Libro

Claire Fuller

La memoria de los animalesImpedimenta, 2024

Vuelve Claire Fuller (Oxfordshire, 1967) con una nueva demostración de por qué es una de las escritoras más interesantes de estos últimos años. Incluso, en su caso, cabría hablar en términos de imprescindible. La autora de la sublime “Tierra inestable” (2021; Impedimenta, 2023), su cuarta novela, en la que articuló una narración devastadora sobre el aislamiento rural, ahora retorna con “La memoria de los animales” (“The Memory Of Animals”, 2023; Impedimenta, 2024; traducción de Eva Cosculluela) otra obra estremecedora, esta vez desde la preconización del COVID que palpita en los latidos de una historia que la británica comenzó a escribir en septiembre de 2019, medio año antes de que viviéramos lo que la mayoría ya ha olvidado: lo más cerca que hemos estado de sufrir una distopía en estos últimos cien años de historia.

Precisamente, la distopía es el cauce contextual sobre el que Fuller rema con su prosa, siempre de alta costura y tensa hasta niveles insoportables, también trufada de un sentido muy intuitivo para desprender naturalidad en cada uno de sus diálogos.

Su capacidad para encontrar el equilibrio estilístico a través de estas 313 páginas es uno de los mayores logros de una lectura que, ante todo, está marcada por la exposición de un futuro terrorífico, uno desde el que la opción más sensata es ser adictos a fragmentos de nuestro pasado gracias a un artilugio conocido como el revisitador.

El hecho de buscar la droga en la memoria da juego a una serie de reflexiones automatizadas por el percutor de una escritura que nunca pierde el oremus de la trama. En este sentido, nunca se desvía por la vía fácil que surge de esta clase de textos: innecesarios vericuetos filosóficos que podrían adulterar un producto deudor de las teorías de Stanisław Lem.

Pero volvamos a la esencia del asunto, que no es otro que la clarividencia de una autora que se sabe conocedora de los vaivenes que genera el presente-futuro de nuestro contexto social, para el cual ella arma un alegato subyacente, y no tanto, en favor de los animales.

Que la protagonista sea una bióloga como Neffy que se presta a ser cobaya de una vacuna experimental simboliza un desgarrador acto de contrición ante todos los males hechos por el ser humano dentro del entorno animal.

Desde dicho punto de partida, asistimos a un carrusel de géneros fascinantemente templado, donde terror, humanismo, amor y misterio se alternan a través de un viaje literario que también tiene mucho de ciencia ficción.

El resultado final de esta experiencia conlleva un plus de estados de ánimos contradictorios en un lector que, seguramente, acabe desvalido emocionalmente hablando y con más respuestas de las necesarias cuando termine una lectura que, ante todo, es una cebolla repleta de capas explicativas.

Por encima de todo, estamos ante una aventura alucinante que entronca con absoluta naturalidad con la gran tradición de la ciencia ficción psicológica de los años sesenta y setenta. Un deleite al que resulta imposible encontrarle ningún pero dentro de su asombroso “what if?”, tan cercano y reconocible bajo su barniz de ficción que cala en el cuerpo de forma realmente tenebrosa. ∎

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