Álbum

Baby Rose

YEARNALISMSecretly Canadian-Popstock!, 2026

Jasmine Rose Wilson, el nombre detrás de Baby Rose, convierte el deseo en el hilo conductor de su nuevo disco. Según ha explicado ella misma, “YEARNALISM” –su tercer trabajo de estudio tras “To Myself” (2019) y “Through And Through” (2023)– documenta el anhelo de libertad, amor, paz o expansión personal, partiendo de la idea de que desear es una prueba de que seguimos vivos. Después de colaborar con el premiado Leon Thomas en “I Used To”, incluida en “MUTT” (2024), también se ha asomado al cine aportando dos canciones a la banda sonora de “Materialistas” (Celine Song, 2025), donde aparece brevemente como cantante en una boda. En la portada sostiene un micrófono de aire clásico, una imagen en consonancia con un álbum que recupera procedimientos de grabación tradicionales sin quedar atrapado en la nostalgia. Es un disco clásico en sus materiales, muy moderno en su ansiedad afectiva y completamente suyo gracias a una voz que puede sonar centenaria, frágil y tremendamente presente dentro de la misma canción.

El epicentro del LP es, invariablemente, su garganta. Ese registro de contralto, grave y áspero, se despliega aquí con inteligencia de veterana. Baby Rose sabe cuándo contenerse, dejando que un suspiro o una nota a punto de romperse hablen por sí solos. La producción conserva el pulso de una banda tocando en la misma habitación: batería y bajo se registraron juntos, mientras buena parte de las voces procede de primeras o segundas tomas. Durante la posproducción, las pistas se hicieron pasar por cinta para dar cohesión al conjunto sin pulir en exceso las interpretaciones originales. El Echoplex y la reverberación EMT 250 contribuyen a esa calidez, una forma de trabajar que prolonga el aprendizaje de “Slow Burn” (2024), su estupendo EP junto a BADBADNOTGOOD. El único reparo, si es que puede llamarse así, aparece en el ecuador, cuando la concentración de canciones pausadas vuelve el recorrido algo más uniforme. Baby Rose compensa esa falta momentánea de contraste modulando cada interpretación hasta mantener la tensión.

El repertorio recorre distintas maneras de anhelar: el doloroso desapego de “Let Me Go”, resumido en la petición más sencilla —“If you love me, let me go”—; la socarronería ácida de “When I’m Gone”, despachando a un amor traicionero con “Might fuck around, make me raise my standards”; o la decepción de “But, Nvm”, que vuelve una y otra vez sobre “Gave you all my love... But nevermind”. Baby Rose tampoco convierte la distancia en una pose de autosuficiencia: se permite necesitar cosas abiertamente y asumir que marcharse no siempre borra el deseo.

La crudeza interpretativa encuentra su mejor encaje cuando la instrumentación acompaña las dudas en lugar de resolverlas. Ocurre de forma brillante en “Friends Again”, el rencuentro con Leon Thomas que ya comentamos aquí. Grabada en directo, con Baby Rose al piano, la canción deja que las voces se acerquen y se retiren sobre una base contenida, como dos personas intentando averiguar qué queda después de haber cruzado un límite. El estudio permanece dentro de la toma: se perciben las filtraciones entre los instrumentos, las respiraciones y esa ligera inestabilidad que ninguna producción posterior habría mejorado. El final hablado evita el gran golpe dramático y suena a una conversación que se ha quedado sin argumentos.

Pero reducir “YEARNALISM” a un catálogo de decepciones amorosas sería pasar por alto su verdadera amplitud. El disco encuentra su centro de gravedad en “Sunday”, un corte luminoso y expansivo que oxigena el repertorio desde la calma doméstica y el refugio que representa la casa de su madre. Esa mirada hacia el exterior cobra aún más sentido en “All My Love”, nacida alrededor de una conversación con una desconocida en un tren y convertida en una invitación a compartir afecto y comprensión. El círculo se cierra con “Jasmine’s Sonnet”, un epílogo dirigido a su yo más joven donde las heridas abiertas, la resistencia y el regreso a la calma terminan dejando paso al amor.

Al final, la mayor virtud de estos doce cortes de “YEARNALISM” es su empeño en sonar vivos. Se alejan del mero ejercicio de estilo retrospectivo para formar una colección de canciones que asume las contradicciones del presente. Con sus pequeños valles rítmicos y sus enormes cimas emocionales, Baby Rose deja un trabajo terrenal en el que el soul vuelve a servir para su propósito original: intentar comprender por qué nos importa tanto estar aquí. ∎

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