Una de las mejores noticias del pasado 2025 fue la resurrección de Tito Pintado como anti con el EP “en américa”, complementado poco después con “su electrónica”, su versión remix (con aportaciones de Hidrogenesse, Encanto y Memorabilia), porque volvió a dejar claro (y meridiano) que al ex Penelope Trip y ex-Telefilme (como a Ibon Errazkin o a David Rodríguez, por ejemplo) hay que darle de comer aparte en el ¿banquete? del pop independiente hecho aquí.
El largo silencio del gijonés –su anterior largo, el segundo, “antiaventura”, está fechado en el lejano 2009; inolvidable su portada con fotograma de “Las margaritas” (1966) de Vera Chytilová, uno de los filmes más pop e iconoclastas de todos los tiempos– se rompe en largo con este “vendedor ambulante de estrellas va por la avenida de espuma de mar” que, ya desde el título, es un verdadero ovni musical en un mundo dominado, según dice él mismo, por “triunfitos y artistas urbanos llena-wizinks que parecen creados por una IA”. Razón no le falta, por supuesto, y su contrataque es una nave espacial de electrónica de bajo presupuesto (y a mucha honra) que va disparando verdaderos correos cósmicos rellenos de melodías de caramelo y delays oníricos. “Me moriré siendo infantil”, dice en, ejem, “infantil”, uno de los hits del disco, una pieza de pop perfecto con su tintineo como de videojuego vintage y su sample de patio de colegio. También afirma en la maravilla de “el cantante” –su muy particular homenaje al universo cultural de la India; vídeo aquí– que “yo no sé de economía, solo sé hacer melodías”, y no seré yo quien le contradiga.
En “su electrónica” –variante del corte del EP de remezclas– se alía con Luis de Espanto/Encanto y ambos crean un paisaje de ambient gaseoso que parece flotar sobre una comuna olvidada del Düsseldorf de los años sesenta, mientras que “banda del mar” chapotea entre los cables y botones del Radiophonic Workshop de la BBC –también en “delia”, clara reverencia a la visionaria Delia Derbyshire– y Broadcast, y “palmeras” es una (gran) apropiación del tema que ponía broche a “Rea” (2014) de Single.
Entre los casi siete minutos de “tokiorma” y los seis de “la canción de la guerra” –apertura y cierre–, el tercer álbum de anti es ese extraordinario y excéntrico pulpo en el garaje del conformismo y la despersonalización. Un sueño pop de un Tito que no se resigna a vivir de las sobras de cenas recalentadas. Maravilloso. ∎