Álbum

A$AP Rocky

Don’t Be DumbRCA-Sony, 2026

“Don’t Be Dumb” –con portada a cargo de Tim Burton– es el primer álbum de A$AP Rocky en ocho años. Su predecesor, Testing (2018), fue recibido como un experimento más estimulante en la teoría que en la práctica, muy lejos del impacto de Long.Live.A$AP (2013), el debut que lo consolidó como figura central del hip hop neoyorquino. Desde entonces, Rakim Athelston Mayers ha estado en todas partes menos en los discos: pasarelas, campañas de moda, alfombras rojas, titulares por su relación con Rihanna y una vida pública tan cuidadosamente estilizada que a ratos parecía una obra en sí misma.

No ayudó que, en paralelo a “Testing”, Rocky presentara “Lab Rat”, una pieza de performance en Sotheby’s Nueva York en la que se exhibía dentro de una caja de cristal, vestido con un mono naranja de Calvin Klein y sometido a varias pruebas físicas (los experimentos en cuestión: hincharse a perritos calientes). La metáfora era demasiado explícita: el artista convertido en objeto premium, observado y rentabilizado en tiempo real. Visto con perspectiva, aquel gesto funciona casi como un tráiler involuntario de la década siguiente de su carrera: más presencia como producto que como músico. Entremedias, la A$AP Mob se fue deshilachando y Rocky desplazó el centro de gravedad de su identidad pública: menos rapero, más icono aspiracional.

Con “Don’t Be Dumb”, la pregunta no era solo si Rocky podía volver a hacer buena música, sino algo más incómodo: si todavía le importaba lo suficiente como para intentarlo. El disco no borra del todo esa duda, pero sí actúa como corrección de rumbo. Sin embargo, no es un regreso triunfal. Más bien, suena a demo con presupuesto de blockbuster: trap oscuro, guiños a Memphis, rap de estadio y alguna excursión indie.

“ORDER OF PROTECTION” abre el disco con la plantilla clásica de comeback: batería trap, tono solemne, un discurso que viene a decir “sigo aquí”. “HELICOPTER” y otras canciones de rap más directo (“NO TRESPASSING”, “STOP SNITCHING”) funcionan porque recuperan el Rocky que se divierte con un poco de violencia: bajos gordos, frases con mala leche, flow de rapero clásico. El problema llega cuando el concepto se come a la canción: “STFU” es brillante como idea pero irregular en ejecución, y “STOLE YA FLOW” funciona como un ajuste de cuentas dirigido (aunque nunca nombrado) a Drake, eficaz como pulla pero insuficiente en el sonido. Así, es en sus composiciones más experimentales donde la irregularidad se percibe con mayor claridad: “PUNK ROCKY” no falla por llevar guitarras, sino por rozar lo genérico; y “AIR FORCE (BLACK DEMARCO)” vive de un collage entre 100gecs y el indie de los dos mil.

Donde el álbum gana peso es cuando la rareza tiene un resultado coherente: “ROBBERY” con Doechii, con su jazz-rap teatral, es de lo más destacable del disco. “THE END” apunta alto en lo político y lo social, aunque a veces suene más a enumeración que a discurso. De este modo, “Don’t Be Dumb” no es el gran statement esperado: es Rocky acertando fuerte cuando vuelve a su zona y perdiendo puntos cuando se prueba demasiados trajes a la vez. ∎

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