Antes de la autocensura del comic book estadounidense vía Comics Code Authority (1954), la editorial EC Comics fue una de las más prestigiosas. Bajo la etiqueta “New Trend”, publicó varias cabeceras corales, con los géneros estrella del terror y la ciencia ficción. Con la dirección de Bill Gaines (1922-1992) y la coordinación de Al Feldstein (1925-2014), también encargado principal de los guiones, un plantel de excelentes dibujantes dieron forma a revistas de gran calidad. Publicaciones como “Tales From The Crypt” (1950-1955) o “Weird Science” (1950-1953) ofrecieron un cómic que buscaba un lector un poco más maduro que el habitual infantil, y que mostraba una visión de la humanidad no muy optimista. Pero también fueron un espacio para que los artistas pudieran cultivar un estilo propio, desde el respeto a su condición de autores.
“Two-Fisted Tales” (1950-1955) es una de sus series más originales. Con 24 números en total, estaba dedicada al género bélico y era responsabilidad de otro de los grandes valores de la editorial: el talentoso Harvey Kurtzman (1924-1993), el cerebro detrás de la mítica “MAD” (1952-2019). Diábolo Ediciones la está publicando en España, como el resto de material de EC, en una edición que constará de cuatro volúmenes, con traducción de Santiago García y Alfonso Bueno, que respeta la estructura original de las revistas y hace un buen trabajo con la reproducción del color, originalmente de estupendos coloristas como el propio Kurtzman o Marie Severin (1929-2018).
Kurtzman seguía el modelo EC de revista colectiva con cuatro historias de entre cinco y siete páginas, y contó con sus mejores dibujantes: Jack Davis (1924-2016), John Severin (1921-2012), Johnny Craig (1926-2001), Bill Elder (1921-2008) o Wally Wood (1927-1981). Sin embargo, se alejó desde el principio del estilo de Feldstein, más “literario”, con prolijos textos de apoyo y un final con giro sorpresa, a menudo macabramente irónico. Kurtzman prefería dejar que el dibujo llevara el peso narrativo, con resultados muy modernos. Lo cual también se debe a la aportación de artistas en la plenitud de sus carreras, casi todos en la treintena, que dibujaban sobre los bocetos del propio Kurtzman. Craig, Severin o Davis practicaban un dibujo influido, sobre todo, por un maestro de la tira de prensa como Milton Caniff; en “Two-Fisted Tales” se mostraban más naturalistas que en las cabeceras de horror, donde podían permitirse ser más grotescos y “grandguiñolescos”.
Lo más interesante de la serie se encontraba en las historias que abordaban conflictos del siglo XX. Kurtzman tuvo la ambición de ofrecer relatos veraces, siempre basados en fuentes, con una intención documental. Se trata de una de las primeras ocasiones en las que el comic book se utilizaba para dejar constancia de hechos contemporáneos. Con tanto rigor que, en justicia, puede reconocerse como un precedente del cómic periodístico actual.
Aunque encontramos piezas ambientadas en la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), la vocación documental es especialmente clara cuando Kurtzman aborda la guerra de Corea (1950-1953), un conflicto contemporáneo a la propia serie. Kurtzman y su equipo lo “cubrieron” contando sucesos reales, que a veces les relataban los propios protagonistas. Así, en “Luck!” (Kurtzman, Severin y Elder, 1952) –los títulos en esta edición se mantienen en su rotulación original en inglés– se informa de que fueron soldados que habían vuelto de Corea los que les contaron la historia. El cuidado por los detalles es evidente, y resulta revelador comprobar que los lectores, a veces militares, escribían cartas para corregir algunos errores; también para pedir mayor variedad en las historias, quejarse de que todas acababan mal… o agradecer el tono realista.

Las primeras entregas evidencian el ensayo y error inherente a las series de EC, y ofrecen contenidos variados, relacionados con diferentes épocas. Kurtzman ofrece piezas de ficción histórica como “Conquest” (1950), sobre los horrores de la conquista de América, y pueden encontrarse algunas colaboraciones de Feldstein, quien luego se mantendrá al margen de la serie. Leemos la primera historia sobre Corea, “War Story!” (Kurtzman, Severin y Elder, 1951), que se sitúa en los primeros compases del conflicto, tan solo medio año antes de su publicación. Es un relato amargo, en el que el odio al enemigo se vuelve en contra de un soldado americano. El tono seco se adapta a su intención de contar “la inhumanidad del hombre con el hombre”. En este tomo se encuentra además uno de los mejores relatos de Kurtzman como autor integral en torno a Corea, “Kill!” (1952), que asume el doble punto de vista de soldados de ambos bandos, y que termina en una lucha sucia que provoca sus muertes.

Al contener seis números publicados durante el clímax de la guerra de Corea, este tomo se centra en reflejar su actualidad con precisión y urgencia por concienciar sobre sus horrores. Contiene la recordada historia de Kurtzman “Corpse On The Imjin!” (1952), que cuenta la desesperada y patética lucha entre un estadounidense y un coreano, desplegada con un ritmo angustioso y un dibujo radicalmente expresivo. Lo mismo puede decirse de “Rubble!” (Kurtzman, 1952), su intento más sincero y logrado de ponerse en la piel del “enemigo”. “Korea!” (Kurtzman y Davis, 1952) supone, de hecho, un alegato por sus derechos humanos, con un soldado enfrentado a sus camaradas por salvar la vida de un prisionero. Kurtzman parecía ser consciente de que la limitación de espacio impedía la profundización, de manera que decidió ofrecer “monográficos”, números en los que las cuatro historias trataban el mismo tema y conformaban una especie de “protonovela gráfica”. El primero se centra en la toma del embalse de Changjin durante la guerra de Corea.

Para cuando la contienda encaraba su tramo final –“¡la guerra de Corea se ha enfriado!”, leemos al comienzo de “Bunker!” (Kurtzman y Estrada, 1952)–, la serie deja atrás su crónica y su época más relevante. Los contenidos se vuelven más variados, abunda la ficción histórica centrada en épocas lejanas, en algunas de las cuales Wally Wood aporta un saludable punto de caricatura, y se suman aportaciones de dibujantes como Gene Colan (1926-2011) o Joe Kubert (1926-2012). Kurtzman dejó de producir historias en solitario, centrado en la nueva revista satírica de la editorial, “MAD”, lanzada en octubre de 1952. Pero este volumen tiene aún historias tan potentes como “Lost Battalion!” (Kurtzman y Craig, 1952), ambientada en las trincheras de la Primera Guerra Mundial. Lo más sorprendente, sin embargo, es encontrar una historieta sobre la bomba atómica de Nagasaki, “Atom Bomb!” (Kurtzman y Wood, 1953), una pieza sobresaliente, con una aproximación gráfica casi vanguardista, que representa la explosión en un blanco rotundo contrastado con masas de negro, recordando al estilo de lo que Frank Miller convertiría en un rasgo distintivo de su “Sin City” (1991-2000). En ella se muestra a los japoneses sin estereotipos, y si bien no se menciona quién lanzó la bomba, el mero hecho de mostrar sus atroces efectos empatizando con las víctimas resulta notable, ya que se trata de uno de los primeros cómics en lidiar con ello en Estados Unidos; los primeros en Japón no llegarían hasta un poco más tarde, a partir de 1957 con “Hoshi wa miteiru” (“La estrella está mirando”) de Kazuhiko Tanigawa. ∎