Álbum

aja monet

the color of raindrink sum wtr, 2026

En 1970, The Last Poets imaginaban en “When The Revolution Comes” a parte de la población negra esperando la revuelta por televisión. Un año después, Gil Scott-Heron respondió que la revolución no sería televisada: para verla había que levantarse del sofá y entrar en la historia. Más de medio siglo después, aja monet continúa esa tradición antirreaccionaria. Formada en el slam del Nuyorican Poets Café –en 2007 fue la persona más joven en ganar su Grand Slam–, entiende la revolución como una práctica cotidiana.

“the color of rain” parte de una sospecha incómoda: en una época gobernada por algoritmos y economías de la atención, el arte también puede funcionar como herramienta de obediencia. Monet intenta devolver a la cultura su capacidad de producir conciencia. Recurre al jazz, la poesía y el surrealismo para representar una realidad absurda. Lo alucinado cumple aquí una función política –insiste la poeta–: ofrece imágenes para explicar sistemas que el lenguaje realista apenas alcanza a describir.

Esa relación entre improvisación y conciencia política ya estaba presente en su poemario “My Mother Was A Freedom Fighter” (Haymarket Books, 2017). Con versos sin mayúsculas y una métrica en staccato, monet enlazaba el East New York de su infancia con una lectura internacionalista de la opresión. El poema titular resonó en la Marcha de las Mujeres de Washington y recibió el reconocimiento de Angela Davis. Allí ya aparecían la pulsión rítmica y una concepción del poema como testimonio: nombrar las condiciones de vida y anticipar aquello que debería cambiar.

“the color of rain” amplía el campo abierto por “when the poems do what they do” (2023). Aquel debut, producido junto con Chief Adjuah, conservaba la proximidad de un recital de spoken word. En el nuevo álbum, producido por monet con Meshell Ndegeocello y Justin Brown, la arquitectura se ensancha con Georgia Anne Muldrow, Novena Carmel, Vic Mensa, Mick Jenkins y la solvente arpista Brandee Younger. La lista apunta hacia una idea de comunidad, aunque, insinúa, los nombres no bastan para construirla.

El jazz continúa siendo la base, pero ahora convive con soul, funk, electrónica y hip hop. La clave está en la voz. Monet ya no coloca poemas sobre la música: canta, tararea, dobla registros, estira sílabas, rompe el pulso y deja que el fraseo dialogue o se disuelva dentro del conjunto. Palabra e instrumentación forman un mismo tejido. Esa concepción la acerca a una tradición vocal de vanguardia, de Patti Waters a Laurie Anderson, donde respiración, distorsión y silencio también forman parte de la composición.

El resultado es musicalmente irregular. La amplitud de recursos no siempre encuentra una forma igual de precisa y, en algunos pasajes, la densidad conceptual termina imponiéndose a la instrumentación. El álbum alcanza sus picos cuando la música complica el mensaje. “hollyweird” es el ejemplo más logrado: sintetizadores nerviosos, percusiones mutantes y metales cortantes convierten Los Ángeles después de los incendios de 2025 en una pesadilla de celebridad, privilegio e indiferencia.

“say it with your chest” abre como una llamada a hablar con todo el cuerpo sin esconder la voz, “elsewhere” (dedicada a Sly Stone) utiliza el groove como reivindicación cultural y “for the Congo” se sostiene en una percusión polirrítmica que obliga a fijar la atención. “love is a choosing” plantea el amor como una decisión sostenida en actos de cuidado a los demás.

La canción que mejor resume el álbum es “working class musicians”. Sobre palmas, percusión imprevisible y un contrabajo elástico, monet formula una denuncia que, de manera paradójica, suena luminosa. La primera línea contiene toda la ambivalencia del proyecto: “Though it be a labor of love, a labor it is”. El amor por el oficio no paga vuelos, hoteles, impuestos ni horas de espera.

La caribeño-americana llama a ese sistema “late-night club capitalism”: una economía nocturna en la que promotores, agencias, salas y marcas aseguran sus ingresos antes de que el músico haya cubierto el viaje. La vieja imagen bohemia de la noche deja paso a una jornada laboral sin convenio. Tocar en otra ciudad significa atravesar fronteras y someterse a la vigilancia de las fuerzas de seguridad como miembro de una clase trabajadora internacional cuya movilidad depende de visados y documentos.

La precariedad tampoco afecta a todos por igual. Monet habla desde su experiencia como mujer negra al frente de una banda: promotores, agentes y músicos que cuestionan su liderazgo, la toman menos en serio o le exigen más dinero que a colegas hombres. La explotación económica se cruza con una jerarquía racial y patriarcal que la industria prefiere tratar como incidentes aislados.

“working class musicians” señala otra hipocresía: los artistas sirven para aportar prestigio a marcas, causas e instituciones, mientras sus propias condiciones materiales rara vez entran en la agenda. La industria quiere su imagen y su capacidad de convocatoria; el salario, el agotamiento y la inseguridad laboral pertenecen a otra conversación.

La alegría formal de la canción no debe confundirse con optimismo. Monet la plantea como testimonio. Su energía nace de seguir trabajando dentro de unas condiciones que describe sin embellecer. Frente a la apatía de las pantallas, reivindica la “ceremony of now”: el concierto como un lugar donde la presencia exige compartir tiempo, riesgo y atención.

Monet afirma que escribiría aunque nadie escuchara. Al citar a Seun Kuti y reclamar una revolución cultural en la música en vivo, sitúa su trabajo en una tradición afro-diaspórica, anticolonial y comunitaria. “the color of rain” no mantiene siempre el equilibrio entre palabra y música: sus pasajes menos logrados ilustran ideas ya formuladas, mientras que los mejores permiten que la percusión, la electrónica y la voz produzcan un sentido nuevo. No promete un futuro liberado; examina las condiciones para empezar a construirlo. Como Scott-Heron, sabe que la revolución no es un acontecimiento lejano: ocurre en cualquier lugar. No pertenece a un porvenir abstracto. ∎

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