Libro

Pol Guasch

ReliquiaAnagrama, 2026

La vida duele. Joder, si duele. Y cada cual lo sobrelleva como puede. Los hay que se dedican a hacer pan casero. Otros salen un día a correr por la montaña y el siguiente están participando en ultramaratones. Algunos deciden ponerse a escribir, aunque no tengo muy claro si lo de escribir se decide o es algo que se lleva dentro y simplemente se acaba vomitando.

¿Pol Guasch (Tarragona, 1997) hornea pan en casa? ¿Corre impecablemente vestido de Quechua? No lo sé. Sí que sé que, afortunadamente, escribe. Y su última obra, esta “Reliquia” originalmente redactada en catalán (“Relíquia”) y, paralelamente, publicada en castellano con traducción de Unai Velasco (ambas ediciones bajo el sello de Anagrama), intuyo que le ha servido para convivir con ese puto dolor punzante que puede ser la vida.

Pol Guasch es extremadamente joven, extremadamente guapo y extremadamente talentoso como escritor. Los dos primeros factores podrían parecer innecesarios e incluso frívolos a la hora de presentar a este letraherido tarraconense. Puede. Como puede que también hayan sido elementos que han ayudado a hacer de él uno de los jóvenes prodigios de la literatura europea de esta última década. Si escribes bien, tienes mucho ganado; pero si escribes bien y encima eres joven y guapo…

Con 20 acabados de cumplir publicó su primer poemario, “Tanta gana” (2018). No tenía ni 25 cuando ganó el Premi Anagrama de Novel·la con Napalm al cor” (“Napalm en el corazón”). Era el 2021. Tres más tarde publicó su segunda novela, “Ofert a les mans, el paradís crema” (“En las manos, el paraíso quema”, 2024 ). Obras (muy notables) de un escritor que en algunos momentos daba la sensación de que quería evidenciar que, pese a su edad, era un narrador excelso. No eran lecturas fáciles y, aun así, o por ello, han sido traducidas a más de una decena de idiomas y han sumado parabienes aquí, allá y más allá. Elogios a cascoporro como likes suma un vídeo viral. Y ahora este “Reliquia”, de apariencia más sencilla, pero calado más profundo, por lo que dice, sí, claro, evidentemente, pero también por cómo lo dice (no pensando en gustar, gusta mucho más).

“Hubiera agradecido una nota”. Son las primeras palabras escritas en “Reliquia”. Una novela autobiográfica que es una gran pregunta. Y que, como todas las preguntas importantes, no acaba teniendo respuesta. Pol Guasch tampoco la busca y, por ello, aunque no sea evidente, la acaba encontrando. Esta es una de las principales virtudes de este relato.

Era una noche de enero de 2013 y un Pol Guasch adolescente, después de dar vueltas y vueltas buscando a su padre, mientras llenaba el depósito del coche de su madre, supo lo que había sucedido. No hace falta explicároslo, vosotros ahora también lo sabéis. Guasch fue quien encontró el cuerpo colgado, pero, a diferencia de los muchos escritores y escritoras suicidas a los que cita a lo largo de las 150 páginas del libro, novelistas y poetas que lo último que escribieron fue una nota para sus hijos, nunca encontró una carta que le explicara el porqué.

“Hubiera agradecido una nota”. A partir de este vacío, de las muchas cosas que nuestros padres nos deberían haber dicho pero nunca han hecho, Guasch, que en aquel entonces tenía 15 años, nos ofrece un particular coming of age –del niño que se sentaba en un rincón de clase al escritor joven de éxito ya instalado en Barcelona con una vida como la del resto de jóvenes que no tienen éxito (noches de borrachera y baile en el Apolo y mañanas despertando en camas de desconocidos)– tan desgarrador como sincero constantemente atravesado, claro, por aquel 13 enero de 2013.

Guasch hubiera agradecido una nota que no tuvo. Tal vez por ello ha acabado siendo escritor, y “Reliquia”, por haber encontrado una voz que ya no busca impresionar, sino exorcizar desde una belleza libre de toda ampulosidad con una prosa emotiva que no es exhibicionista aunque no esconde nada ni busca el abrazo (y por eso lo consigue), es su mejor obra hasta al momento. ∎

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