Serie

1985

Wouter Bouvijn(miniserie, Filmin)
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Un buen guion lo puede todo, aunque se permita algunas licencias poco convincentes, deje algunos niveles narrativos desprovistos de cuerpo o su final nos sorprenda ligeramente. Pero triunfa cuando nos atrapa y nos mantiene clavados a la pantalla. Y la serie “1985” (2023), en sus ocho capítulos, lo consigue. Vaya sí lo consigue. El belga Wouter Bouvijn, autor también de la serie “El jurado” (2019) y que consiguió cierto reconocimiento por “Red Light” (2020), construye aquí un gran drama y thriller policíaco para mitigar el dolor de la sociedad belga por los crímenes de la banda de Nivelles que, a primeros de la década de los ochenta, robaba en supermercados y mataba indiscriminadamente, sembrando el terror entre la población. Brota la intriga, surgen las dudas en el cuerpo de policía y todo empieza a enredarse cada vez más y más.

La historia transita en dos direcciones, yendo hacia atrás y adelante en el tiempo a través de tres personajes principales, los hermanos Franky y Vicky Verhellen y su amigo Marc De Vuyst. Franky y Marc viven en un pueblo de Flandes pero se trasladan a Bruselas para formarse en la academia de policía, mientras que Vicky inicia estudios en derecho, es locutora de radio y DJ. La música tiene su peso y relevancia en “1985” y muestra la efervescencia post-punk con The Clash, The Psychedelic Furs y la eclosión electrónica de bandas dark wave como 1000 Ohm y M. Bryo.

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Marc y Franky comienzan a distanciarse a medida que terminan su formación de policías y empiezan a ejercer en sus unidades, eligiendo caminos opuestos. Ambos tienen un conflicto con su pasado y con sus padres, y se baten de manera diferente contra esa sensación de abandono o de ausencia que planea sobre ellos.

La evolución y desarrollo de los personajes es brillante, verosímil, así como los vínculos que se generan con los secundarios. Esta historia de la corrupción de un cuerpo de las fuerzas de seguridad del Estado engancha porque posee verdad y razones de peso, perfilando las dudas que se generan entre el deber con el que hay que cumplir y el aprovecharse del sistema para ejercer un plan político diabólico. Hay paralelismos con “Antidisturbios” (Rodrigo Sorogoyen, 2020), pero “1985” capta la idiosincrasia belga: la frialdad, el desapego y el recuerdo ante el imperativo de “la vida continúa”. Funcionan la imagen, su ritmo y color, la ambientación, las interpretaciones, las situaciones, quiebros y vuelcos y los enredos que surgen: la idea de verse abocado a un destino. Franky lucha a contracorriente ante la ausencia de su hermana y el desprecio de su padre. Algunos desenlaces piden mayor solidez y empaque porque no profundizan en la raíz, se difuminan en lo evidente. Sin embargo, es una brillante serie que cierra una herida e ilustra los hechos que conmovieron a la sociedad belga en aquella época. Ahonda en algo tan importante en nuestra la vida como la amistad. Porque no deja de ser eso, una historia de pura amistad. ∎

Amistades complicadas.
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