Apenas ha pasado un año desde que este triunvirato de ases nos regaló su debut homónimo, “Butler, Blake & Grant” (2025), y ya los tenemos otra vez aquí. Para quienes anden un poco despistados o tengan la memoria mermada por los excesos, conviene recordar el pedigrí de la tropa: Bernard Butler, el guitarrista que inventó el sonido de Suede antes de que el britpop fuera una etiqueta de supermercado; Norman Blake, el corazón melódico de Teenage Fanclub, patrimonio de la humanidad, y James Grant, la voz de terciopelo que capitaneó a los infravalorados Love & Money. Juntos forman una suerte de Crosby, Stills & Nash del siglo XXI, una anomalía maravillosa en estos tiempos de prisas y Auto-Tune.
Este nuevo asalto, “Murmurs” se aleja del material inédito para meterle el bisturí a sus respectivos catálogos personales. El invento nació de pura carambola: grabaron un par de descartes para una promoción y, al ver el resultado, Butler plantó bandera: “¿Por qué vamos a regalar esto si suena de vicio?”. Dicho y hecho. Se encerraron en el comedor de Norman Blake, que no tiene estudio ni, por lo visto, calefacción, con un ordenador sobre la mesa y sin cascos. Grabaron a pelo para capturar esa química de salón, algo que ellos, más que nadie, pueden permitirse por eso de no tener que demostrarle nada nuevo a nadie.
En lo musical, esto es un festín de costuras a la vista donde cada uno ha aportado tres piezas de su herencia. El arranque con “People Move On” (incluido en el álbum de Bernard Butler “People Move On”, 1998) ya nos pone en situación: una lectura inquietante y desnuda que marca el tono del disco. Pero es en “Dark & Lonely” donde el trío saca a pasear la psicodelia: un tema que apareció originalmente como bonus track (“Shadows”, 2010) de los Fanclub y que aquí muta en una pieza de folk-rock psicodélico donde Butler hace diabluras con la eléctrica. Por su parte, “Winter”, de Love & Money (“Dogs In The Traffic”, 1991), es, sencillamente, para quitarse el sombrero. Estamos ante una pieza donde la voz de James Grant brilla con una pureza casi dolorosa mientras entona eso de: “In the beauty of the storm, I wither / You could crack this stony sky with a single burning kiss”.
Hay valentía en cómo Butler despieza su propio hit “Not Alone” (“People Move On”, 1998). Le ha quitado toda la parafernalia orquestal de los noventa para dejarla en los huesos. A los puristas les puede chirriar el invento, pero escuchándola así, tan frágil y autobiográfica, la letra se vuelve mucho más real. Tampoco se queda atrás la revisión de “Planets” con Norman Blake (del mítico álbum de Teenage Fanclub “Songs From Northern Britain”, 1997), convertida en una balada escapista ideal para teletransportarse a las Highlands escocesas sin salir del sofá.
Incluso se atreven con material ajeno en “Me & Magdalena”, un tema que Ben Gibbard de Death Cab For Cutie escribió para el regreso de The Monkees con “Good Times!” (2016), y que aquí hacen suyo con unas armonías que son pura orfebrería. El cierre con “Does It All Add Up To Nothing” (“My Thrawn Glory”, 2000) es otra delicia, donde James Grant, esta vez de su etapa solista, recupera unos arreglos de cuerda que tenía guardados de una sesión con la Orquesta de Praga para así darle al disco un final por todo lo alto.
Aún tenemos fresco –noviembre 2025– el recuerdo de su paso por nuestras salas hace nada, donde ya nos adelantaron algunos temas de este repertorio. Ver a estos tres maestros pasándose el testigo con esa complicidad casi insultante fue, sencillamente, inmortal. Para los coleccionistas, ojo al dato: el vinilo plateado dio problemas de ruido en fábrica y lo han sustituido por un “gris ceniza” muy elegante. Y si eres de los que buscan la pieza de museo, existe una edición en vinilo transparente con una portada alternativa en verde que es, sencillamente, una delicia visual. En definitiva, esta es una obra hecha por y para nostálgicos con el corazón blindado, un trabajo que supura amor incondicional por el oficio de hacer canciones. Al final, es irónico que un disco grabado en una casa congelada y con los jerséis puestos desprenda tanta calidez humana. Solo esperamos que si se animan con el volumen tres calienten un poco el salón, no sea que el proyecto acabe mutando en un tratado sobre la hipotermia. ∎