Lo ha contado en la reciente entrevista concedida a Miguel Ánguel Bargueño con motivo de la publicación de su cuarto álbum en solitario, “The Mirror”: Buck Meek considera la canción como un lugar seguro en el que, a su vez, escribir de manera personalísima. Es curioso: juntar la sensación de protección con la exposición que, no nos engañemos, resulta un deporte arriesgado en las relaciones humanas. El guitarrista y compositor disfruta de un arma de doble filo. Por un lado está el privilegio de ser escuchado como miembro de la banda que, con casi total probabilidad, mejor ha traducido el rock de raíces profundas a la contemporaneidad y sus complejidades, Big Thief (uno de esos grupos definitivos, surgido en los últimos tiempos). Esa posición lo beneficia. ¿Que se le mira con lupa? También. Él mismo se sabe observado, y lo asume en su proceso creativo, como explica en la citada entrevista. Escribir una canción que no sea para otros, canta en “Heart In The Mirror”, una de las composiciones que mejor rollo dan de las incluidas en el cuarto trabajo del artista, segundo para la escudería 4AD.
Coproducido con otro de los fundadores de Big Thief, James Krivchenia, es un disco grabado dentro de una comunidad artística amplia y engrasada: en él intervienen Adrianne Lenker (coros), Adam Brisbin y Ken Woodward (guitarrista y bajista habituales de Meek), Jesse Quebbeman-Turley, Alex Somers (quien se ocupa de la parte ambiental, que no es ni mucho menos menor en el conjunto), Kyle Crane, Jonathan Wilson, Stacy Foster (coros) o la arpista Mary Lattimore. Conviviendo con la comunidad musical como si se tratara de una familia funcional, completada además con la esposa actual de Meek, Germaine Dunes –comparte grupo con ella, Kisser–, y su hermano (Dylan Meek).
Arropado, pues, por su gente, el músico se muestra a calzón quitado, y perdón por la expresión, en cortes como “Can I Mend It?”, donde un verso golpea la visión feliz que podamos tener de un tipo tan sonriente, siempre: “Last night, I lost my temper and punched the wall / I think I broke a finger and broke your heart”. Antes, nos sumergimos con interés en ese arranque ceremonial, coral y galopante que es “Gasoline”, con una banda lista para la liturgia colectiva; contrasta de manera extraordinaria con el epílogo happy del tema que cierra el álbum, “Outta Body”.
En “Demon” –firmada a medias con Lenker– afloran detallitos electrónicos que musican historias de contradicciones y contrastes: “My demon is my darkness, and my darkness is my angel / I taught him how to read, now I’m teaching him to write”. Mientras que en “Soul Feeling” es Krivchenia quien realiza su aportación, en un corte donde quizá se note un poco el peso de la banda madre (que, como buena madre, abraza pero no estrangula); se atisba igualmente en piezas como “Pretty Flowers” o en la muy romántica “Ring Of Fire”. Ya en “Déjà Vu” el sonido se va espesando, con guitarras con el punto exacto de estridencia: al fin y al cabo, él mismo lo dice, el rock’n’roll corre por su sangre texana. Pero esto es por encima de todo folk pasado por varias vueltas, delicado a la par que absorbente, al servicio de un Meek dispuesto a encontrarse consigo mismo, ironía mediante, con el objetivo de devolvernos una imagen más completa de él como artista. ∎