Que un semanario cumpla un siglo, como fue el caso de ‘The New Yorker’ en 2025, es una anomalía en el panorama mediático. Que uno de los pivotes principales de ese mismo semanario sea su apartado artístico es un milagro. Erigido como uno de los pilares del progresismo en los Estados Unidos, baluarte del periodismo de investigación y casa de las más prestigiosas firmas literarias en lengua inglesa, ‘The New Yorker’ ha sido cobijo de algunos de los más grandes dibujantes del siglo XX y del XXI, desde el rumano-estadounidense Saul Steinberg (1914-1999) al francés Sempé (1932-2022), pasando por los españoles Mariscal (1950) y Gallardo (1955-2022) o el estadounidense Chris Ware (1967). Con un criterio artístico exquisito, tradicionalmente se ha entendido que ‘The New Yorker’ es un refugio para aquello que hemos convenido en llamar “humor inteligente”, aunque en sus páginas hayan publicado practicantes de lo macabro como Charles Addams (1912-1988) o maestros del costumbrismo picantón como Peter Arno (1904-1968). Sin embargo, desde 1978 hasta hoy mismo, la reina absoluta de las viñetas de la revista es una dibujante inclasificable, dotada de una voz única, heredera directa de algunos de los integrantes del name dropping con el que hemos ido salpicando esta crítica (perdón) y, a la vez, creadora de un desternillante universo propio: hablamos de Roz Chast (Nueva York, 1954), cuyas viñetas de humor gráfico aparecen traducidas por primera vez al español en “Teorías para todo. Viñetas Seleccionadas” (2008; Libros Walden, 2025, traducción de Manuel Moreno).
El único trabajo publicado en nuestro país de Chast hasta este “Teorías para todo” había sido su novela gráfica “¿Podemos hablar de algo más agradable?” (2014; Reservoir Books, 2019), cimentada en la relación con sus padres en los últimos días de sus vidas. Dicho así, podríamos pensar que se trata de otro torturado examen de conciencia de una hija arrepentida de la gestión emocional con sus progenitores, salvo que debemos sustituir “torturado” por “divertido”. Porque si algo es Chast, es divertida. Una observadora de la realidad muy inteligente y sensible, pero, sobre todo, una dibujante tronchante.
La editorial Libros Walden salda la deuda pendiente con Chast y presenta esta estupenda recopilación de viñetas y páginas de humor, cuyo material se extrae de “Theories Of Everything. Selected, Collected And Health-Inspected Cartoons By Roz Chast 1978-2006” (Bloomsbury, 2008), una selección de su trabajo en la mencionada ‘The New Yorker’ y otras revistas. Y, ahora sí, vamos a hablar del libro (perdón de nuevo, esta vez por la tardanza).
En orden cronológico de publicación, Chast nos presenta en historietas de una página todo tipo de ansiedades urbanitas, madres pasotas, planteamientos de ciencia ficción de bajo presupuesto, relaciones familiares, chistecillos literarios... Haciendo honor al nombre del volumen, el campo de trabajo de Chast es ese “todo” genérico que preocupa a los habitantes del mundo moderno, cuya salud mental se tambalea peligrosamente sobre el alambre de un funambulista. Para ello, la dibujante recurre a imaginativas composiciones de página que simulan libros, portadas de revistas inexistentes, tests hilarantes, mapas majaretas o manuales de instrucciones chiflados. El dibujo de la neoyorquina es mínimo pero exacto, conformado sobre papel, plumilla, aguadas y acuarelas, con una caricatura eficaz y expresiva, gestionada con los recursos justos y ejecutada con un propósito principal: hacer reír. Chast es una humorista soberbia que trasciende el escenario neoyorquino para llegar a cualquier tipo de lectora o lector. De postre, una pieza de dos páginas que homenajea al ya mencionado Charles Addams. Recomendado para todas aquellas personas inteligentes que disfrutan con el humor, ya sea inteligente o rematadamente tonto. ∎