CAN fue uno de los grupos básicos de los desprestigiados (¿por qué?) años setenta. En eso, muchos estamos de acuerdo. La atemporalidad de su música es uno de sus grandes atributos. Ahora, con el disco de regreso,
“Rite Time”,
la siguen manteniendo. Suena casi igual que los anteriores trabajos de CAN, y esto, que en otros grupos sería señal de estancamiento, deviene sólida virtud: once años después de su separación, vuelven por los mismos fueros y su música continúa siendo más que innovadora. Ya entonces revolucionaron. Al iniciarse los noventa siguen haciéndolo. Clásicos y modernos al mismo tiempo.
Su estela no ha sido continuada, pero sí se ha seguido, con respeto, su rastro (The Fall tienen una canción titulada “I Am Damo Suzuki”; Jesus & Mary Chain realizaron una excelente versión de “Mushroom”; el primer bajista de PIL, Jah Wobble, viene colaborando regularmente con Holger Czukay desde 1981). Y “Rite Time” revalida la grandeza de una obra que se detuvo en 1978, aunque durante estos años el espíritu de CAN se ha mantenido activo, y tentacular, gracias a los experimentos de Czukay, las bandas sonoras de Irmin Schmidt, el trabajo de Jaki Liebezeit con su Phantom Band y ese extraordinario disco de Michael Karoli que es “Deluge” (1984).
“Rite Time” fue grabado en diciembre del 86 en Outer Space, el estudio que tiene Karoli en Niza; durante el 88 fue remezclado por Karoli, Czukay y el fiel René Tinner en los estudios que conservan CAN en Weilerswist; en el transcurso del 89, Czukay se dedicó a pulirlo en su laboratorio de Colonia. Su existencia no presupone una reunión continuada del grupo, aunque se especula con una serie de conciertos para presentar al elepé. Siete espléndidos temas lo conforman: el cadencioso reggae
“On The Beatiful Side Of A Romance”, el más juguetón
“The Withoutlaw Man”,
“Below This Level (Patient’s Song)” y
“Movin’ Right Along” (los dos que conectan con algunos discos de Czukay), el reposado
“Like A New Child”, el frenético aunque encubierto en formato de broma
“Hoolah Hoolah”, y el absorbente
“Give The Drummer Some”. Juntos a los imaginativos bajos y guitarras de Czukay y Karoli (¡ese wah-wah!), los suaves teclados de Schmidt, las ricas percusiones de Liebezeit y los apuntes del dictáfono de Czukay, aparece de nuevo la voz de Malcolm Mooney, el que fuera cantante del grupo en sus primeras grabaciones. Un rencuentro completo. ∎