Mi primer encuentro con
Colleen, el alter ego de la francesa Cécile Schott –nunca he podido preguntarle si su alias es por el nombre de la hija de Terry Riley…–, se remonta a agosto de 2016, en La Casa Encendida, dentro de la programación de La Terraza Magnética. Hacía muchos años que había debutado discográficamente, pero presenciar in situ su directo unipersonal en el que presentaba
“Captain Of None” (2015) me dejó turulato. Desde entonces, ha publicado varios álbumes, con grandes cambios entre uno y otro, pero siempre provistos de sentimiento e imaginación y un sonido característicamente repetitivo que se iba convirtiendo, a cada nuevo paso, en algo más abstracto. También lo es su último trabajo,
“Libres antes del final”, en el que la compositora francesa, afincada en Barcelona desde 2019, prosigue su trayectoria por la música instrumental, en la que empezó, después de cuatro discos consecutivos cantados –entre 2013 y 2021–, y que retomó en
“Le jour et la nuit du réel” (2023).
El título del nuevo disco alude a la decisión que tomó Colleen en 2024 de volver a aprender a nadar después de tres décadas de fobia al agua, un elemento del que, sin embargo, había disfrutado de niña.
“La vista del mar Mediterráneo me hacía sentir esta limitación cada vez con mayor intensidad a medida que pasaban los años”, explica en su web. Sin embargo, el detonante de su atrevimiento de volver a introducirse en el mar se produjo durante una actuación en las Azores, impresionada por la belleza natural del entorno, repleto de delfines, y se dio cuenta de que tenía que
“dejar de poner excusas” y meterse de una vez en el agua, algo que se convirtió en una experiencia reveladora que la impulsó a una vida más física y activa. De hecho, ella considera su duodécimo álbum
“una oda al movimiento, al cuerpo, al agua, a la urgencia; a sanar viejas heridas, superar bloqueos personales y empezar de nuevo”.
En la portada del disco la vemos flotando en un mar en calma, sin tierra a la vista. Y, efectivamente, el disco parece jugar con conceptos como los de flotabilidad, presión, flujo y reflujo. La estructura del LP refleja la inestabilidad del mar abierto, donde la dirección es cambiante y un nadador, pese a lo que pueda parecer, nunca tiene el control total. El título alude, por supuesto, a la muerte, pero ella lo describe como algo que también se relaciona con el proceso de liberarse del sufrimiento innecesario y los obstáculos personales –“be water, my friend”, que decía Bruce Lee en el famoso anuncio televisivo– y cómo desenvolverse en un
“entorno inestable… su incomodidad, las dudas sobre tus capacidades y la realidad de enfrentarte a tus propias limitaciones”.
“Libres antes del final” muestra un sonido sorprendentemente rico y amplio para una configuración tan minimalista. Pese a ser multinstrumentista (de los sintetizadores con que se dio a conocer la hemos visto convertirse, también, en violagambista y percusionista), Colleen ha grabado el disco con un único sintetizador analógico, el Moog Matriarch, y el resultado es una elegante obra de cinco composiciones –y 38 minutos de duración total–, que oscilan entre lo ambient de
“Mis armas se habían caído al suelo”, el breve tema con que se abre el disco, a los sonidos más crujientes de
“Puertas de mi cuerpo”, en el que, condicionado por esas alusiones al mar, uno se imagina un oleaje encrespado, en el que las melodías se transforman del mismo modo en que lo hace el sonido cuando metemos la cabeza en el agua.
El sonido del mar está realmente imitado en el comienzo de
“Aguas abiertas”, aunque lo primordial es que sus composiciones siguen desprendiendo el aura de objetos exquisitos e inescrutables, parientes lejanos de las cajas de música que Colleen utilizó en un disco de hace ya veinte años,
“Colleen et les boîtes à musique” (2006).
De la melancolía de esta pieza, que poco a poco se va iluminando, la composición que da título al álbum y lo cierra, se inicia con unos acordes turbios que van derivando hacia lo distorsionado, transmitiendo una inquietante sensación de angustia. ¿La posibilidad de la muerte, quizá? ∎