia 1650-1652). Esta obra del género holandés de las “piezas de conversación” retrata una reunión informal de la burguesía tocando instrumentos de cámara en una terraza. Es una representación clara de la música entendida como su fin original: un catalizador social para afianzar lazos afectivos, conversar y compartir la vida alrededor de una melodía.
En nuestra obsesión por perdurar, a veces corremos el peligro de volvernos demasiado solemnes. Pero las obras maestras, igual que esos clásicos musicales que siempre apetece volver a escuchar, no fueron creadas para ser únicamente contempladas en silencio. Necesitan que alguien vuelva a ponerlas en circulación. En la música, a esto lo llamamos samplear: coger un estribillo clásico, trocearlo, meterle una caja de ritmos por debajo y devolverlo a la pista de baile para que una generación completamente nueva sude con él. Al arte pictórico le pasa exactamente lo mismo: necesita abrir su código y transformarse en una conversación viva donde las nuevas miradas dejen de ser meras espectadoras para convertirse en parte activa de la obra. Porque de eso trata, en esencia, el espíritu de #VersionaThyssen, un certamen que cuenta con el patrocinio de la Comunidad de Madrid en todas sus ediciones anuales. Desde su nacimiento, esta iniciativa ha invitado a creadores de cualquier disciplina artística a asomarse a Instagram para reinterpretar libremente las pinturas de la colección permanente.
Un proyecto que, además, en esta señalada vigesimoquinta entrega ha roto sus propios esquemas a través de la convocatoria especial Versiona Thyssen Unlimited, eliminando el límite de edad para que cualquier mirada a partir de los 16 años pueda participar en el diálogo colectivo. El catálogo abierto a concurso incluía piezas como “La sala del concejo del Ayuntamiento de Ámsterdam” (Pieter Hendricksz. de Hooch, c. 1663-1665), el melancólico “Atardecer” (Edvard Munch, 1888), la rotunda “Calle con prostituta de rojo” (Ernst Ludwig Kirchner, 1914-1925), el sugerente “Retrato de una joven dama con rosario” (Peter Paul Rubens, c. 1609-1610), el intimismo de “Bodegón con gato y pescado” (Jean-Baptiste-Siméon Chardin, 1728) o el enigmático “Retrato de un hombre de la isla de Dominica” (?) (Círculo de Sir Joshua Reynolds (?), hacia 1770-1780), todas ellas evaluadas por un jurado compuesto por los creadores invitados Belin, Misterpiro y Lucía Solla Sobral.
El momento definitivo para ver este choque generacional y creativo sobre el suelo ocurrió la noche del 29 de mayo de 2026. Durante la gran entrega de premios de #VersionaThyssen XXV, el público pudo pasear por las salas de la colección en penumbra para descubrir las propuestas ganadoras proyectadas directamente junto a los lienzos originales. Pero el verdadero torbellino llegó al final de la velada con el concierto al aire libre de Las Petunias. El trío madrileño, compuesto por Elsa, Natalia y Cecilia, manejó un directo donde la rabia punk y las melodías pop se mezclaron sin complejos.
Mientras el concierto de Las Petunias marcó el gran cierre en el interior de la pinacoteca, lo que ocurrirá unas semanas después consistirá en proyectar toda esa energía directamente al espacio urbano. El 15 de junio, la maquinaria del certamen vuelve a encenderse con la apertura de convocatoria de la edición XXVI, y esta vez la temática es una declaración de intenciones: Amor diverso. Una invitación a releer la colección en clave LGTBI+ de la mano del artista y jurado Okuda San Miguel. La novedad es que el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza saltará de las pantallas a la calle: el 24 de junio acogerá la rueda de prensa de MADO y el sábado 4 de julio participará en la manifestación estatal del Orgullo con una carroza propia diseñada por Okuda y respaldada por McDonald’s.
Tras el cierre de recepción de obras el 5 de julio, la edición culminará la noche del 17 de julio con la fiesta de entrega de premios. Un evento nocturno que, enmarcado en el apoyo continuo de la Comunidad de Madrid al certamen, servirá para que Okuda, junto a representantes de las instituciones y del propio museo, desvele las piezas ganadoras. Será el momento de volver a las terrazas y de confirmar una idea que atraviesa todo el verano: la mejor manera de conservar el arte es dejar que las nuevas generaciones jueguen con él. Y es que la rueda de la creatividad no se detiene aquí: tras el parón estival, la pinacoteca ya tiene fijada el arranque en el calendario de la edición XXVII de su certamen, 16 de octubre de 2026, cuyas bases y novedades se desvelarán a la vuelta de las vacaciones para colocar el broche de oro al año.
Al final, ya sea subiéndose a un escenario para ponerle acordes a un óleo renacentista o redibujando un clásico desde casa, el propósito de todos estos creadores es el mismo: proteger nuestra memoria colectiva. Aferrarnos a esos objetos, a las canciones que sobreviven al ruido y a las obras que permanecen, porque al final del día son la única prueba real de que seguimos vivos, y la demostración irrefutable, y vamos a decirlo claro, de que tenemos buen gusto. ∎